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Coger olas sin salir del centro de Lima

  • Las bravas playas de la capital peruana atraen a miles de surfistas
Por JAVIER GRAGERA
Actualizado 07-07-2009 13:01 CET

LIMA (PERÚ).-  El surf está elevado a la categoría de deporte nacional en Perú. El litoral de Lima, la capital del país, está bañado por un bravo e inquieto Océano Pacífico, cuyas olas son un espléndido escaparate popular para los amantes de las olas. Nunca fue tan fácil surfear como en Lima: basta acercarse a cualquiera de las playas del barrio de Miraflores, en pleno corazón de la ciudad, y lanzarse al mar sobre una tabla y "coger olas" sin salir del centro de la urbe.

El litoral de Lima lleva el nombre oficial de "Costa Verde", como así recuerdan los continuos carteles que anuncian grandes obras de rehabilitación de la zona. El Ayuntamiento limeño está invirtiendo grandes sumas de dinero para embellecer la costa y recuperar el mar. De hecho, para muchos habitantes, esta costa —muy contaminada y con playas desatendidas— no es más que el patio de atrás de la ciudad, un vertedero natural que sólo es hermoso cuando es contemplado desde lejos.

Las autoridades quieren explotar las riquezas de la zona y las infinitas posibilidades de su mar, como llevan haciendo desde hace décadas los surfistas. Ellos han sido los patrones absolutos de esta porción del Pacífico desde que, a mediados del siglo pasado, llegaron los primeros amantes del surf a su costa. De hecho, en las playas de Miraflores fue donde se vio, por primera vez, una tabla moderna en Perú. Aquellos primeros 'coge olas' fueron los descubridores de la perla escondida de este mar; un tesoro natural que nace en el horizonte y que emerge a la superficie de sus aguas nerviosas cuando la marea las golpea contra la playa: sus olas.

La "Costa Verde" es, desde entonces, una irrechazable invitación a surfear. Sus playas, que limitan los barrios céntricos de la ciudad con el mar, son kilómetros de posibilidades para practicar el deporte, entre un sinnúmero de rompientes poco distantes entre ellos y con oleajes de muy diversa intensidad y dificultad, idóneos tanto para principiantes como para expertos. Por la calidad de sus infraestructuras y de sus playas, Miraflores, Barranco y Chorrillos son los distritos más "surferos" de la capital.

"El surf es una droga muy peligrosa"

El "Parque del Amor", situado en lo alto del imponente desfiladero que hace de barrera natural entre el barrio de Miraflores y el mar, es un inmejorable lugar desde donde contemplar una bella panorámica de la "Costa Verde". Desde este balcón floreado, los surfistas son diminutos puntos negros que se repiten constantemente a lo largo y ancho del mar, desafiando incansablemente al oleaje, como un temerario Ejército de hormigas que quieren invadir el Océano Pacífico.

Justo debajo del "Parque del Amor" se encuentra la "Playa Makaja". Por su oleaje sereno, de rizos bajos y asequibles, es ideal para surfistas principiantes. Es una de las calas más populares de la "Costa Verde", donde los surfistas van y vienen embutidos en sus trajes de neopreno, los profesores te abordan para ofrecerte clases particulares de surf y los vendedores ambulantes tientan con sus dulces y gaseosas a los que descansan y observan sentados sobre su playa de piedras. Un par de puestos alquilan material e indumentaria de surf. En las conversaciones, el castellano se confunde con el inglés. Los surfistas que se concentran en esta playa son una gran comunidad internacional, formada tanto por peruanos como por aficionados extranjeros que han viajado hasta Lima para constatar la fama mundial de sus olas.

"¿Quieres aprender a surfear?", pregunta 'Doc', un veterano del arte de "coger olas", que ahora se dedica a compartir su experiencia y sabiduría con todo aquel que esté dispuesto a pagar por ellas. Tiene los ojos claros, la piel bronceada y una coleta que recoge su escasa, pero larga melena rubia. Viste un bañador con motivos florales. Sus lecciones para principiantes incluyen unos ejercicios de calentamiento previo, acompañados de los consejos necesarios para manejar la tabla, y un trabajo en el agua de aproximadamente una hora, o "hasta que el cuerpo aguante". 'Doc' asegura a sus futuros alumnos que, antes de volver a la orilla al menos una vez se habrán "parado" [ponerse de pie] sobre la tabla. "Entonces, estás perdido", dice el profesor con una sonrisa pícara, "porque ya no podrás dejar de correr olas. El surf es una droga muy peligrosa". El precio de sus lecciones, que incluyen el traje y la tabla, son de 20 dólares una; 150 dólares, nueve.

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