Afganistán está a punto de convertirse en un desastre tan grande como el de Irak. Tras siete años de presencia de la OTAN en el país asiático, en vez de mejorar, la situación es cada año peor ante la pasividad de Europa, que ha dado un cheque en blanco a Estados Unidos para que actúe como quiera en Afganistán. Ahora se han encontrado con la presión para que aumenten sus tropas en Afganistán, algo que debería ser aprovechado, sobre todo para exigir una mayor influencia e intervenir en la estrategia en el país musulmán.
Hasta ahora, la actuación en Afganistán ha sido básicamente militar, hasta el punto de que se han gastado once veces más recursos económicos en la parte militar, que en la parte que se refiere a la reconstrucción económica y social. Toda esta ayuda militar y económica, y la manera en que éstas han estado administradas, no han logrado acabar con la corrupción, pero sí han contribuido a aumentar la rabia del pueblo afgano, consciente de la falta de eficiencia de las políticas, mientras el Gobierno central va perdiendo legitimidad e influencia. Por lo tanto, si estamos hablando de aumentar las tropas y las ayudas económicas sin cambiar la calidad y la estrategia, simplemente estamos aumentando los problemas.
Esta estrategia militar, dotada de escasos recursos desde que comenzó la guerra de Irak, combinada con una fallida estrategia de reconstrucción del país, ha desembocado en el auge de los talibanes, de la violencia y la aparición de bombas suicidas, algo que no existía en Afganistán hasta el año 2003. Está demostrado que cada año aumenta el número de muertos, tanto de civiles afganos, como miembros de la insurgencia, soldados afganos y de tropas de la OTAN.
La estrategia del 'light footprint' (huella ligera) ha llevado a la OTAN a compensar su fallo con bombardeos, desacreditando a la propia institución y, por supuesto, a Estados Unidos y por extension al gobieno de Hamid Karzai. Los bombardeos evidencian la falta de tropas y que los talibanes están en una posición dominante, obligando a Estados Unidos a adoptar este arriesgado método, que atenta contra el propio espíritu de una guerra contra la insurgencia, cuyo fin último sería en todo caso, conquistar las mentes y los corazones del pueblo.
La estrategia en Afganistán debería haber sido distinta desde el principio, ya que la que hay ahora ha llevado al país al desastre. Una solución sería cambiar la manera de ayudar, porque ya es tarde para otras cosas. Hay varios puntos en los que se podría replantear la estrategia de Afganistán.
Durante los ocho años de la presidencia de GW Bush siempre se han buscado soluciones sencillas a problemas complejos. Por ejemplo, después del 11-S, tanto en la sociedad como en la esfera política, se hablaba mucho de venganza y de soluciones netamente militares. En Afganistán los problemas son muy complejos y no se pueden acabar con soluciones sencillas, por ejemplo, con la vía militar, cuyo enfoque es simplemente, matar al enemigo y que, de momento, no ha solucionado siquiera en problema de la seguridad. Esto ya no vale en Afganistán.
*Robert Matthews es investigador experto en Afganistán de FRIDE
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