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Así ha sido el primer día del parricida de Santomera en el psiquiátrico penitenciario

Por SOITU.ES
Actualizado 16-04-2008 21:47 CET

El presunto parricida de Santomera ha ingresado esta mañana en el psiquiátrico penitenciario de Fontcalent, en la provincia de Alicante. Fuentes del centro han asegurado a soitu.es que Ángel Carotenuto se ha mostrado "triste, cabizbajo, lloroso y sin ganas de hablar" a su llegada al centro. Por esta razón, los trabajadores no han podido realizar un análisis exhaustivo sobre la situación psicológica del interno, sobre la que se profundizará en los próximos días.

En todo caso, los responsables de la evaluación del interno han encontrado que existe un alto riesgo de suicidio, por lo que han tomado medidas especiales para prevenir cualquier tentativa. Estas medidas consisten en el internamiento en una celda especial, la cual se encuentra vigilada a través de cámaras durante las 24 horas del día. Así pues, esta medida especial se suma a las que son habituales cuando se detecta un riesgo medio de suicidio, como el hecho de retirar los cordones de los zapatos o el mechero del interno.

¿Por qué estas medidas especiales? Según las fuentes consultadas, el presunto parricida se encuentra aturdido y abatido. Aún no reconoce los hechos, pero está empezando a plantearse qué es lo que ha sucedido. Y, progresivamente, irá tomando conciencia de la situación, por lo que es posible que protagonice algún intento de suicidio. De momento, Ángel Carotenuto ha respondido a la mayoría de preguntas con evasivas, aunque no ha llegado a mostrar en ningún momento una actitud agresiva hacia los trabajadores del centro.

La llegada del interno ha revolucionado en buena medida la rutina del centro. Y es que los trabajadores se han visto obligados a apagar la televisión, ya que, en todos los canales, aparecían imágenes relacionadas con el parricidio, según relatan las fuentes del centro. Entonces, han tratado de evitar que el presunto asesino tomara conciencia de la situación a través del televisor, ya que no se sabe cómo podría haber reaccionado el interno.

El parricida es un viejo conocido en el centro psiquiátrico, uno de los dos únicos de estas características que hay en España (el otro está en Sevilla). Y es que ya fue condenado con anterioridad por sendos delitos de maltrato y amenaza en el ámbito familiar. Entonces, ya estuvo recluido en Fontcalent, donde "no se le recuerdan graves altercados ni problemas" durante sus estancias anteriores, según las mismas fuentes.

Actualmente, Carotenuto ha ingresado en el "módulo de agudos" del centro psiquiátrico, que es donde normalmente se interna a los recién llegados al psiquiátrico, al estar pendientes de estudio, y a aquellos presos que se encuentran en pleno brote psicótico. Además, existe un módulo de enfermería, un módulo para mujeres y tres para hombres (en el que los internos recalan en función de su peligrosidad y su capacidad de adaptación a la vida en el centro).

¿Cómo es la jornada en el psiquiátrico penitenciario? "Es como si fuera un colegio", nos dicen desde Fontcalent. Los residentes tienen visitas al psicólogo y a los médicos (tanto programadas como bajo demanda del paciente), y el resto del tiempo lo pasan "en talleres, en cursos, en el gimnasio o viendo la televisión". Con el tiempo, los internos pueden acceder a salidas terapéuticas del centro. Si el comportamiento es positivo, éstos pueden obtener un informe favorable de los trabajadores del centro, que será remitido al juez antes de que la persona en cuestión cumpla su condena. En función de este informe, el juez debe tomar una decisión sobre qué tratamiento debe seguir el interno a su salida.

Muchas veces, debido a la falta de otros medios, el juez opta por el tratamiento ambulatorio, según el cual el paciente debe acudir a las citas con el psiquiatra del centro de salud que le corresponde. El resto del peso del tratamiento y la vigilancia corre a cargo de la familia. Sin embargo, es muy difícil el seguimiento de esta modalidad de tratamiento, porque la periodicidad de las consultas no siempre es la adecuada. Además, a la familia le resulta prácticamente imposible vigilar que el paciente se medica regularmente, o que se mantiene al margen del consumo de alcohol y de drogas. "Esta situación supone una auténtica espada de Damocles sobre las familias afectadas", aseguran desde Fontcalent.

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