Los funcionarios indios, temiendo que la protesta incomode a Pekín y origine un conflicto diplomático, decidieron prohibir a los exiliados abandonar el distrito de Kangra que rodea la ciudad de Dharmsala, donde está la sede del gobierno tibetano en el exilio. La India firma un acuerdo con China en el que reconoce a Tíbet como una provincia china, pero mantiene el estatuto de refugiado del Dalai Lama y de su gobierno en el exilio.