"Hoy es un gran día para Afganistán", aseguraba esta mañana en La Haya un emocionado ministro de Exteriores afgano, Rangin Spanta. ¿El motivo de tanta euforia? El sello de la nueva estrategia de Estados Unidos para el país asiático, en el seno de la conferencia internacional en la que han participado políticos y organizaciones de más de 90 países, y cuya gran protagonista ha sido Hillary Clinton. Estados Unidos sabe que Afganistán es una píldora difícil de tragar para la comunidad internacional, y más para los países europeos, cuyos intereses en la zona son bastante dudosos. Por eso, los más altos fontaneros de la Casa Blanca han desengrasado la máquina diplomática —algo anquilosada durante los últimos ocho años— para convencer a los socios más poderosos de Estados Unidos a que le ayuden a cumplir sus objetivos en la zona. Por si el carisma de Clinton no fuera suficiente, el propio Obama llegará a la cumbre de la OTAN en Estrasburgo con su plan en una mano, una rama de olivo en la otra, y la mejor de sus sonrisas para ganar los máximos apoyos a su nueva estrategia, que no puede llevar a cabo sólo.
Por ejemplo, uno de los puntos clave de la 'nueva era' es la creación de un grupo de contacto con todos los países de la zona. Según el periodista paquistaní Ahmed Rashid, especialista en el conflicto, es esencial que los implicados "se sienten a trabajar con la OTAN y Estados Unidos" para frenar en caos que se vive en Afganistán. Para ello, cree el periodista que necesita también el apoyo de la Unión Europea. Pero hoy día, todos ellos conforman un grupo de socios de lo más desunido, frente a Al Qaeda y los talibanes, que mantienen una postura común.
Según un investigador de un importante think tank francés, el grado de compromiso de algunos de estos socios es bastante pobre. Según él, "si quisieran que en Afganistán hubiera un número proporcionalmente parecido al de las tropas que hay en Kosovo, tendrían que enviar medio millón de soldados". Esto demuestra, en su opinión, que la "Unión Europea no está interesada en absoluto en el país asiático", ya que "la misión se ha vuelto tremendamente impopular e incluso ha puesto a la OTAN en aprietos".
Esto no ocurre en Estados Unidos, donde, hasta noviembre, "el 60% de los ciudadanos se mostraban favorables a permanecer en el país musulmán", señala el experto en Afganistán de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE), Robert Matthews. Tanto es así que, según señala la especialista en Seguridad Humana de la Sciences Po de Paris, Sharbanou Tadjbakhsh, "la opinión pública en EEUU cree que el problema de Afganistán es más importante que el de Irak".
Sin embargo, al cruzar el charco, las cosas cambian. La periodista Isabel Hilton opina que en Europa hay cierta confusión acerca de "cuáles son los objetivos reales de la guerra". Para Arif Lalani, ex embajador canadiense para Afganistán e investigador senior del Munk Centre for International Studies, este no es exactamente el quid de a cuestión. Según él, "el problema no radica en no distinguir el objetivo, sino en que no se ven los progresos".
En cualquier caso, en siete años de conflicto, George W. Bush no fue capaz de ganar más adeptos en su causa de 'la guerra contra el terror', sino más bien lo contrario. Y no sólo dentro de la sociedad civil, donde un alto porcentaje rechaza frontalmente la guerra, sino que los propios gobernantes se pararon en la raya, hasta el punto de que hoy más que nunca, "la Unión Europea no está dispuesta a ver cómo mueren más soldados suyos por la seguridad de Estados Unidos", argumenta un investigador del Norwegian Peacebuilding Centre.
De ahí, según los expertos, el cambio de rumbo y la aparición de las palabras 'civil' o 'reconstrucción' adornando el discurso de Obama. Según Robert Matthews, "los europeos no aceptan la misión militar pero sí la humanitaria". El experto considera que los elementos civiles, "que deberían haber intervenido antes", se han incluido "en el paquete para hacérselo más digerible a los europeos".
Pero algunos opinan que, a pesar de la floritura, el plan de Obama no difiere demasiado del anterior. "Casi es mejor que sea así, porque un giro radical sería contraproducente", señala un experto en estrategia y seguridad del Ministerio de Defensa español. La misma Hillary Clinton lo ha recordado esta mañana ante La Haya. El plan, eminentemente militar, contempla aumentar el contingente militar estadounidense en el país en 17.000 efectivos y enviar otros 4.000 soldados para entrenar a la policía afgana.
El nuevo talante con el que Estados Unidos se está acercando a la comunidad internacional se evidencia, no sólo en el cambio de discurso, sino en su aparente voluntad de diálogo con los que hasta ahora eran sus enemigos íntimos. Por supuesto Pakistán, con quien mantiene una relación de luces y sombras, estará en la mesa de trabajo, no sólo como aliado, sino como afectado por el conflicto. Pero sin duda, la gran sorpresa la ha dado Clinton esta mañana al anunciar que la nueva estrategia debe también incluir el diálogo con talibanes y la cooperación de viejos adversarios como Irán.
Estados Unidos quiere acercarse al ala más moderada de los talibanes. Ahmed Rashid explica que "hay muchos talibanes que no combaten por motivos ideológicos, sino por otras cuestiones como la pobreza o la falta de confianza en el actual Gobierno y en la intervención extranjera". De hecho, esta mañana Clinton ha tendido la mano sólo a aquéllos que están "dispuestos a abandonar el extremismo", por lo tanto, su postura política. "Debemos apoyar los esfuerzos del Gobierno afgano para separar los extremistas de Al Qaeda y los talibanes de aquellos que quieren salir de esa convicción pero sin desesperar", señalaba la secretaria de Estado.
La otra noticia impactante ha sido el anuncio de la participación de Irán en la pacificación de Afganistán, dando apoyo logístico en proyectos de lucha contra el tráfico de drogas. A la investigadora iraní Shahrbanou Tadjbakhsh, no le parece tan sorprendente la noticia, ya que "iraníes y afganos comparten lenguas y cultura, infraestructura, proyectos culturales". Por otro lado, cree que la intervención de Irán forma parte de su agenda de "abrirse a la comunidad internacional" durante la era post-Bush que acaba de comenzar.
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