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Marilyn Manson está gordo

  • El Kobetasonic, con la mitad de público que el año pasado, sobrevivió a pesar de la lluvia
  • Marilyn y Motley Crüe no brillaron, pero otros, como Machine Head, dejaron el listón alto
Por ALEJANDRO ARTECHE (SOITU.ES)
Actualizado 23-06-2009 12:25 CET

Lo bueno de asistir a un festival como Kobetasonic es que es algo de andar por casa. El recinto está bien, no es muy grande, y todo queda a mano. No hay que romperse las piernas andando de la zeca a la meca para cambiar dinero por vales, pillar bebida o ir a los baños. Una cervecera a unos metros del festival oferta menús con bebida y medio pollo a menos de 10 euros y, si no quieres esperar a las lanzaderas gratuitas que te devuelven a casa y que salen cada cinco minutos, siempre puedes bajar dando un paseo por el monte perfectamente señalizado... Todo facilidades.

En esta segunda segunda edición el cartel no era tan atractivo como el del año pasado —Kiss son mucho Kiss—, pero la oferta de ver a Mötley Crüe en su única actuación en España y comprobar si por fin se matan entre ellos, era muy tentadora. Por mucho que nos quieran vender el rollito de que se soportan y que sus diferencias forman parte del pasado y del libro 'Los trapos sucios', exigieron a la organización que cada uno de ellos fuese alojado en un hotel distinto al de sus compañeros, no vaya a ser que se cruzaran en el ascensor o algo. Nikky Sixx prefirió hacer vida social con los miembros de otro grupo del festival, Anthrax, con los que tenía idea de ir a cenar a algún restaurante conocido, y cuyo guitarrista vino acompañado de su novia, la hija de Meat Loaf.

No estuvo mal la variedad del cartel y de estilos, desde Dream Theater (cuya nueva gira arrancaba en el escenario del monte Kobetas y volvió locos a sus fans, que quedaron rendidos) a Papa Roach, o los anunciados Thin Lizzy —que al final se cayeron del cartel por la rotura de clavícula de su batería—, por no hablar de nuestras suecas favoritas: Crucified Barbara, que tuvieron el honor de estrenar el escenario dos a una hora tan poco rockera como el mediodía y bajo una molesta lluvia que estuvo incordiando parte de la mañana y la tarde. Menos mal que este año la organización había previsto la posibilidad de precipitaciones. Así que, para que el barrizal fuera lo menos molesto posible y el recinto no se convirtiera en el remake de Woodstock que fue el BBK Live el verano pasado, llenó todo el suelo de paja, convirtiendo Kobetasonic en un inmenso granero donde muchos se rebozaron y en no pocos conciertos la paja sobrevoló las cabezas de la multitud a cuenta del bailoteo del personal.

Góticos, 'jevis' clásicos, death metaleros... Todos tenían su parcela este año en Kobetasonic. ¡Incluso el remember! Ver en directo a Journey —aunque sin el cantante original— fue un auténtico viaje a la época del instituto y las carpetas de clase forradas con portadas de discos de los especiales 'jevis' del catálogo Discoplay. Mucho madurito entre el público y un gran flashback. ¡Hasta una pareja de punks pies negros completamente colocados de caballo se paseaban entre el público con chupas de cuero andrajosas y parches de Exploited en la espalda como si no hubiese avanzado el calendario desde mediados de los 80 en el Casco Viejo bilbaíno tan punk y radical entonces y hoy arrasado por niñatas minifalderas, bakalas chumbeta y bumping y ragatón!

"Marilyn Manson está gordo". Fue el comentario general al terminar el primer día. Con la mitad de público que el año pasado —la cosa se quedó en 28.000 asistentes por los 53.000 de 2008, algo que ya había previsto la organización entre la crisis y que no hubiera nombres tan potentes— abultaban muchos los cientos de fans de Marilyn Manson que habían subido al monte bilbaíno de Kobetas. Y muchos se fueron con amargo sabor de boca. Mientras tanto, pasearon maquillajes, modelitos de plástico imitando a vinilo y cuero, botas imposibles para andar por la naturaleza (las botas de plataforma y los tacones de aguja que juro que vi no son buenos amigos para andar en el monte con hierba, tierra, barro y paja) y expectación, mucha expectación por ver en directo los temas del nuevo disco de Manson, 'The high end of low'.

Del concierto no se puede decir nada. El sonido fue correcto y la ejecución de los temas impecable. Con una estética que recuerda al rodaje de una película, los cañones de luz aparecían por el escenario empujados por obreros mientras que una ayudante le llevaba cosas y maquillaba entre canción y canción para dar paso al siguiente tema a golpe de claqueta, como si el concierto fuera un rodaje. El problema es que lo que pretendía que fuese una superproducción, se convirtió en una pesadilla tipo 'El crepúsculo de los dioses' y Marilyn Manson en una decadente Norma Desmond.

La primera impresión de los fans es que Marilyn ha engordado. Atrás quedaban los pómulos marcados y la cintura de avispa. Una más que considerable papada y una cara hinchada a la que no le hacían ningún favor los primeros planos que emitían las dos pantallas gigantes fue lo primero que dejó noqueado al público.

Entre canciones, demasiado tiempo muerto. Marilyn parecía que se aburría y tampoco hacía nada por disimularlo. El público se impacientaba y no lograban llegar a la comunión total con 'el Reverendo'. Hasta algunas de las fans que habíamos visto ya maquilladas y con el modelito paseándose desde las cinco de la tarde y que habían aguantado lluvia, barro, nubes negras y empujones para estar en las primeras filas, se abrían paso para ir a los baños, pillar bebida o, directamente, ir al otro escenario a coger sitio para el cierre de la noche: Suicidal Tendencies.

Marilyn pedía bebida y le traían una botella nueva de la que pegaba un trago, lo escupía y tiraba el resto. ¿Luego se queja alguien que en un contrato un artista ponga que necesita 200 botellines de bebida? Que vean en directo a Marilyn Manson y se darán cuenta cómo esa cantidad casi se le queda corta.

Marilyn terminaba una canción y tiraba el micrófono al suelo. Un ayudante corría al escenario a volver a dejar en el centro el pie de micro que duraría en su sitio los 5 primeros segundos del siguiente tema con un micrófono nuevo. ¿Cuántos uso? Yo a la quinta canción perdí la cuenta.

Con una escenografía austera, los únicos efectos fueron una lluvia de papelitos en el escenario rollo discoteca de rave noventera y unas banderas nazis con la esvástica sustituida por el signo del dólar que dieron paso a su nuevo single 'Arma-goddamn-motherfuckin-geddon' que cayeron del techo. Y digo cayeron porque una, directamente, se descolgó y fue al suelo nada más comenzar la canción. A mi lado, unos fans que no daban crédito a lo que estaban viendo se reían al grito de "¡mira, como en el capítulo de El Internado del otro día!".

Marilyn contaba cosas y la gente no le seguía el juego. Alguien debería decirle que, aunque parezca lo contrario, en España sigue sin saber inglés mucha gente, y claro, Manson se rebotaba y nos llamaba de todo por no reírle la gracia. "Sois mediocres" es lo más fino que soltó por su boquita. Sólo su particular versión de 'Sweet dreams' logró hacer que el ambiente se calentase un poco y la gente bailase.

Coincidiendo con el concierto del viernes, Twiggy Ramírez celebraba su cumpleaños. Unos fans le tiraron al escenario una sábana donde le felicitaban y Manson se apropió rápidamente de ella. Cogió la guitarra de Twiggy y un ayudante le colocó la sábana a modo de capa. La sábana se caía y a la cuarta vez el ayudante pasó del tema y tuvo que salir la "maquilladora" a colocársela y quedarse a la espalda de Manson aguantando la improvisada capa mientras Marilyn le cantaba el cumpleaños feliz.

Cuando el concierto estaba a punto de terminar, a Marilyn se le notaba una mezcla de entre aburrimiento y mal rollo que no era normal. ¿Teatro, tal y como decían unas fans venidas desde Madrid y que llevaban desde primera hora en primera fila? Es posible, pero demasiado bien hecho. Los ayudantes seguían paseándose por el escenario llevando botellas y micrófonos, y en una de éstas, con tanto paseo, uno de ellos se equivocó y en vez de bebida le pasó otro micro. Resultado: mientras se iba corriendo a por la "fuckin' drink" que le pedía la estrella, el micrófono salió volando directo a su cabeza.

Y mientras, más maquillaje, unos chupitos de oxigeno en pleno escenario y un ayudante que metió en la boca de Manson una píldora entre canción y canción en un bonito primer plano emitido por las pantallas. Todo muy falso, muy preparado y con un regusto a Norma Desmond que tiraba de espaldas.

Noventa minutos antes, ese mismo escenario del Kobetasonic había sido ocupado por Machine Head que, con una escasa hora de concierto, se llevaron de calle al público y, aparte de congregar más espectadores que Marilyn Manson, se comieron al 'Reverendo' con patatas.

Con su descarga sonora y rompedora de tímpanos, Machine Head hicieron desde el minuto uno que aquello fuese una fiesta sin pausa. No se sabe si se lo estaban pasando mejor ellos o el público pero, tras ponerse una bandera del Athletic que alguien les lanzó al escenario, escupir lo que no está escrito (¡¡¡esos primeros planos de pantalla de vídeo con el gargajo colgando de la barba, qué mal sientan mientras te estás comiendo un bocata!!!) y dejarnos con un zumbido de tímpanos importante; Robb Flynn no tenía palabras para agradecer al público cómo les habían tratado y se habían comportado durante su show. Dejaron una actuación de las que hacen historia y la gente les había respondido al cien por cien.

Camino de vuelta, de madrugada y bajando a la explanada donde las lanzaderas nos devolverían a la civilización ante la atónita mirada de las ovejas y vacas de la zona, un grupo se lamentaba de haber hecho 600 kilómetros para ver "la mierda que ha hecho el Manson". Otro chico, llamaba a sus amigos diciendo: "Tío, acabo de ver a Marilyn Manson y está gordo. Que sí, que no tiene nada que ver con las fotos de internet. Está gordo".

Mientras, Marilyn daría cuenta en el camerino de las coca colas zero que había pedido y haría planes para visitar el Museo Guggenheim, tal y como había solicitado a la organización. Al día siguiente los foros de las diversas webs de noticias que comentaban el festival, ardían con los comentarios indignados de los seguidores de Manson.

Al día siguiente, las otras cabezas de cartel, Mötley Crüe, lograron no dejar tan mal sabor de boca, aunque tampoco alcanzaron el triunfo absoluto. Prohibición total de fotografías y una colección de grandes éxitos. Cuando comenzó Mötley, la gente ya estaba mucho más que animada tras el excelente paso de Anthrax y Dream Theater por los escenarios de Kobetasonic. ¿Para qué más? Es sólo rock n’ roll.

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