McCain ya no es el anticandidato, como en su momento le definía David Foster Wallace. McCain, cada vez más, se convierte en la apuesta del Partido. Esta victoria en New Hampshire no es como aquella de 2000 frente a Bush. Ahora el senador sí es el rival a batir, tras la desaparición de Giuliani.
En las primarias republicanas de 2000 el atractivo que desprendía McCain se concentraba en su figura como anticandidato. Al menos eso era lo que interpretaba David Foster Wallace, quien firmó para Rolling Stone un reportaje que ahora, ampliado, podemos leer en uno de los artículos de Hablemos de langostas.
Un anticandidato que, al no temer la derrota, se atrevía con la verdad, pese a las interferencias que el marketing político ejercía sobre la credibilidad de su mensaje, y aunque esa sinceridad incluyera también cosas de derechas a veces extremadamente espeluznantes, según el escritor norteamericano.
Pero el héroe de Vietnam ahora quiere ser Presidente y no tanto un regenerador de la política, es su última oportunidad. Su discurso es el de la experiencia. Su equipo también. El fichaje de McKinnon, antiguo consejero de medios de comunicación en las campañas de Bush, es prueba de ello. Como también los de Steve Schmidt y Terry Nelson.
Al final, todo aquello que sucede en Estados Unidos genera una cháchara mundial inagotable, aunque esta vez sólo decida quien se inscribe como republicano en los caucus.
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