En esta peculiar competición de Tokio no gana el sumo más fuerte, tampoco (aunque la imagen diga lo contrario) el que más miedo dé. Es una tradición que todos los años se celebra frente al templo Sensoji, y en la que se reza por la salud y fortaleza de ochenta bebés nacidos en 2007. Gana el que tenga el llanto más ruidoso.