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Nadal busca en las antípodas poner 'patas arriba' el mundo del tenis

Actualizado 17-01-2008 07:03 CET

Rafael Nadal será a partir del 14 de enero uno de los protagonistas del Abierto de Australia, el primero de los cuatro grandes torneos de tenis del año (completan la selecta lista Roland Garros, Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos). El jugador español, que ocupa el segundo puesto en la clasificación mundial desde el 25 de julio del 2005 -un registro histórico-, se enfrenta a un momento clave en su carrera que puede auparle a la cima del tenis mundial o marcar el inicio de tiempos más mediocres en lo que hasta ahora ha sido una trayectoria brillantísima.

Las buenas noticias están en las opciones de Nadal de acabar el Abierto de Australia como número uno del mundo, desbancando por fin a Roger Federer, que ocupa esa posición desde hace cuatro años y es considerado por muchos profesionales y aficionados el mejor jugador de la historia (otros lo sitúan todavía al mismo nivel que el estadounidense Pete Sampras). El jugador suizo tiene 7.180 puntos en la clasificación que recoge los resultados de los últimos doce meses, por 5.780 puntos del tenista balear. Es una diferencia amplia, pero hay que tener en cuenta que Federer ganó en Australia el año pasado mientras que Nadal cayó eliminado en cuartos de final, así que el primero mantendrá esa puntuación en el mejor de los casos mientras que el español disfruta de un margen de mejora notable.

Aunque existen varios supuestos en los que Nadal destronaría a su gran rival (y buen amigo fuera de las pistas), el más factible pasaría por que ganase el torneo y Federer no superara los cuartos de final. La posibilidad resulta más bien remota, aunque podría verse favorecida por el virus estomacal que ha entorpecido la puesta a punto del jugador helvético y también por el cambio en la superficie en que se disputará el torneo, en principio más lenta y, por tanto, más favorable que en ediciones anteriores al tipo de juego del tenista de Manacor.

Pero de la misma forma que Nadal cuenta con opciones de coronarse en Melbourne, sede del Open de Australia, el 27 de enero, el día previsto para la final masculina, también puede despedirse mucho antes del torneo, que se convertiría así en el arranque de una campaña en la que tendría que preocuparse no tanto por alcanzar a Federer como por mantener a raya a otros rivales.

El mayor peligro para el jugador balear, de 21 años, proviene de los tenistas de su generación, especialmente del serbio Novak Djokovic, el escocés Andy Murray, el francés Richard Gasquet, el checo Tomas Berdych y el chipriota Marcos Baghdatis. Los dos primeros son un año más jóvenes que Nadal, Gasquet tiene la misma edad y los otros dos le superan en un año, pero la precocidad del jugador español -ganó su primer partido del circuito profesional antes de cumplir los 16 años- le ha llevado a destacar hasta el momento sobre el resto del grupo. Las estadísticas son contundentes en este sentido: Nadal ha ganado los cinco partidos que ha disputado con Baghdatis (como profesional), los cuatro contra Gasquet y los dos contra Murray, tiene un registro de seis victorias por dos derrotas contra Djokovic, y sólo contra Berdych las cuentas están igualadas con tres triunfos para cada uno.

Otra prueba del éxito temprano del deportista mallorquín es que entre los cinco reúnen menos títulos individuales (21) que los conseguidos sólo por Nadal (23), que además es el único que ha triunfado en un Grand Slam (ha conquistado tres veces consecutivas Roland Garros), ha disputado la final de Wimbledon, ha ganado la Copa Davis -el equivalente en el tenis al mundial por países de otros deportes- y posee un balance favorable en sus enfrentamientos con Federer.

Pero aunque a un ritmo más lento, los compañeros de clase del español también están madurando y ya el año pasado mostraron signos de que pronto entrarán en la lucha por la supremacía del tenis mundial. Como reconocen tanto el balear como su entorno, Djokovic es el que más quebraderos de cabeza puede causarle: en 2007 ya disputó la final del Abierto de Estados Unidos y alcanzó también las semifinales de Roland Garros y Wimbledon. Pero en Australia también se espera mucho de Murray, que llegará a Melbourne tras conquistar el torneo de Doha la primera semana del año.

Probablemente la amenaza más temible para Nadal provenga de su propio cuerpo, sobre todo por la lesión que sufrió en el pie izquierdo en 2005 y los problemas en las rodillas que le persiguieron el año pasado. Muchos atribuyen éstos y otros problemas físicos que le han afectado a su estilo de juego, basado en los largos intercambios desde el fondo de la pista, los golpes con mucho efecto y la movilidad continua en su empeño de no dar ninguna pelota por perdida. Sin embargo, los expertos también coinciden en que a lo largo de las dos últimas temporadas el español se ha ido orientando hacia un tenis más agresivo y completo (ha mejorado especialmente con la volea), lo que le ha permitido acortar los puntos y reducir el desgaste físico. Otros subrayan el carácter nada extraordinario de las lesiones de Nadal considerando que es uno de los jugadores que más partidos disputa cada temporada: 85 la pasada, sin contar los torneos ajenos al circuito profesional y las exhibiciones.

Pero otro factor relacionado con el físico también complica el pronóstico sobre el papel del tenista mallorquín en Melbourne. En los últimos meses ha sufrido tres derrotas especialmente dolorosas que, no por casualidad, tuvieron lugar al día siguiente de que venciera en encuentros muy igualados. En octubre, el argentino David Nalbandián le barrió de la pista en los cuartos de final del Masters Series de Madrid (6-1, 6-2); sólo unas horas antes, el tenista español había derrotado a Murray en el partido más emocionante del torneo (junto con la final en la que Nalbandián venció por sorpresa a Federer). El jugador argentino volvió a apabullar al balear dos semanas más tarde en la final del Masters Series de París (6-4, 6-0), sólo unas horas después de que Nadal remontara un partido que parecía perdido contra Baghdatis.

Y el domingo pasado el ruso Mikhail Youzhny le infligía una de las derrotas más contundentes de toda su carrera al vencerle en menos de una hora en la final del torneo de Chennai (India) por 6-0 y 6-1: la noche anterior Nadal había levantado cuatro bolas de partido para acabar superando por 6-7(3), 7-6(10) y 7-6(1) a Carlos Moya, gran amigo y mentor del manacorí, tras casi cuatro horas de encuentro, el más largo a tres sets en los últimos quince años.

Estas derrotas han demostrado una vez más que, por mucho que suela hablarse del físico de Nadal en términos superlativos, lo cierto es que el tenista balear no es inmune al cansancio, y sólo con su fortaleza mental y su pundonor no le basta para ganar los partidos cuando se enfrenta a rivales de categoría. En el Abierto de Australia, además, los partidos son al mejor de cinco sets y el calor llega a menudo a ser extremo, aunque estas exigencias se compensan, al menos en parte, con el día de descanso que existe entre los partidos.

En Melbourne, por tanto, para conseguir el título -y, con permiso de Federer, el número uno del mundo-, Nadal necesitará no sólo estar inspirado con su juego, sino también que le respeten las lesiones y alcanzar los cuartos de final sin desgastarse demasiado. Si gana las cuatro rondas anteriores empleando no más de dos horas y media por partido, habrá que contar sin duda con él para la gran final. Y conviene recordar que, de las treinta finales que ha disputado, Nadal sólo ha perdido siete...

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