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Elogio de la cámara lenta

Por fanshawe
Actualizado 08-06-2008 17:58 CET

La imagen más repetida, aún hoy, en las televisiones italianas del pasado Mundial de Alemania de 2006 no es la del capitán Cannavaro levantando la copa, ni el último penalty transformado en la final por Grosso. Para los italianos su imagen del Mundial 2006 no es otra que los ojos de Francesco Totti justo antes de tirar el penalti en el último minuto en los octavos de final ante Australia. La pericia del realizador más el uso inteligente de la cámara lenta convirtió aquel momento en un western digno del mejor filme de Sergio Leone.

Desde que hace ya bastantes años Canal + anunciase orgullosamente el estreno de lo que dieron en llamar "cámara superlenta", el uso de las imágenes ralentizadas en las retransmisiones de partidos de fútbol cambió completamente, no sólo en la técnica sino también, de hecho fundamentalmente, en el contenido. Con la cámara lenta el realizador antes pretendía básicamente observar mejor un gol o dilucidar si un fuera de juego era correcto o no; ahora el objetivo más importante es tratar de analizar qué siente y piensa un jugador sobre el terreno de juego: el futbolista se convierte, involuntariamente, en actor de una película de noventa minutos.

Vi el partido entre Portugal y Turquía parándome a observar detenidamente el uso de la cámara lenta durante la transmisión; el objetivo principal, el protagonista claro a priori, el Clooney de esta historia es, evidentemente, Cristiano Ronaldo. La cámara lo persigue, busca cada detalle de su mirada, de sus gestos: trata de convencer a Simao de que le deje tirar una falta al borde del área pero el jugador del Atlético de Madrid no se lo permite; el protagonista se retira algo ofendido y la cámara capta la mirada de enfado. A la siguiente sí le toca tirar a él: el portero turco la roza y la pelota al palo. La cámara lenta coge un gesto típico del ídolo portugués: ojos cerrados, dientes apretados, cara hacia atrás y los labios dibujando una probable blasfemia. Sin escándalos, todos los futbolistas lo hacen. Más adelante, después del primer gol, un pase en profundidad está a punto de caer en el pie de Cristiano pero se le escapa de un pelo. La repetición se para de nuevo en la cara de estrella del jugador; el mismo gesto de antes pero con una salvedad: ahora los labios sonríen. Las cosas van bien y eso se nota.

Hay todo un subgénero: la repetición de los defensas cuando no se entienden o cuando encajan un gol. Un centro desde la banda derecha de Sarioglu es despejado por Ricardo Carvalho a córner a pesar de no tener a nadie presionándolo. La repetición sobrevuela la jugada para pararse en la cara y el grito de furia de Pepe, su compañero en defensa le responde rabioso que le avise, el portero Ricardo les grita buscando calma a cámara lenta. La retaguardia está en tensión. El propio Pepe es el protagonista de la jugada del gol, pared preciosa y un poco de suerte en el remate. El primer gol de Portugal en la Eurocopa lo hace un defensa central y la imagen ralentizada nos muestra algo que conocemos bien los que hemos jugado alguna vez sabiendo que no somos los llamados a hacer goles: la cara de timidez asombrada del defensa que sabe que estaba donde no debía y las palmadas en la rotunda calva de Pepe por parte de todos sus compañeros que siempre se alegran el doble cuando marca quien no debe. Hasta la alegría parece más eufórica a cámara lenta.

Por último está el lado más dramático de todo esto: las faltas y las lesiones son terriblemente dolorosas para el espectador desde que las vemos a cámara lenta. Ayer el defensa central turco se deslizó por el césped, despacio, anunciando un final fatídico, con la planta del pie levantada buscando la espinilla de Nani. La pierna del delantero se dobla hacia afuera y mientras dura la repetición contenemos la respiración con los ojos achinados, intentando no ver lo que ya hemos visto, como cuando pretendemos no ver algunas escenas en una película de terror. Luego el "replay" termina y vemos a Nani incorporarse, enfadado, y asentimos aliviados. La cámara lenta siempre amplifica el drama y, en el fútbol, mucho más.

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