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Sarkozy: mort pour la patrie

  • O de cómo las cosas, a veces, no cambian ni con el tiempo
Por GLOTONIOS
Actualizado 29-10-2008 10:29 CET

Está en todas partes. Incluso intentando abanderar la petición de un importante grupo de cocineros que apoyan la iniciativa de que la cocina francesa se inscriba como primer bien inmaterial del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO. Los glotonios, que tenemos buena memoria, recordamos algo que ya dijimos en su momento:

Hace unos días un reputado filósofo dijo en la cadena FR3: "Bueno ya lo elegimos: ya tenemos Presidente para 5 años. Ahora nadie lo quiere. ¿Qué hacemos con él? ¿Matarlo?". Resumía de forma cruel la amargura y la decepción que sufren los ciudadanos franceses con su Presidente, que lejos de enderezar la economía —se creía que era su principal baza—, sigue desarticulando al tuntún las bondades tradicionales de la República, mientras la gente se las ve canutas para llegar a fin de mes.

Pero más allá de esta cuestión evidente que con ingenua mirada de turista se puede apreciar, hay matices y runrrunes más sutiles que están perjudicando, aún más si cabe, al Gran Patriota Sarko. Es bien sabido que para un francés no hay mejor ave que una poularda de Bresse, ni mejor vino, foie-gras, queso, cognac o champagne, que el suyo propio. Su comportamiento es ejemplar en el consumo de la producción autóctona, y eso ha hecho que infinidad de productos franceses hayan sido líderes en el deseo del mundo: autos, moda, arte, gastronomía... Bajo el hedonismo francés y el gusto por las cosas de calidad, también existe, efectivamente, cierto orgullo patrio que acaba, en definitiva, moviendo su economía.

Preguntado por su plato favorito, el anterior Presidente, Chirac, respondía: cabeza de ternera. Un plato muy francés, cocinado inmemorialmente por las abuelas francesas, aunque es cierto que Flaubert hablaba de cierto origen británico en su Educación sentimental. Preguntado por la misma cuestión, Sarkozy ha respondido: fondue. Que lo que más le gusta es la dichosa fondue. Una preparación de origen suizo o saboyano, muy extendida en Francia. El francés de a pie, hace fondue en vacaciones y cuando siente pereza o tiene ganas de jauja. Pero la fondue no es considerado plato de ringorrango. Sarkozy se lo zampa con Johnny Hallyday en la estación de esquí de Gstaad —también en Suiza—, mientras se broncea de lo lindo. Nadie lo dice, pero una cosa así no se la perdonarán nunca, ni que porte moda y complementos anglosajones (Ray Ban, Ralph Laurent...). Debería aprender de Tony Blair, quien dijo que le encantan los fish and chips, o de Boris Eltsin que adoraba el pastel de berza, o de Helmut Kohl, con su tendencia hacia la trucha rellena... En fin. Tampoco le perdonan, claro, que haya convertido en Primera Dama a una extranjera cantante y muchas cosas más. Pero lo que marcó su sentencia de muerte (como patriota, quiero decir), fue una declaración que no se la creyó ni su tía, pero que la hizo, vaya que si la hizo: "Jamás pruebo una gota de alcohol". Encolerizó con ello a más de medio país y a miles de productores de excelente vino. Afortunadamente Francia no está preparada para soportar un Presidente tan pocopatrias y, sobre todo, abstemio. Tiempo al tiempo.

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