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Restaurado un retablo de finales del XVII en Castrillo de Valduerna (León)

EFE
Actualizado 08-10-2009 09:31 CET

León.-  Un retablo que se supone data de finales del siglo XVII y una serie de esculturas de los siglos XVI y XVII se han restaurado con inversión de 78.589 euros, a cargo de la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León, en la iglesia de Castrillo de la Valduerna (León).

El retablo, cuya restauración finalizó hace pocos días, se sitúa en el muro testero del ábside; fue ensamblado en el final del XVII y dorado en 1.709, y se trata de una estructura definida mediante grandes columnas corintias de fustes estriados.

La planimetría del retablo es plana y rígida, alejándose de los excesos expresivos de décadas anteriores, y el alzado se amolda a la forma del ábside de la iglesia desplegándose en dos paneles acodados en los laterales.

Sobre la predela se sitúan tres hornacinas con arcos de medio punto, la central de mayores dimensiones acoge la imagen de la Virgen con el Niño, en el lado del evangelio San Miguel y en el lado de la epístola San Juan.

El sagrario se dispone a modo de templete con ricas columnas salomónicas, de clara simbología eucarística, y rematada con cupulilla de media naranja.

Los laterales del retablo suponen una extensión del núcleo central: con dos calles, en las que se acogen las esculturas de San Pedro y San Pablo, de gran calidad escultórica; otras dos hornacinas se abren de forma adintelada integrando así sendas ventanas de la cabecera, haciendo que la luz natural forme parte de la obra, algo característico del barroco.

El retablo está realizado en madera tallada, con material de chopo, nogal y castaño, dorado casi en su totalidad, y con otras técnicas como veladuras, graneados y estofados en las tallas.

La estructura estaba en grave peligro por un ataque de termitas de acción subterránea y destructora, que ponía en peligro ya la estabilidad de la obra, según expresó a EFE Paula Sánchez Ablanedo, restauradora que intervino la obra.

El propio proceso de desmontaje supuso una operación de riesgo y tuvo que ser cuidadosamente planificada, dada la profundidad del ataque.

Tras el saneamiento del retablo y su limpieza, la actuación restauradora permitió descubrir un dorado impactante, en el que destacan tallas de excelente factura.

Las tallas de San Pedro y San Pablo, del mismo autor, son de grandes dimensiones y extienden sus manos avanzando, a modo casi de representación teatral; son de altísima calidad y recuerdan trabajos de Gaspar Becerra, quien trabajó en Astorga en el siglo XVI.

De características similares son las tallas de San Miguel y San Juan, con ricos estofados, el dorado amarillento de sus cabellos y el increíble pulimento de sus encarnaciones, anterior a la policromía contrarreformista en la que predominaron los acabados mates o más realistas.

La escultura de la Virgen con el Niño presenta características propias, aunque su carácter, muy popular, la acerca a las dos tallas de pequeño tamaño situadas en el ático.

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