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La central nuclear de Zorita tres años después del cierre

  • Parada en 2006, la central nuclear mantiene a la mayor parte de los trabajadores: 180
  • Se han sacado ya 6 de los 12 contenedores donde guardarán sus residuos radiactivos
  • El desmantelamiento de la planta debería empezar tras el verano y acabar en 2015
  • En la zona se mezclan las críticas al plan de desarrollo y al "cementerio nuclear" ATC
Por CLEMENTE ÁLVAREZ (SOITU.ES)
Actualizado 22-06-2009 12:27 CET

ALMONACID DE ZORITA.-  En la sala de control de la central nuclear de José Cabrera (Zorita) son todavía muchos los instrumentos y pilotos encendidos. Han pasado más de tres años desde aquel 30 de abril de 2006 en el que, a las 23:30 de la noche, se apretaron a la vez los dos botones rojos que desconectaban para siempre esta planta atómica en Guadalajara, hoy la aguja de la potencia del reactor marca cero en los monitores y hay incluso interruptores que podrían presionarse sin que pasara nada, pero aún así la instalación sigue muy activa. Esta es la primera escala de nuestro viaje a esta zona para comprobar qué ha pasado tras la parada de la planta nuclear.

Cuando dejó de producir electricidad esta pequeña central de la cúpula roja trabajaban en ella 120 empleados de plantilla y 125 de contratas. Hoy, siguen haciéndolo 55 de plantilla y los 125 de contratas. "No se ha quedado nadie en paro", asegura sentado en su despacho Pablo Diez, jefe de la central, que explica que cerca de 60 trabajadores fueron recolocados en otros puestos del Grupo Unión Fenosa, como plantas de ciclo combinado u oficinas en Madrid, y además hubo unas pocas prejubilaciones voluntarias. Así pues, al cruzar la valla de cuatro metros de alto levantada tras el asalto de Greenpeace en 2002, uno se encuentra un aparcamiento lleno de coches y un lugar que no parece tener mucho que ver con una instalación clausurada.

"Todo esto es por el combustible gastado que tenemos en la piscina", comenta el responsable de Zorita. Es decir, los residuos —muy peligrosos— salidos del reactor desde 1982 —los anteriores a esa fecha fueron enviados al Reino Unido para que no volviesen—, que son guardados en agua para reducir la generación de calor y su actividad radiactiva. "Hay que vigilar las condiciones químicas y de refrigeración de la piscina, y mantener activos sistemas como los de ventilación o sísmicos", especifica el director, que cuenta como justamente ahora se está procediendo al traslado de estos residuos en unos contenedores especiales a un nuevo recinto en el exterior, un Almacén Temporal Individualizado (ATI) en la jerga nuclear, para poder comenzar con el desmantelamiento de la planta.

Se supone que estos ATI serían el paso intermedio a un Almacén Temporal Centralizado (ATC) cuya ubicación debe ser decidida por el Gobierno para albergar todos los residuos radiactivos que vayan saliendo de las centrales nucleares del conjunto del país hasta que se sepa qué hacer con ellos. Uno de los municipios que se comenta que puede ofrecerse para acoger esta instalación en Guadalajara es el de Yebra. Su alcalde, Juan Pedro Sánchez (del PP), está en su puesto de trabajo en la central de Zorita: "Yo lo que he dicho es que me parece bien que se gestionen todos los residuos del país en un sólo almacén ATC", matiza.

A simple vista, este es uno de los grandes cambios en estos tres años en Zorita: los seis grandes contenedores, tipo 'Hi-Storm', que han aparecido ya a un lado de la central. Seis cilindros de cuatro metros de alto y tres de diámetro que guardan los residuos radiactivos como si fueran muñecas rusas. Primero este contenedor con un relleno de hormigón de 60 centímetros de espesor entre dos capas de acero, y luego en su interior otra cápsula MPC de acero inoxidable que guarda a su vez el combustible gastado. En total, todos los residuos de alta actividad generados por el reactor de Zorita desde 1982 ocuparán 12 de estos contenedores. Y será entonces cuando ENRESA, la empresa que se encarga de la gestión de los residuos radiactivos, se haga cargo de la central para proceder a su desmantelamiento. Este complicado proceso de demolición debería comenzar después del verano y se alargaría hasta 2015.

A diferencia de lo ocurrido en Vandellós I —la otra central nuclear apagada en España—, donde fueron retirados entre los años 1998 y 2003 todas las estructuras y componentes excepto el cajón del reactor, que ha quedado confinado a la espera que se reduzca la radiactividad para un periodo de latencia de 25 años que debería concluir hacia el año 2028, en el caso de Zorita se prevé desmontar de una sola vez toda la central. Aquí en principio resulta algo más sencillo por el tamaño y el tipo de reactor de agua a presión PWR en el que hay un circuito para el agua calentada por el combustible nuclear —y por tanto, radiactiva— y otro para el agua que se transforma en vapor. Si se cerrase Garoña, de tipo BWR en el que sólo se utiliza un circuito, el desmantelamiento sería más complicado, pues habría muchas más piezas contaminadas.

De los 122 reactores nucleares cerrados en todo el mundo, según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), sólo se han desmantelado por completo hoy en día 15 (uno en Japón, tres en Alemania y once en EEUU). En la demolición de Zorita se esperan generar 95.000 toneladas de residuos, de los que 91.000 serían chatarra y escombros convencionales, y otros 3.600 radiactivos (el 80% de ellos de muy baja actividad). La parte más delicada del reactor será troceada y metida en otros cuatro contenedores 'Hi-Storm', que se sumarán a los doce previstos del ATI. Esto es todo lo que debe quedar de la primera planta nuclear construida en España para la posteridad, 16 contenedores de residuos radiactivos y una parcela desocupada de uso industrial nuclear.

¿Cuáles son los efectos de haber cerrado esta planta nuclear en los pueblos más cercanos? La segunda parada del viaje es en el municipio de Almonacid de Zorita (de 840 habitantes), a cinco kilómetros de la central. Hasta ahora, en los tres años que han pasado desde que se apretasen los dos botones rojos que desconectaron el reactor no parece que hayan cambiado aquí mucho las cosas. "De momento no se ha notado, porque no ha habido muchos despidos y se dice que con el derrumbe habrá incluso contratos para más gente", contestan desde el otro lado de la barra del bar La Torre, en cuyo extremo conversa una pareja de guardias civiles. "La pregunta es qué haremos cuando la central ya no esté allí, no sé cómo nos ganaremos la vida".

El alcalde de Almonacid de Zorita, Gabriel Ruiz del Olmo (del PP) sí que cree que ya les ha empezado a afectar el cierre, aunque reconoce que no de forma grave. "Se nota de forma indirecta en los restaurantes y en los alojamientos, sobre todo por los trabajadores que una vez al año venían para la recarga de combustible", comenta el que es alcalde desde 1996 y trabajador de la central nuclear desde 1986.

—¿Cuál es el efecto más preocupante hasta ahora en el pueblo?

—"No hay un dato alarmante, quizá lo que más se note sea la disminución de niños en el colegio, aunque no sé decir de cuántos".

Para compensar la parada de la maquinaria que ha movido aquí la mayor parte de los engranajes del desarrollo socioeconómico, hace tres años se puso en marcha el denominado 'Pacto de Zorita', un plan firmado por todas las administraciones y 26 alcaldes para crear un fondo con el que financiar nuevos proyectos que dinamicen a partir de ahora la zona. Sin embargo, según Ruiz del Olmo, el dinero puesto es mucho menos de lo prometido, en especial por parte del Gobierno central, y todo va a los municipios del mismo color político que la Junta de Castilla-La Mancha. "Se han cambiado las reglas de juego de forma sectaria y los ayuntamientos del PSOE se han llevado un 90%", se enfada el edil.

"La prueba de que esto es una tomadura de pelo es que casi ningún ayuntamiento ha presentado proyectos para 2009", incide el alcalde de Almonacid de Zorita. "Cerraron la central y a todo el mundo se le llenó la boca con el plan de desarrollo, pero luego nada; es lo que estamos avisando a los pueblos de la central de Garoña".

La última parada del viaje está a 30 kilómetros de la central atómica: Mondéjar (2.700 habitantes). Este es el municipio más grande y con mayor actividad en la zona, pero su ubicación le deja fuera del radio de influencia de la planta y, sobre todo, fuera de los ingresos que perciben los municipios por acoger este tipo de instalaciones. No parece tan grave cuando se ven las muchas naves levantadas en el pueblo: cooperativas de vino, cárnicas, fábrica de puertas, construcción... Nada más entrar en el Ayuntamiento, un cartel en el mostrador de información busca la movilización de los ciudadanos: "Se recogen firma contra el cementerio nuclear". "Llevamos recogidas unas mil", cuenta el alcalde Aurelio González (partido independiente), que también estampó su firma en el Pacto de Zorita y también se queja de que la mayor parte de los fondos han sido para unos pocos municipios en los que gobierna el PSOE. "Se suponía que todos los ayuntamientos recibiríamos la misma cantidad, pero la Junta de Castilla-La Mancha cambió los criterios, así que nosotros este año ni siquiera hemos presentado proyecto".

La mayor distancia a la planta nuclear de Zorita aporta otra perspectiva de su influencia sobre el desarrollo de la zona. "La central ha podido mantener a la población de los pueblos más cercanos, pero de ahí a atraer a más...", indica este mondejano. "Estos pueblos han tenido ingresos muy importantes por estar al lado de una central nuclear, pero no han sabido dedicarlos a otras cosas. Algunos ayuntamientos los han utilizado para no cobrar el agua a los vecinos, para no cobrar impuestos de vados o incluso para financiar unos festejos desproporcionados para su población. Lo de ahora es un parche. Hay cosas que no se pueden forzar por mucho dinero que tenga un ayuntamiento, esto es el culo del mundo y se necesitan vías de transporte, internet, infraestructuras, servicios", comenta este edil que se define como pronuclear.

Lo que más preocupa ahora mismo al alcalde de Mondéjar es la ubicación del futuro Almacén Temporal Centralizado (ATC) en el que irán a parar los 16 contenedores de residuos radiactivos de la planta de Zorita y los de todas las demás centrales nucleares del país. "Guadalajara es una zona despoblada, con gente mayor y poco reivindicativa, sin actividad industrial, y con dos centrales nucleares: para nuestra desgracia tenemos todas las papeletas", se lamenta González, que considera que esto perjudicaría a Mondéjar, y de forma especial a productos con denominación de origen como el vino o el aceite. "Han envuelto muy bien lo del cementerio nuclear, pues están hablando de dar cuatro millones de euros anuales al municipio que levante la mano y otros cuatro a repartir entre los pueblos colindantes, con la angustia económica de los ayuntamientos en la crisis te ponen ahora ese caramelito y esto no me parece nada justo".

Para saber más:

Los 122 reactores nucleares cerrados en el mundo

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