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¡Qué bello es vivir! (de la mano de Ben Stiller)

Actualizado 21-05-2009 13:00 CET

Una noche cualquiera del año 2006. Shawn Levy echa la vista atrás. 'Gordo mentiroso', 'Recién casados' y 'Doce en casa' golpean en su nariz con toda la fuerza del despropósito. Entonces, el director canadiense corre desesperado al puente de Bedford Falls para quitarse la vida. No era eso lo que esperaba. Sin embargo, San José tiene otros planes: del cielo cae un ángel loco que le salvará la vida. Su nombre es Ben Stiller.

Este ángel loco es a la comedia lo que el sacralizado Orson Welles fue al cine. Si el orondo cineasta no pudo ser más cinematográfico en sus planteamientos, Ben Stiller no puede ser más cómico en los suyos. Actor prolífico, camaleónico y en ocasiones indigesto, desde que su carrera despegara con el papel de Ted Strohehmann en 'Algo pasa con Mary' pocas han sido las ocasiones en las que el mundo de la comedia, en todas sus formas, no requiriese de sus servicios.

Desde la más analgésica ('Más que amigos'; 'Y entonces llegó ella'; 'Noche en el museo') hasta la más disparatada y personalista ('Los Tenenbaums'; 'Mystery Men'; 'Matrimonio compulsivo'), Ben Stiller ha realizado sin escrúpulo alguno toda clase de registros humorísticos.

Y es, sobre todo, en este segundo grupo donde se ha sentido más cómodo. Es lo hilarante, disparatado, estúpido y reflexivo, anecdótico y humano donde como director ha sabido desenvolverse con mayor genio. Donde ha estrangulado las relaciones humanas hasta la extenuación, el sarcasmo y la locura. Tanto dentro ('Tropic thunder'), como fuera del cine ('Un loco a domicilio'; 'Zoolander').

Mañana se estrena 'Noche en el museo 2', de nuevo a las órdenes de Levy. La secuela presenta un planteamiento semejante a la original: el museo de Historia Natural ha cerrado por reformas y los muñecos vivientes se trasladan al Archivo Federal en la capital estadounidense. Es, como su antecesora, una buena comedia, un buen cuento que se mira en películas como 'Jumanji' o 'Sólo en casa'.

El final de esta historia ya lo conocen. Ben Stiller cayó del cielo para salvar a Shawn Levy. Le concedió el regalo del entretenimiento. Así, éste puede gritar ahora: ¡Qué bello es vivir!

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