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Un hombre solo (arropado por 23 imberbes)

Por A. LLORCA | G. LÓPEZ
Actualizado 30-06-2008 12:50 CET

¿El sheriff? No Billy, no puedes matar al sheriff. Se ensañarán contigo. Te colgarán.

Y Luis Aragonés mató al sheriff. La frase anterior pertenece a 'El zurdo', un western en el que un joven Paul Newman encarna el papel del solitario y atormentado pistolero Billy el Niño. Durante los cuatro años de Luis Aragonés al frente de la selección, el sabio ha tenido tiempo de sobra para sentirse completamente solo y atormentado, como si se tratara de un héroe rescatado de una película antigua: incomprendido y genial. Esas películas de un Oeste en blanco y negro donde los hombres se bañan en grandes cubas, donde las heridas cicatrizan con 'whiskey', donde la gente dispara el revólver a cara descubierta y donde la línea que separa el bien del mal es tan estrecha como 90 minutos de juego o unos lanzamientos desde el punto de penalti.

En sus primeras comparecencias, tras ser nombrado seleccionador, Luis Aragonés hablaba de unidad y consenso. De que había que compartir a la selección entre el propio entrenador, los aficionados y los medios de comunicación. Pobrecito...

Luis Aragonés es un personaje complejo, un proyecto de fin de carrera en sí mismo para cualquier estudiante de Psicología. El sabio, a primera vista, puede parecer un personaje de aquellos que describía Umbral en su 'Trilogía de Madrid': el hijo de unos campesinos del barrio madrileño de Hortaleza (de hecho lo es), el marido de la Pepa (de hecho lo es), un tipo que parece haber hecho su primera comunión en chándal, un hombre a quien siempre le cuelgan algunas hebras de Ducados en los labios. Sin embargo, se ha revelado como un auténtico maestro de la psicología, que ha sabido crear un grupo de jugadores homogéneo y compacto, y que ha sabido adaptarse a los tiempos y a las necesidades: pasar de profeta del contraataque con el Atlético de Madrid a apóstol del fútbol de toque en esta Eurocopa.

Este doble perfil del sabio, y el buen fútbol que ha ensamblado en este torneo, ha debido ser aún más llamativo en el extranjero. Sobre todo, porque muchos guardaban la imagen de un Aragonés bruto y primario, después de la polémica arenga del entrenador al extremo sevillano Reyes, en la que llegó a calificar a Thierry Henry como "negro de mierda". Fue uno de los momentos más duros para Luis Aragonés, un tipo con unas dotes diplomáticas y una compostura parecidas a las de Ernesto de Hannover.

Esa personalidad compleja de Aragonés también crece y se multiplica si alguien repara en su vocabulario, esa semántica aragoniana tallada a base de equívocos y dobles sentidos. Son célebres sus referencias a ciertas "connotaciones" y "detalles". Y también sus brotes de surrealismo, como el que le llevó a referirse a un amigo japonés que sexaba pollos. Incluso, una revista de música y tendencias como 'Rockdelux' llegó a incluir al entrenador en una clasificación de los personajes más 'punks'.

Con el paso del tiempo, España salvó la fase de clasificación al Mundial 2006, y en tierras alemanas el equipo jugó como nunca pero perdió como siempre, que suele decirse en estos casos. Aunque el propio Aragonés planteó su posible dimisión tras el torneo, el sabio pensó que, aprendiendo de los errores, podía hacer cosas grandes con el equipo, y decidió continuar. No a todo el mundo le hizo gracia. Meses más tarde llegarían las lamentable derrotas ante Irlanda del Norte y Suecia, así como el asesinato del sheriff (léase Raúl, si alguien no se había dado cuenta). Entonces, el aluvión de críticas y la furibunda furia de la prensa se abatió sobre Aragonés sin piedad. Un ejercicio de hemeroteca al respecto resulta esclarecedor y capaz de sonrojar a aquellos periodistas de gatillo fácil.

Luis Aragonés se aferró a su cargo con mayor tesón que Magdalena Álvarez, e insistió en su idea contra viento y marea. Se hizo fuerte en sus convicciones y se convirtió en prácticamente el único que creía en sus propias posibilidades (al margen de la Pepa, de sus 11 nietos y de algún colchonero nostálgico, porque así son los aficionados del Atleti). Luis Aragonés se ha convertido en un paradigma de cómo resistir y mantener las convicciones, un modelo a seguir en todas las lecciones de autoayuda. Hasta el punto de que no está claro si su biografía debería escribirla alguien como Paulo Coelho, o alguna escritora de verdad, sofisticada y atormentada, como Elfriede Jelinek, por ejemplo. Venderse en las librerías como una obra de autoayuda o en la sección de grandes biografías, junto a Napoleón, Alejandro Magno o Marie Curie.

Este hombre tosco y genial ya ha escrito su nombre en la historia personal y sentimental de muchos españoles, al conseguir la segunda Eurocopa de la historia de la selección (la primera para tantas generaciones). Este hombre complejo ha conseguido reinventarse y superarse. Este hombre solitario ha sabido rodearse de 23 personajes imberbes que creyeron en su proyecto, y ahora le llaman maestro. Forjaron un grupo sin divismos y con la humildad por bandera, compacto como ninguno en lo futbolístico y lo generacional. El sabio convirtió en temibles fieras del fútbol a un grupo de 'boy scouts'. Y, ahora, a sus 70 años, emprende una nueva aventura en Turquía.

Chapeau por Aragonés, muchas gracias y la mejor suerte para un hombre grande.

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