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Deporte intersexual: el sexo y el género de las deportistas

Por M. PÉREZ, J. J. BORRÁS Y X. ZUBIETA (SOITU.ES)
Actualizado 13-10-2009 22:09 CET

La atleta sudafricana Caster Semenya, campeona del mundo de los 800 m., investigada por las dudas sobre su condición femenina, constituye el último caso de polémica sobre el sexo de una deportista. Curiosamente sólo ellas son susceptibles de ser acusadas a de no ser mujeres... Se asume que el hombre, en el deporte, gracias a la potencia muscular extra que le facilita el plus de testosterona circulante, tiene siempre esa ventaja por doping fisiológico frente a la mujer. Hasta ahí parece claro. Si asumimos que nuestra especie está constituida por hombres y mujeres, pues está claro que la cuestión es discriminar bien y que no se cuele ningún individuo en el grupo que no le corresponde.

El problema nos estalla reiteradamente cada vez que surge una atleta cuyo «sexo» no es fácil de determinar. A simple vista parece una simpleza aclarar el tema, baste explorar sus genitales y salir de dudas. Esta primera aproximación es la que practicaban en la Grecia clásica, en cuyos Juegos Olímpicos de la época, a raíz de alguna sorpresa al respecto, se optó porque los atletas, sólo varones, por supuesto, compitieran desnudos, quedando el asunto claro –y a la vista- de todos. Sin duda, esta alternativa hoy día subiría más, si cabe, las audiencias deportivas, si bien seguiríamos sin aclarar buena parte de estos polémicos casos.

El desarrollo sexual es un largo proceso que se inicia con la fecundación y que concluirá en etapas posteriores al nacimiento. En el caso de los varones, supone un constante diferenciarse en sentido masculino de un organismo que tiende a madurar como femenino. Así, ellas, simplemente maduran como hembras. La cuestión de fondo es que si bien hay dos sexos legales o de carnet de identidad (M o F), la naturaleza no es tan simple y quedan excluidos transexuales e intersexuales, que todavía hoy no tienen reconocida su identidad sexual y de género, viéndose obligados por ley a figurar como «hombre» o «mujer» –no se contemplan más opciones- en su documento nacional de identidad (DNI).

La identidad de género tiene que ver con la conciencia de ser hombre o mujer, generalmente en consonancia con el desarrollo genital externo. En el caso de los transexuales, la cosa no es tan simple y hay discrepancias entre la identidad de género percibida (sentirse hombre o mujer) y el sexo legal o asignado en base a unos genitales; claramente de hombre o mujer, en el caso de los transexuales. En el caso de las personas intersexuales, se puede presentar una asignación de género en el momento de su nacimiento —declarándolos hombres o mujeres—, que no se corresponda con sus sentimientos y con su anatomía ambigua.

El conjunto de las personas con diferentes tipos de intersexualidad, entre las que figuran los clásicamente denominados hermafroditas, pueden verse especialmente afectados cuando deciden dedicarse al deporte profesional, puesto que su desarrollo —diferenciación— sexual no culmina con una más o menos clara identificación como hombres o mujeres. La competición deportiva supone para los intersexuales una prueba más de las dificultades para ubicarse en una sociedad que sólo hace pocos años comienza a comprender, -y solo en el ámbito de los expertos en el tema- el hecho intersexual, el desarrollo intersexual y la identidad intersexual. Lo que está claro es que esos conocimientos científicos deben trascender a la realidad social que tiene que abrir el espectro del sexo legal y superar la dicotomía masculino o femenino, considerando opciones tales como transexual e intersexual. Que estas personas puedan verse reconocidas como transexuales o intersexuales, sin presionarlas para que se definan como hombres o mujeres, supone un paso más en pro del respeto a sus derechos sexuales redundando en una sociedad más justa, saludable y sabia.

En el caso de las atletas, como Caster Semenya, sería saludable y sensato reconocer su condición de intersexual si lo fuere, lo que además sería respetuoso con la atleta de manera que no se la expulsa del mundo deportivo y por ende, de la condición de mujer, lanzándola a una forzosa condición de hombre que no responde a su realidad. De estar asumida y reconocida la condición intersexual en la sociedad, estas situaciones no llamarían la atención.

De cualquier manera, como podemos ver, el debate no es tan simple como la clasificación en hombres y mujeres. Si lo que se pretende es que se den características similares para que la competición sea más justa, quizá no sea suficiente agruparlos según la apariencia de sus genitales, a lo mejor se tendrán que buscar otros referentes como los niveles de testosterona en sangre, o la masa muscular.

Nos parece interesante esta polémica porque ayuda a que salgan a la luz las dificultades con las que se pueden encontrar las personas intersexuales y transexuales. Como pensamos que el tema es muy interesante y poco conocido para los que querías saber más os recomendamos dos estupendos libros: sobre intersexualidad, Middlesex, de Jeffrey Eugenides, ganadora de un Premio Pulitzer; y sobre transexualidad, El enigma de Jan Morris. Los dos son entretenidos y valen la pena.

¿Te has planteado la situación personal y afectiva en la que suelen quedar las atletas expulsadas de la competición deportiva por «no ser mujeres»? ¿Conoces casos de personas cuya vida deportiva y sobre todo personal, se haya visto afectada por la ignorancia y rechazo social de la intersexualidad?

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