México.- La ONG argentina M.A.N.U., que asumió todas las adopciones de bebés con VIH en ese país en 2007, y el panameño Miguel Ángel Ariza, testimonio vivo de la terapia antirretroviral, son algunos de los rostros latinos que sobresalieron en la Conferencia Internacional Sobre el Sida que concluye hoy.
M.A.N.U. significa Mucho Amor Nos Une pero también recuerda el caso de Emanuel, el primer neonato portador del virus que encontró una familia adoptiva en Argentina.
Hijo de una madre seropositiva incapaz de hacerse cargo de él, Manu nació con sífilis, hepatitis B y VIH en un hospital de Buenos Aires.
El tribunal de menores intentó gestionar su adopción a través de una organización cristiana llamada Hogares de Belén.
"Las familias no se atrevían. Tenían miedo. Pero nosotros dijimos que sí. Golpearon la puerta y abrimos nuestro corazón", explicó hoy a Efe la directora de M.A.N.U., Silvia Beatriz Casas, que lo adoptó 22 días después de su nacimiento.
Los médicos habían vaticinado que no viviría más de cuatro meses, pues en aquella época aún no existían antirretrovirales, y las primeras semanas con el niño fueron muy complicadas, relató.
"Nosotros pudimos ver a la persona y no al virus, pero mis tres hijos biológicos no podían decirlo en la escuela. Incluso se lo ocultamos a parte de nuestra familia", rememoró.
A los tres años Emanuel fue adoptado legalmente por Silvia y su esposo, con quien hizo "la vida que debe hacer todo niño, llena de juegos", hasta que murió a los ocho años.
Tres años después Silvia fundó en su memoria Casa M.A.N.U, un hogar para niños con VIH/SIDA en Monte Grande, unos 30 kilómetros al sur de Buenos Aires, que hoy acoge a diez niños seropostivos y gestiona adopciones para otros menores infectados.
La propia Silvia adoptó en el 2002 a Ramiro, un bebé de 27 días que había nacido con el virus; ahora tiene seis años y, en palabras de su madre adoptiva, "las mismas expectativas de vida que cualquier otro niño".
El otro rostro de la historia es el panameño Ariza. Tiene 51 años y se infectó en 1986 cuando la epidemia apenas iniciaba su expansión por el mundo.
Sin embargo, la enfermedad no le fue diagnosticada hasta 1994, ya que antes no presentó ningún síntoma, afirmó a Efe.
Nueve años de tratamiento con medicamentos antiretrovirales han dejado en él varias secuelas físicas.
"Me ha estado afectando la neuropatía periférica, un problema que hace más sensible áreas del cuerpo, generalmente los pies", lo que se ha traducido en "problemas para caminar, dolores en huesos y tendones", explicó.
Ariza, que se considera parte de la "generación de dinosaurios del sida" por ser de los primeros infectados en la región, es diseñador gráfico pero su pasión fue siempre la danza, que le llevó a ser el primer bailarín en un ballet folclórico de Panamá.
Padece también lipoatrofia facial, la redistribución irregular de grasa de las mejillas en otros lugares del cuerpo, a causa de los medicamentos.
Además, sus brazos, piernas y glúteos han adelgazado y sus niveles de azúcar son más altos de lo normal.
"Para un bailarín las piernas son esenciales, y también los glúteos, porque tiene que tener un cuerpo y una figura especial, porque el cuerpo se convierte en un instrumento para proyectar mensajes", señaló.
Los expertos han demostrado cómo las terapias extensivas con antiretrovirales pueden incluso generar problemas coronarios en los pacientes y afectar a los triglicéridos, añadió.
El panameño es activista desde 1996 y miembro de la Cruz Roja Panameña como voluntario en el programa institucional de VIH sida.
Se define como "un estratega de la prevención" después de lograr que el seguro social de Panamá diera terapia antiretroviral a raíz de las protestas que llevó a cabo en 1990 con diez compañeros portadores del VIH en la ciudad del canal.
Ariza es uno de los cinco de aquel grupo que sigue con vida.
Pero los casos de M.A.N.U y el panameño no son más que un botón de muestra de la fuerte presencia latina en la primera reunión mundial del sida que se realiza en la región.
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