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¿Qué le debe Rajoy a Camps?

  • Camps fue uno de los primeros barones en ponerse del lado de Rajoy tras las generales
  • Dio un paso al frente y se ofreció para organizar el Congreso de junio de 2008 en Valencia
Por PILAR PORTERO (SOITU.ES)
Actualizado 24-05-2009 23:08 CET

Es la pregunta que asalta a los ciudadanos malintencionados cada vez que el líder del PP envuelve con su apoyo inquebrantable —al menos hasta la fecha— a Francisco Camps. El escudo protector se ha intensificado desde que se conociera su imputación por el caso Gürtel, en manos del Tribunal Superior de Justicia de Valencia (TSJV) en relación con la red corrupta dirigida por Francisco Correa.

Los homenajes masivos comenzaron en Madrid, con una especie de acto de desagravio en el que se dieron cita un buen número de escépticos 'peperos' que con la ironía subida no dudaban en enseñar la etiqueta de su traje para evitar sospechas. Aunque Ana Botella, en ese mismo escenario, transmitía a Ricardo Costa —mano derecha de Camps, también imputado— mucho ánimo de su parte y de la de su marido, José María Aznar, lo cierto es que al sector crítico le incomodan tantos miramientos con quienes están en los tribunales. Fuentes de FAES se preguntan también el porqué de la fe que Rajoy profesa por personajes como Camps, el que fuera considerado un posible sucesor, o Fabra —suegro de Juan José Güemes—, presidente de la diputación de Castellón e imputado por fraude fiscal y tráfico de influencias.

Camps fue uno de los primeros barones en ponerse del lado de Rajoy tras perder las elecciones generales de marzo de 2008. Mientras crecía el clamor interno pidiendo su dimisión. Rajoy, abandonado hasta por la prensa afín, anunciaba que no sólo no renunciaba sino que se presentaba como candidato para intentar ser ratificado congreso mediante. Francisco Camps, presente en esa movidita reunión, enseguida dio un paso al frente y se ofreció para organizar el Congreso de junio de 2008 en Valencia. Días después, Ricardo Costa, secretario general del PP en Valencia y hermano de Juan Costa, el nombre que se barajó más en firme para competir con el líder en aquel cónclave, entregaba a Rajoy los avales de los compromisarios.

La escenificación fue decisiva para achantar a los rivales. Que tu propio hermano se alinee con el hombre al que pretendes sustituir es suficientemente elocuente. El ejemplo cundió, y otros barones se animaron también a posicionarse junto a Rajoy, a pesar de no estar convencidos de que fuera lo mejor para el partido. El Congreso del que Rajoy salió elegido, aunque no por la puerta grande a pesar del Castillo de fuegos artificiales con que Camps despidió a sus invitados, estuvo enfocado a mayor gloría del líder. "Yo salí de allí muy triste, profundamente deprimido, siendo consciente de que se cerraba en falso y se aplazaba la necesaria renovación", recuerda un año después un diputado del sector crítico.

Al margen de la amarga sensación de la mayoría de los asistentes, "Camps se empleó a fondo y Rajoy se considera en deuda con él", aseguran fuentes cercanas a la dirección. "Es un político más hábil de lo que aparenta. Se ha quitado de encima a Aguirre y ahora a Camps, y encima remata la faena con un extra de cinismo, apoyando hasta el final a uno de sus rivales más peligrosos", reflexiona sobre Rajoy un dirigente desencantado.

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