Una ciudad con la población de Australia y que es el pulmón enfermo por el que respira media Asia. Bollywood es lo más aburrido que ofrece.
Dicen que todo es posible en la India, así que todo debe ser posible en Bombay. Todo, excepto algunas cosas sin importancia como respirar aire puro, cruzar la ciudad en menos de cinco horas o beber agua del grifo (sin enfermar).
A cambio, se puede y debe disfrutar de una de las mejores y más baratas comidas del mundo en miles de puestos callejeros, ver en la tele un partido de críquet que dure tres días o acabar como extra en una película de Bollywood.
Lo más interesante de Bombay está en la calle. Por ejemplo, la comida: pide en cualquier puesto un vada pav (bocadillo de vegetales fritos), intenta no ver cómo lo cocinan para que no se te quite el apetito y disfruta de un sabor que renuncio a describirte. El precio, 15 céntimos de euro.
Para tomar un batido de café, muy útil para combatir el calor y para que el pulso no decaiga ante tanto que hacer, lo mejor es ir al Leopold Café. No es raro que los cazadores de extras recluten entre los turistas a grupos de extranjeros para aparecer en alguna película de Bollywood que se esté rodando ese mismo día...
Si eres rico o estás un poco loco, no debería importarte alquilar una habitación en el mítico hotel Taj. Cuenta la leyenda que fue construido por un joven al que negaron la entrada en un hotel de lujo por no ser blanco. Desairado, aquel joven prometió construir el hotel más lujoso de la India. Con los años, no sólo conseguiría eso, sino también convertirse en el fundador de la mítica dinastía Tata, ricos entre los ricos.
En las calles de la península de Colaba, algo así como el Manhattan indio, la palabra superpoblación cobra un nuevo significado. El tráfico rodado consiste en un río compacto de cacharros metálicos de todas las cilindradas que pugnan por avanzar un centímetro más. Y todos los días los trenes descargan en Victoria Station miles de nuevos inmigrantes que llegan de todos los rinconces de la India y que sueñan con abrirse camino en una ciudad desquiciada, asfixiante, maravillosa.
Para oxigenarse un poco se puede visitar la cercana isla Elefanta, llena de yacimientos arqueológicos, o mejor aún tomar un autobús-cama nocturno y al día siguiente amanecer en las playas del paraíso, léase Goa.
Justo al lado del mar está el monumento más emblemático de la ciudad, una especie de Arco del Triunfo llamado Gateway of India, la puerta de la India. Millones de personas clavaron su mirada en ella antes de desembarcar en una ciudad considerada la capital económica de esta parte de Asia. Y la mayoría decidió quedarse, a pesar de todo. A pocos metros del embarcadero suele haber atracados yates de superlujo donde hay tres camareros por invitado y donde cada noche es una fiesta. Al anochecer, la avenida del puerto volverá a llenarse de pedigüeños, rateros y soñadores que tuvieron la tremenda mala suerte de acabar viviendo en una ciudad donde sólo es posible lo imposible: Bombay.
Aunque la ciudad haya sido rebautizada como Mumbai por razones políticas, al igual que muchas calles y lugares han visto cambiar su nombre inglés por otro más indio, Bombay seguirá siendo la misma para todos sus habitantes.
Por cierto, el hotel Watsons que negó la entrada al señor Tata hace un siglo existe todavía, aunque está en franca decadencia. Tiene cuatro estrellas; el hotel Taj cinco.
¡Alabin! ¡Alaban! ¡Alabin BOM BAY!
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