Las luces rojas sobre la degradación del conflicto en Afganistán se multiplican. Un centenar de ONGs que operan en el país asiático han denunciado que los ataques de la insurgencia se han duplicado y que la intensificación del conflicto podría impedir su trabajo en muchas zonas.
La plataforma Agency Co-ordinating Body for Afghan Relief (Acbar) , una coordinadora que aglutina a las ONGs en Afganistán, ha expresado también "su preocupación por el impacto en la población" de esta espiral de violencia.
"Sólo en el mes de julio, han sido asesinados unos 260 civiles, la cifra más alta desde la caída de los talibanes en 2001", explica Lara Contreras de Intermon Oxfam. Además, una veintena de trabajadores humanitarios han resultado muertos en ataques este año, cifra también sin precedentes, según documenta el informe de Acbar.
"Los insurgentes se han hecho fuertes en el sur y el sureste, pero su campo de acción se está extendiendo también a otras zonas, incluida la capital, Kabul. El gobierno del presidente Hamid Karzai no es capaz de controlar los bastiones rebeldes. Y el aumento de la presión por parte de las tropas internacionales, que han incrementado los bombardeos en un 40% respecto al año pasado, tampoco ayuda", señala Contreras.
Oxfam es una de las agencias que viene denunciando las deficiencias de los mecanismos de ayuda internacional en el país de los tabilanes. En un estudio publicado recientemente, Eficacia de la ayuda en Afganistán, la ONG señalaba que la diversidad y cantidad de actores foráneos presentes en el país, desde las fuerzas internacionales, al personal de la ONU, las ONGs tradicionales, los contratistas privados y las empresas de lucro, lejos de facilitar la labor de reconstrucción, la dificultan.
El argumento de Oxfam, entre otras ONGs, es que la duplicidad de esfuerzos, disminuye la eficacia de la ayuda además de no contribuir a reforzar la autoridad del gobierno de Karzai. "El hecho de que los militares extranjeros se involucren en acciones humanitarias y controlen zonas concretas del país impide que el Gobierno pueda establecerse y generar confianza en esas regiones", apunta Contreras. "Y la desorganización entre los distintos actores hace muy fácil que los insurgentes tomen posiciones".
La cifra de soldados extranjeros presentes en territorio afgano ha crecido en más de 10.000 desde el año pasado hasta alcanzar los 71.000. También ha aumentado el porcentaje de contratistas privados, locales e internacionales que ejecutan los proyectos de ayuda financiados por los donantes, según datos de las agencias. Los programas de US Aid, la ayuda oficial que concede Estados Unidos, por ejemplo, los implementan casi en su totalidad entidades privadas. Y según Oxfam, el margen de beneficios de las empresas y consultores privados puede llegar a cotas que oscilan entre el 20% y el 50% .
"Eso significa que muchos de los fondos de ayuda vuelven a los donantes en forma de pagos a empresas de servicios extranjeras, sobre todo a las que ofrecen seguridad, porque los presupuestos internacionales dedicados a ese apartado suelen ser muy altos", dice Contreras. "Habría que reducir el dinero que se destina a esos fines".
Pero no todos coinciden con ese argumento. "Afganistán es un país en guerra y nadie está seguro. Las ONGs no tienen presupuesto para contratar la protección necesaria que solo pueden facilitar los proveedores privados", dice Sally Cooper, ex empleada en Afganistán de la agencia IRIN de la ONU y autora del libro A Burkha and a hard Place. "Hay muchas variables que determinan el por qué y el cómo los contratistas privados pueden ser más eficaces que las ONGs, aunque por supuesto siempre deben estar bajo supervisión y control. Pero no sólo Estados Unidos está haciendo esos contratos. El Gobierno británico, también"·
"El problema es que la ayuda humanitaria se ha convertido en una industria muy competitiva", añade Cooper. "Desde los atentados del 11S, los presupuestos han crecido y mucha gente más se ha involucrado en esta actividad. Ahora es más difícil tener una posición líder en el sector. Pero esa es la nueva realidad, y las ONGs tendrán que acostumbrarse a ella. El modelo de ayuda humanitaria en Afganistán se impone y se está reproduciendo en otros lugares de conflicto, como Darfur".
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