Es el debate que no cesa. ¿Deberían publicarse anuncios de contactos en los medios de comunicación? Una reciente serie de reportajes publicada en el diario 'El País' sobre la explotación sexual devolvió la cuestión a primer plano, ya que muchos lectores reaccionaron airados ante lo que ellos consideraban una incoherencia: "el mismo medio que hace la denuncia trata a las mujeres como una mercancía", escribía uno de ellos, refiriéndose a las tres páginas diarias de contactos que aparecen en 'El País'.
Esos artículos y cartas de los lectores enseñan algunos de los puntos calientes y tópicos del actual debate sobre la prostitución y la explotación sexual, sobre los que conviene profundizar para comprender si la prohibición de los anuncios es un mecanismo adecuado para luchar contra las redes de tráfico de mujeres.
Ciertamente, en un principio, la intención era la de escribir un artículo sobre qué se esconde bajo los anuncios de contactos de los periódicos. Sin embargo, como ocurre en todo aquello relacionado con la prostitución, los datos disponibles son excesivamente volátiles y confusos.
En una sesión de debate sobre prostitución en el Congreso, en 2006, la diputada socialista María Virtudes Monteserín aseguraba que "apenas el 5% de las mujeres que ejercen la prostitución afirman hacerlo voluntaria y libremente", aunque nunca se ha aclarado de dónde proceden esos datos. Por contra, el Colectivo Hetaira asegura que sólo el 5% de las personas que ejercen la prostitución callejera lo hacen bajo el control de mafias. Entonces, ¿a quién debemos creer ante cifras tan dispares?
Uno de los lectores de 'El País' reprochaba al medio: "¿Acaso no saben que detrás de muchos de esos anuncios se encuentran las mismas mafias a las que aluden los reportajes?". Según fuentes policiales, es imposible conocer con certeza ese dato, aunque no creen que las citadas mafias se encuentren detrás de la mayoría de anuncios que se publican en prensa: "Si fuese así, las redes de explotación se estarían delatando automáticamente al anunciarse", nos dicen. Mientras, el Colectivo Hetaira defiende que "las actividades delictivas, como la trata, se desarrollan en la clandestinidad y no suelen darse propaganda a través de anuncios en la prensa".
La catedrática en Derecho Penal María Luisa Maqueda reconoce en 'Prostitución, feminismos y derecho penal' que "la clandestinidad implica desconocimiento y es la principal causa de la ausencia de datos y de cifras fiables en torno a la industria sexual". Ya que es imposible conocer a ciencia cierta la realidad que se esconde tras los anuncios, ¿es lícito prohibir una de las pocas vías de expresión que tienen las prostitutas voluntarias para obtener visibilidad?
Este planteamiento nos lleva directamente a otra de las discusiones centrales: ¿es posible que la prostitución sea voluntaria o se ejerce siempre por obligación? Milagros Pérez Oliva, la defensora del lector de 'El País', se mostraba contraria a la publicación de anuncios y escribía que "ya no podemos seguir hablando de la prostitución como una actividad alegal, en la que alguien ofrece libremente servicios sexuales. Es una forma de esclavitud que no deja de crecer". Este tipo de discursos suelen referirse a la esclavitud en dos sentidos:
Por estos motivos, el abolicionismo actual llega incluso a negar directamente el derecho a prostituirse. "Es evidente que la prostitución no puede existir como derecho, pues usurpa y niega otros derechos humanos reconocidos a la mujer: derechos a la dignidad humana, a la integridad corporal, a los bienes físico y mental", según el Informe de la Reunión Internacional de Expertos sobre Explotación sexual, violencia y prostitución de la Universidad de Pensilvania, de 1992.
Sin embargo, también hay voces contrarias a este respecto, como las que siguen:
Otro problema grave se aprecia en el modo en que tanto las cartas recibidas en 'El País' como la respuesta de la defensora del lector impiden diferenciar entre la prostitución (algo que no está tipificado como delito y es alegal) y el tráfico de mujeres con fines de explotación sexual (que está debidamente recogido en el Código Penal), algo que denuncian quienes defienden la regulación de la prostitución.
La cruzada contra la prostitución se centró en el pasado, fundamentalmente, en razones morales y de higiene social. Sin embargo, parece que este planteamiento no ha desaparecido por completo.
Este moralismo está presente en muchas aproximaciones al fenómeno de la prostitución. Por ejemplo, el antropólogo sueco Don Kulick habla de "la política del ahhjjj", según la cual, nadie en su sano juicio optaría de forma voluntaria por el ejercicio de la prostitución. En el fondo, esta postura encierra una falsa empatía, a través de la cual, las personas imponen sus propios valores y creencias a costa de los de los actores principales, esto es, en vez de situarse plenamente en el lugar de las prostitutas.
También el discurso victimista puede enmarcarse en este punto. Y es que es muy habitual encontrarse continuas identificaciones de las prostitutas con personas sin capacidad de decisión, completamente a merced de voluntades ajenas. "Son víctimas del sistema, víctimas de sus proxenetas y víctimas de sus clientes. En numerosos casos han sido víctimas de abusos sexuales en la infancia", llegaba a reconocer el Informe de la Ponencia de 2007 en el Congreso sobre la situación de la prostitución en España.
Por último, la prohibición de los anuncios de contactos podría servir únicamente para esconder el fenómeno, sin alterar lo más mínimo su realidad, ya que las prostitutas tendrían que buscar mecanismos alternativos de publicidad. De hecho, la eliminación de los anuncios sería, al fin y al cabo, una medida orientada al prohibicionismo, cuando, tal y como recogió el Parlamento Europeo en un informe de 2000, "el régimen de prohibición directa o indirecta de la prostitución vigente en la mayoría de los Estados miembros crea un mercado clandestino monopolizado por la delincuencia organizada que expone a las personas implicadas, sobre todo a los inmigrantes, a la violencia y la marginación".
Y ahora, después de haber repasado estos argumentos, ¿crees que la prohibición de los anuncios es el mecanismo más adecuado para luchar contra las redes de tráfico de mujeres?
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