Madrid.- Francisco Ayala tiene un doble motivo para estar contento estos días. Mañana recibe un homenaje por parte de varios hispanistas y, además, Luis García Montero ha publicado una biografía del centenario escritor cuya literatura posee "un valor universal porque, como fondo, está la condición humana".
Era, pues, una ocasión excelente para que Efe mantuviera una conversación con ambos escritores en la casa madrileña de Ayala, que lleva sus 103 años con salud y buen humor, y que habla con gusto de algunas etapas de su vida, marcada, asegura García Montero, por "la lucidez" y "la conciencia ética".
"La vida de Ayala es un ejemplo en un mundo donde la gente cada vez se acomoda más y donde todo se quiere tomar con facilidad", añade el poeta.
El homenaje tendrá lugar en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, de grato recuerdo para Ayala porque allí recibió el Premio Cervantes en 1992, y ha sido organizado por la Asociación de Licenciados y Doctores de Español en Estados Unidos (Aldeeu) y por el Instituto Franklin de estudios norteamericanos.
Ayala (Granada, 1906) asistirá a ese homenaje, que le llega -dice con su habitual sorna- "antes de que sea demasiado tarde", y en él participarán García Montero y los hispanistas Rosa Navarro y Domingo Sánchez Mesa.
En el paraninfo se recordará el largo exilio que emprendió Ayala al finalizar la Guerra Civil, y que lo llevó a Buenos Aires, Río de Janeiro y Puerto Rico y, a partir de 1957, a Estados Unidos, donde permaneció hasta 1976, año en que fijó su residencia en Madrid.
Durante el exilio, "nunca se dejó llevar por la nostalgia; sabía que la España republicana había desaparecido y decidió abrir los ojos al mundo", afirma García Montero, cuya biografía "Francisco Ayala. El escritor en su siglo", ha sido publicada recientemente por la Diputación de Granada en la colección Los Libros de la Estrella.
Y si importantes fueron para él los once años que pasó en Buenos Aires, cuando la capital argentina, comenta Ayala, "era muy singular dentro del mundo hispano" y, "frente al provincianismo español", vivir allí era como "estar en el centro del mundo", la experiencia de Nueva York fue también "sustancial".
Dio clases de Literatura y escribió algunos de sus mejores libros, entre ellos "Muertes de perro" y "El jardín de las delicias".
Sus alumnos lo recuerdan como "un profesor atento y cercano, que sabía convertir en sus clases la erudición en amor vivo por la literatura", cuenta García Montero. "La literatura era para mí como un hecho vivo, no como un saber o un estudio", añade Ayala.
En Nueva York conoció a Carolyn Richmond, la segunda esposa del escritor, que participa también en la conversación con Efe.
El encuentro con Carolyn, que Ayala recreó en "Recuerdos y olvidos", tuvo lugar en 1973 en una fiesta académica, y por poco le cuesta un disgusto a la joven hispanista, que por aquel entonces preparaba su tesis doctoral sobre Clarín.
Richmond conversaba animadamente con Ayala y, ante alguna broma del profesor español, echó la cabeza hacia atrás al reír y su hermosa "cabellera color de miel" se prendió en una vela. Entre todos apagaron el incendio, pero no el amor que "ardía ya en el corazón" del escritor, como se dice en el original mecanografiado que reproduce la biografía de García Montero.
"Yo me congratulo de ser musa en varios sentidos de la palabra, porque es un texto precioso", asegura Carolyn, quien, desde que su marido empezó a perder la vista, lo mantiene informado de todo cuanto pasa en el mundo.
García Montero fue comisario en 2006 del centenario de Ayala, y la biografía tiene su origen en el catálogo de la gran exposición que se le dedicó aquel año al narrador, ensayista, sociólogo y articulista, sin duda uno de los autores españoles más importantes del siglo XX.
El autor de "Vista cansada" ha revisado aquel texto y lo ha ampliado con nuevos datos. El resultado es una completa y amena biografía, con abundantes citas de la obra de Ayala e ilustrada con numerosas fotografías.
A García Montero le gustaría que ese recorrido por la vida de Ayala sirviera para comprender la figura del escritor, "de una dimensión impresionante", y para acercar su literatura, "que tiene un valor universal porque, como fondo, está siempre la condición humana".
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