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Otra realidad... a 20 minutos de la capital

Por MARI LUZ PEINADO (SOITU.ES)
Actualizado 12-07-2008 21:13 CET

NEGREIRA (CORUÑA).-  Por norma general, en las grandes ciudades la presencia del castellano es más importante mientras que en las zonas rurales predomina el gallego. En este punto, es fácil pensar en una viejecita entrañable con moño, que no ha salido nunca de su aldea, vive rodeada de un paisaje espectacular y, por supuesto, no habla más que gallego. Sin embargo, entre los dos extremos hay muchas situaciones intermedias. Una de ellas es Negreira.

Cojo un autobús y me dirijo a esta localidad, a unos 30 kilómetros de Santiago. Negreira cuenta con poco más de 1.000 habitantes y es el principal municipio del Concello que lleva el mismo nombre y que está compuesto de varias parroquias en las que viven 7.000 personas. Se tarda poco más de media hora en llegar desde la capital gallega pero ya 'hago amigos' en el viaje.

Le pregunto a la señora que se sienta detrás de mí cuánto falta para llegar. "Muy poquito. ¿Vas a Negreira a las fiestas?", me responde en castellano pero con un marcado acento. Ha cambiado de lengua para adecuarla a la de mi pregunta, pues antes hablaba en gallego con su marido. En realidad, practicamente la totalidad del autobús lo hace. Ya me habían advertido de que, en cuanto me alejara un poco de Santiago, todo lo que escucharía sería en gallego. Pregunto a la señora cosas sobre el pueblo, su tamaño, la lengua que se habla... "¿Pues cuál se va a hablar? El gallego, que es el que hemos hablado toda la vida".

En efecto, Negreira está en fiestas. Tienen orquesta en la plaza, luces y una especie de desfile de coches. La primera diferencia que noto respecto a Santiago, son los rótulos y letreros. En la capital, los carteles públicos están en gallego y se pueden leer cosas como 'Rua da Oliveria' o 'Praza de Galicia', pero la mayoría de las tiendas tienen sus letreros en castellano. En Negreira me encuentro con que la mayoría de las 'tendas' tienen sus nombres en gallego y no sólo los edificios públicos.

En un parque encuentro a Yomara, Mari y Verónica. Tienen 15 y 16 años y van a comenzar bachillerato. Me hablan en un castellano "galleguizado" — si ese término existe — porque utilizan los pronombres gallegos y muchos términos de esta lengua. "Aquí todo el mundo fala galego, incluso los inmigrantes marroquíes, que hay muchos. Sólo los latinoamericanos falan español y poco más", me cuentan.

Les pregunto por las clases en el instituto. Todas en gallego menos Lengua Española e Inglés. Las tres chicas aseguran que ha sido así durante toda su vida, no sólo a partir del decreto del año pasado, que establece que al menos el 50% de las asignaturas sea en castellano. "Yo también puedo falar español pero siempre falo galego. A veces hay cosas que cambian de una lengua a otra como los verbos pero sabemos español". "¿Y si quisiérais dar clases en castellano?", planteo. "Pues aquí no se puede pero es que todo el mundo da clases en galego porque aquí es lo que se fala".

La conversación me deja pensando en algo en lo que tendré que indagar en los próximos días. ¿En las zonas en las que se usa de forma más predominante una de las lenguas pierde calidad la otra (en este caso el castellano)? ¿Es normal la 'contaminación' entre las lenguas en las regiones bilingües? ¿Y es esto algo que deba corregirse? ¿Qué opináis?


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