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Bárbara Santa-Cruz: Pagafantas de día, cobrafantas de noche

  • Cinco importantes consejos para evitar el fracaso sentimental
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Por ALBERTO MORENO (SOITU.ES)
Actualizado 01-07-2009 19:28 CET

La larga y esperada puesta 'de largo' de Borja Cobeaga llega finalmente este viernes a las pantallas. Se llama 'Pagafantas' y quiere ser un retrato generacional de la España urbana más desglamourizada del mismo modo que antes lo fueron 'Ópera prima' (FernandoTrueba, 1980), 'Todo es mentira' (Álvaro Fernández-Armero, 1994) o 'Más pena que gloria' (Víctor García León, 2001).

Se entiende por 'Pagafantas': "Chico que se enamora de una chica que lo ve como amigo y que en vez de enrollarse con ella tiene que contentarse con pagarle las fantas". Pero también puede ser al revés. En el caso de estudio, Gorka Otxoa ('Vaya semanita', 'Cuestión de sexo'), un buen bilbaíno, se prenda de Sabrina Garciarena ('Rebelde Way'), una inmigrante argentina que está muy buena. Estamos acostumbrados a que ellos repitan esos roles una y otra vez, pero lo que nos extraña más es ver a Bárbara Santa-Cruz, rotunda en directo y habitualmente dura en sus papeles, haciendo de pagafantas del Pagafantas, esto es, la ex novia en la recámara. El contraste es tan brutal que le hemos pedido que nos lo explique a modo de terapia psicológica.

Al principio de la entrevista a ella le cuesta un poco acomodar en un sofá los casi 1,80 que suma con sus infinitos tacones, una falda negra que parece vaya desprendiendo vapor y un escotado top naranja. Al natural es de ésas que hacen que la gente se gire por la calle a su paso, y sin embargo hace de panoli, de gran panoli incluso, en la cinta de Cobeaga.

P.— ¿Cómo pudo Borja pensar en ti para un papel tan alejado de tu perfil?

R.— Lo cierto es que yo entré en el reparto porque él me llamó directamente. Coincidimos de promoción con nuestros respectivos cortos —él con 'Éramos pocos' (nominado al Óscar en 2007) y yo con 'Clases particulares' (Mejor Interpretación Femenina Versión Española SGAE)— hace unos años. El pobre debió verme unas 350 veces en 400 festivales rodeado de concejales y concejalas. Aquel papel era muy parecido al de Elisa, una chica que inspiraba pereza, y Borja no paró de repetirme eso durante el rodaje: "Eres la pereza personificada".

P.— Pero pasemos del cine. Vamos a la terapia. Tú, actriz, mujer, aguantarás a montones de pagafantas a diario. ¿Eres consciente de si les intimidas?

R.—Si se me acerca alguien que conoce mi trabajo puede que esté algo intimidado porque casi siempre hago papeles duros (de rancia), por lo que puede temer que le vaya a levantar una ceja y que le suelte algo cortante, pero nada que ver.

P.— Pero entendéis que los tímidos (los pagafantas) a veces no se atreven a dar el paso por miedo a que os los comáis, ¿no?

R.— Puede ser que sí me haya topado con algún pagafantas, sobre todo en la adolescencia —porque ahora tengo mucho más cuidado para que no ocurra—, y la verdad es que se pasa muy mal. De repente coincides con un chico con el que tienes cantidad de aficiones en común, al que le gustan las mismas películas que a ti, que es encantador y se convierte en tu mejor amigo, al que además le puedes decir que el día anterior te acostaste con un tío y te escucha, cuando en realidad lo que quiere es pasar la noche contigo. Eso es doloroso cuando te das cuenta.

Hay que acabar con ellos

Cobeaga lo ve así y Bárbara coincide: Los pagafantas no son tan dignos de respeto como podría sugerir su vulnerabilidad. Son gente enfermiza y despiadada que actúan como mosquitas muertas, que se escudan en sus taras físicas o mentales para parecer legítimos merecedores de esas migajas de amor compasivo. Sucias alimañas los pagafantas. "Cuando te encuentras a uno siempre dices: 'Pobrecito', y es cuando caes en el engaño. Claudia, la protagonista, llega a Bilbao y se encuentra con Chema creyendo que va a ser su mejor amigo, el que la va a apoyar en todo e incluso se va a prestar a que le haga todo tipo de peinados para que que ella pueda ensayar como peluquera, y mientras, él, en lo único que piensa es en mirarle las tetas", se queja Bárbara.

P.— Entonces, no existe la amistad entre chicos y chicas...

R.— Yo creo que sí, pero tiene que estar construida desde algo que no sea la noche. Es complicado cuando se llega a un punto en que la relación es tan intensa que sólo falta cohabitar porque el resto de rutinas son como las de una pareja normal. Ahí siempre hay uno que se sobreexpone, y suele ser el chico, porque tendéis a humillaros inconscientemente un poco más. Por ejemplo, nosotras cuando vemos que estamos haciendo demasiado por un hombre nos juntamos las amigas y nos decimos: "Déjalo, que seguro que ha quedado con la otra". Nos la pegamos menos porque lo tenemos mucho más ventilado.

P.— ¿Y es verdad lo que cuenta la película o se acerca más a la caricatura?

Yo, al personaje de Gorka lo veo todos los días. De repente me dice una amiga que que va a hacer la mudanza, y, cuando le pregunto que quién la ayuda, me dice que 'un amigo'. Vamos a ver, no es tu amigo. Le conociste en una discoteca y has quedado con él a cenar un día. Es tu pagafantas. Pero en el fondo nos gusta.

P.— Pero el remedio para dejar de ser pagafantas no es dejar de pagar las fantas, ¿verdad?

R.— Yo soy de pagar a medias siempre que sea posible, lo que pasa es que socialmente se han instaurado unos roles deteminados para la mujer y el hombre.

P.— ¿Entonces, cuando os saltáis esos roles no permitiendo que paguemos estáis diciendo 'No vas a conseguir ser mi pagafantas'?

R.— Puede ser, menos en la primera cita. Si no pagan en la primera es una miseria.

¿Habéis apuntado todo bien?, porque llega el fin de semana y con él la exaltación del cortejo. No os lo ha dicho una cualquiera, sino una especialista a ambos lados de la barrera, pagafantas en la ficción y prototipo femenino quizá en la discoteca que visitéis este viernes. Hacemos recuento de algunos tropiezos en los que no debéis incurrir de modo pueda ser erradicada de una vez por todas el pagafantismo, esa enfermedad tan denunciada por el estreno que nos ocupa, cuya profilaxis, según Cobeaga, consiste en "empezar a quererse más".

El 'pentálogo' de Bárbara para combatir el pagafantismo crónico

  1. Muéstrate seguro. Aborda a las mujeres como si fueran de carne y hueso. En realidad lo son.
  2. No pretendas hacerte amigo después de una noche de farra. O atacas o desapareces, pero no intentes la transición a amigo para luego lanzarte. Llegados a ese punto es imposible progresar.
  3. Ellas también son pagafantas de espíritu, lo que pasa es que se exponen menos. Sus amigas se juntan en comité y no les permiten flaquear.
  4. No pasa nada por ayudar a hacer la mudanza a una chica, es incluso 'mono', pero no te arrastres, eso no.
  5. No está todo perdido si pagáis a medias. El camino para la conquista del corazón de una mujer no suele ser el económico, pero no se te ocurra no pagar la primera vez, es miserable.
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