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Vuelve Ben, el malo (pero sólo como actor) de los Affleck

  • Coprotagoniza junto a Russell Crowe 'La sombra del poder', de estreno este viernes
  • Es su primer papel en tres años, en los que se ha revelado como talentoso director
Por ALBERTO MORENO (SOITU.ES)
Actualizado 16-04-2009 15:31 CET

Si es que no te hace falta ser actor ya, Ben. Eres un guionista reputado y muchos dedos te señalaron como el sucesor de Clint Eastwood cuando dirigiste esa adaptación no oficial del caso Madeleine que fue 'Adiós pequeña, adiós' (2007). Cediste amable tu puesto de celebridad actoral de la familia a tu hermano Casey, brutal en 'El asesinato de Jesse James' y en tu debut como realizador. Parecías retirado de las tablas —y las cosas estaban donde debían—, pero ahora vuelves para sustituir a Edward Norton en 'La sombra del poder', una de conspiraciones político-periodísticas. ¿Pero no te das cuenta Ben de que sólo te puede ir mal?

No, en serio. No dudamos del talento del amigo alto y moreno de Matt Damon ni de su cierto tirón entre el público femenino (el más guapo según People en 2002), lo que pasa es que nos gusta más al otro lado de la cámara.

Su amorío con J.Lo (2002-2004) no sirvió mucho para se hablara de él como artista total en vez de como el señor de López. Es lo que pasa cuando cambias las entrevistas en Cahiers por el papel cuché. Y eso que prometía desde el principio: el Óscar que obtuvo guionizando —a cuatro manos con Damon— la vida de Will Hunting (1997), aquel delincuente fortachón y adorable, fue una de las estrategias promocionales de Hollywood más audaces en años. De golpe y porrazo surgieron los nuevos Zipi y Zape del cine.

Damon había sido revelación unos meses antes de la mano de Coppola ('Legítima defensa') y después tocó a su puerta Spielberg ('Salvar al soldado Ryan'). Affleck renunció a la comedia costumbrista made in Nueva Jersey de Kevin Smith para convertirse en el heredero de Harrison Ford (retomó su papel de Jack Ryan en 'Pánico Nuclear'). 'Pearl Harbour' y las nuevas aventuras de Tom Clancy hicieron de él un héroe de acción postizo, lo que no le hacía sentir muy cómodo: "Qué Dios me ayude si alguna vez vuelvo a hacer otra película de explosiones. Si me veis de nuevo en una donde haya algo que esté en llamas sabréis que he perdido todo mi dinero", llegó a decir.

Después vinieron seis tropezones seguidos ('Daredevil', 'Gigli' —peor película de 2003—, 'Paycheck', 'Jersey Girl', 'Sobreviviendo a la Navidad' y 'Diario de un ejecutivo agresivo') de los que se sobrepuso en cierto modo con la veneciana Copa Volpi que mereció por su papel de Superman en horas bajas en la coral 'Hollywoodland' (¿fijación por los cómics, Ben?). Fue entonces que se retiró en lo más alto de su carrera (actoral). Como Bobby Fischer y como el primer (y segundo) Michael Jordan.

Lo que sabíamos hasta hace poco de él —ahora que Matt le ha cogido ventaja en eso de pegar saltos mortales en persecuciones imposibles— es que se había convertido en un autor zen centrado en su labor como gafapasta y casado con Jennifer Garner (alias 'Elektra') una de las bellezas más increíbles (y discretas) de Hollywood.

Pero después de pasar un buen tiempo en barbecho vuelve esta semana para demostrar que no es peor que Casey, al que puteaba en el coche de segunda mano de Gus Van Sant cuando era el tonto del grupo. El pequeñín, dueño de los incisivos más afilados e inquietantes de la industria, está de moda y tanto vale para asesino celoso como para antihéroe detectivesco. Sabemos que comparten genes, pero, mientras Casey es la cara de los nuevos Winterbottom y Ridley Scott, Ben todavía anda un poco inseguro por todos los Razzies que lleva en la saca.

Las noticias no parecen alentadoras, pues, por lo visto, en esta 'La sombra del poder' se queda a la sombra de Russell Crowe, que me lo ha dicho Volpini. Según me cuenta, "asiste con cara de pan (lloroso) a los acontecimientos y está insípido". No es capaz de dar con el tono requerido en el clímax y "sólo en una de las escenas demuestra algo de fuerza".

No convences, Benny. Espero que no te moleste si te digo aquello de "zapatero a tus zapatos". Has demostrado que como realizador puedes llegar lejos y quizá tu caso sea igual al de Mel Gibson: un actor carismático, pero del montón, que ha visto que donde le va bien es diseñando planos y encuadres y manejando el cotarro.

El año pasado avisaste de que reincidirías con tu equipo creativo en la adaptación de la novela 'The Blade Itself', oscura como te gustan, aunque parece que la has dejado un poco en standby. No te despistes, que la esperamos como agua de mayo.

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