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El infeliz quinto aniversario de Laporta

EFE
Actualizado 13-06-2008 12:13 CET

Barcelona.-  El próximo domingo se cumplirán cinco años de la elección de Joan Laporta como presidente del FC Barcelona. Un balance de dos Ligas y una Liga de Campeones, trofeos que en condiciones normales le debería reportar cierta estabilidad. En cambio, el mandatario barcelonista está sentado en una poltrona convertida en un barril de dinamita a punto de explotar

Lo que deberían de haber sido dos malos años deportivos, como han resultado ser las dos últimas temporadas, en las que el Barcelona no ha obtenido ni un sólo título, se han convertido en una pesadilla para un Laporta completamente tocado por el momento social, en el que se ha iniciado un movimiento contra él que busca a toda costa derribarle del poder.

Este objetivo se ha canalizado a través de una moción de censura, la cual se encuentra en una fase muy avanzada, a la espera de que la junta directiva señale el día del referendo, casi con toda seguridad, el 6 de julio. Laporta y su junta creen que el tiempo juega a su favor y que de aquí a la votación la cúpula directiva será capaz de recuperar la credibilidad y el entusiasmo de la afición, aspiración, hoy por hoy, ciertamente dudosa.

Pos si fuera poco con el voto de censura, pesa sobre la junta la sentencia que deberá emitir en breve un juez acerca de los avales que se exige a la junta que deposite para cubrir el presupuesto. Sólo en la junta existe el convencimiento de una victoria, contrariamente a lo que se sostiene en casi todo el entorno del club.

Sólo el conocimiento de la sentencia en los días posteriores al referéndum de la moción podría crear un clima favorable para la junta de cara al ánimo con el que asistirá el asociado a votar. En caso contrario -que la sentencia se conozca antes de la votación-, y que el juez falle contra la directiva, el futuro de Laporta en el Barcelona estará en jaque.

Laporta vive momentos amargos y duros cinco años después de una incontestable victoria en las urnas ante sus cinco rivales. En la noche de aquel 15 de junio del 2003 se vivió una velada increíble, en la que el precandidato que partía con los peores augurios de victoria, se convirtió en un serio candidato a arrebatarle todo el protagonismo al que se esperaba que sería designado presidente (Lluís Bassat) y finalmente se erigió en el mandatario azulgrana.

No hubo dudas. Laporta venció al obtener la mayoría absoluta y con el mayor número de votos que nunca antes un candidato había alcanzado en unas elecciones a la presidencia del Barcelona; Laporta (27.138, 52'57%), Lluís Bassat (16.412, 31'8%), Jordi Majó (2.490, 4,82%), Josep Martínez Rovira (2.388, 4'63%), Josep Maria Minguella (1.867, 3'62%) y Jaume Llauradó (987, 1'91%).

El Barcelona había votado el cambio y la revolución total. Laporta lo canalizó a través de su mágico 'círculo virtuoso', el cual se debía poner en marcha con la adquisición de una estrella incontestable, que se esperaba que fuese el inglés David Beckham, quien finalmente fichó por el Real Madrid.

Aquel tropiezo fue interpretado por un sector del barcelonismo como el primer grave incumplimiento electoral, ya que Laporta había basado su estrategia en la obtención de un 'crack' (Bechkam) para poner en marcha el 'círculo virtuoso' (mejores jugadores, gran equipo, triunfos, rentabilidad económica, inversión en los mejores jugadores, etc).

A pesar de que el 'error' de Beckham se subsanó con el fichaje de Ronaldinho, para mucho culés a los que nunca les gustó la elección de Laporta, el presidente del Barcelona había mentido y engañado. Después de aquel episodio, Laporta pasó a ser sospechoso.

Pero de igual forma que crecía cierta antipatía, el presidente aglutinaba admiradores, cuyo punto culminante alcanzó en el 2006 con la consecución de la Liga de Campeones y la Liga española. Laporta había tocado el cielo. También fue el cenit. A partir de entonces, la caída en picado.

Un juez ordenó a Laporta convocar elecciones aquel 2006, cuya consecuencia derivó en que unos socios solicitasen su inhabilitación y lo denunciasen, además, para que avalase el presupuesto. Desde aquel verano, Laporta ha vivido una larga pesadilla hasta este junio del 2008.

Los resultados no han acompañado al Barcelona en estos dos años y una corriente muy crítica contra la gestión de la junta ha puesto contra la pared al presidente. La directiva no creía que los impulsores de la moción serían capaces de reunir las firmas necesarias. Semanas después de aquel desprecio, el barcelonismo se encamina a votar la moción de censura, cuyo desenlace es una incógnita.

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