En Italia todos los medios hablan de la vicepresidenta española, María Teresa Fernández de la Vega. Sus declaraciones contra la política de inmigración de Berlusconi, que ha tachado de xenófoba, les ha sentado como un ataque al país. La descalificación no hace sino agravar las malas sensaciones entre los recién elegidos gabinetes de Zapatero y Berlusconi.
"Madrid acusa: en Italia hay racismo". Es el rotundo titular de la edición digital del Corriere della Sera. Alude a las declaraciones de la vicepresidenta española, que ha desvinculado la política migratoria del gobierno español de la del italiano en una rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. "El Gobierno rechaza la violencia, el racismo y la xenofobia, y por tanto no puede compartir lo que está sucediendo en Italia", dijo De la Vega en declaraciones recogidas por EFE.
Esta afirmación vino a colación de las últimas maniobras italianas contra la inmigración irregular, que llevó a la detención anoche de 383 personas, de ellas, 268 inmigrantes. Los arrestos se justificaron sobre todo con cargos de robo, hurto, ayuda a la inmigración ilegal y tráfico de drogas. La actuación más espectacular fue la redada contra el mayor campamento gitano de Roma, Il Salone. En este asentamiento viven en torno a un millar de inmigrantes serbios, bosnios y rumanos, y la intervención policial de madrugada se saldó con la detención de 24 personas que no tenían permiso de residencia. En un ambiente en el que, según encuestas publicadas por La Repubblica, crece el rechazo a la inmigración, las iniciativas del gobierno están alcanzando tal dureza que se han despertado miedos a una posible violación de las leyes comunitarias.
Las relaciones con el nuevo gobierno italiano han sido delicadas desde el principio. En España, las gracietas de Berlusconi describiendo el gobierno de Zapatero como "demasiado rosa" fueron interpretadas como un comentario machista. Aunque tampoco sorprendió que Berlusconi no se rindiera a los pies de Zapatero después de que éste participara en la campaña dando su apoyo al candidato rival, Walter Beltroni, y, mucho menos, teniendo en cuenta que buena parte del discurso preelectoral de Zapatero hacía hincapié en que la economía española había adelantado a la italiana.
La polémica ha alcanzado tintes diplomáticos con la intervención de Pasquale Terracciano, el embajador italiano en España, que pidió explicaciones al secretario de Estado español para la Unión Europea, Diego López Garrido. No obstante, según Europa Press, las justificaciones de éste y una breve conversación entre el ministro italiano de Exteriores, Franco Frattini, y José Luis Rodríguez Zapatero -juntos en la V Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de América Latina, Caribe y UE- han bastado para que Roma acepte que todo ha sido un malentendido. Aún así, el Partido Popular ha aprovechado para hacer sangre y, a través de su responsable de Política Internacional, Jorge Moragas, ha exigido a Zapatero una "rectificación urgente".
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