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Análisis cinéfilo de la selección española

Por george_best
Actualizado 03-07-2008 02:08 CET

Ya han pasado unos días desde la victoria de la selección española en la Eurocopa. Una vez atemperada la euforia es el momento de analizar los hechos. Los futbolistas de nuestra selección han sido, sin duda, los grandes actores del campeonato. Sin embargo, a nosotros nos gusta imaginar a cada uno de ellos como protagonista de su propia película. Vaya desde aquí este sucinto e incompleto análisis en clave cinéfila de los jugadores españoles.

El hombre tranquilo: No es Casillas hombre de nervios. En las circunstancias más críticas conserva el semblante tranquilo, esa cara de ‘aquí no pasa nada’. La tanda de penaltis contra Italia fue la demostración. Mientras a los que estábamos pegados a la televisión no nos llegaba la camisa al cuerpo, el portero de la selección parecía tener la situación bajo control. Y vaya si la tenía. En sus dos paradas a De Rossi y Di Natale empezó a cimentarse el título. En los dos últimos partidos apenas se vio exigido, pero cuando tuvo que aparecer demostró su categoría.

Dos hombres y un destino: Dos hombres, Puyol y Marchena, y un destino: la guillotina. Los centrales eran el punto débil de la selección. Habían hecho una temporada horrible y estábamos preparados para dejar caer la hoja sobre sus cabezas a las primeras de cambio. Su respuesta en el campo, sin embargo, ha sido magistral. Han estado impecables y su figura se ha ido agigantando conforme avanzaba el campeonato. Se atrevieron a permutar el cadalso por la gloria. A la mierda el destino.

El hombre invisible: No hace muchos goles, no da extraordinarias asistencias, las cámaras no le buscan, su camiseta no es la más vendida. Pero ha sido el imprescindible referente en la medular del equipo. La labor defensiva de Marcos Senna ha sido impresionante, otorgando equilibrio al conjunto, y en ataque ha contribuido al maravilloso juego combinativo del medio campo.

El hombre con rayos X en los ojos: Colosal campeonato el de Xavi. Tras una difícil campaña en su club, se ha reivindicado, en el mejor de los escenarios, como uno de los mejores jugadores del mundo. Ha sido el director de orquesta del equipo, buscando en cada momento el ritmo adecuado. Excepcional asistente, cuando recibe el balón ya tiene el siguiente pase en la cabeza. Suyo fue el pase del gol de Torres en la final.

El jinete pálido: Con su escaso metro setenta y su palidez enfermiza, Iniesta da una imagen de fragilidad extrema. Pero cuando uno lo ve sobre el césped trotando cual jinete pálido, gambeteando entre tipos que le sacan veinte centímetros, o buscado con la vista el pase al compañero desmarcado, la aparente fragilidad desaparece y su menuda figura se acrecienta.

Harry el ejecutor: Su nombre no es Harry, sino David. En lugar de un revólver usa sus dos piernas y su cabeza, y como proyectil, en vez de balas, un balón. Pero en el área es igual de inclemente. Villa comenzó el torneo de manera fulgurante y sólo una lesión en semifinales le impidió alcanzar una cifra aún mayor de goles. Una pena, porque le quedaban balas en la recámara. No obstante, ha sido el máximo goleador de la competición con cuatro dianas. Su testigo lo recogió en el último partido Torres.

El hombre que sabía demasiado: Reconozcámoslo: ninguno confiábamos en él. Lo veíamos trasnochado y superado por la situación. Lo criticábamos por aferrase al puesto tras el Mundial, por esa imagen de abuelo jubilado que baja en chándal a dar de comer a las palomas en el parque. Nos incomodaban sus frecuentes salidas de tono. Pero él tenía un plan y estaba dispuesto a llevarlo a cabo. Tenía una confianza plena en si mismo y en su equipo. Nosotros no sabíamos nada y Luis Aragonés lo sabía todo.

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