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¿Series originales? ¡Que inventen ellos!

Actualizado 18-01-2008 08:43 CET

El estreno de las nuevas temporadas de series de televisión como 'Cuenta atrás' demuestra que la producción nacional puede presentar una factura moderna, pero no brilla por su originalidad y amor al riesgo.

Los expertos llevan años alertando de que la falta de innovación es uno de los puntos débiles de nuestro país, y lo cierto es que las series de televisión no escapan a la tónica. El estreno en los últimos días de las nuevas temporadas de títulos como 'Cuenta atrás' (Cuatro) demuestra que la producción nacional puede presentar una factura moderna y hasta sofisticada, pero no destaca por su audacia, originalidad o amor al riesgo. Por todo eso, en definitiva, que ha elevado al Olimpo de las series a 'Los Soprano', 'Perdidos', 'A dos metros bajo tierra', 'Prison Break' o 'Mujeres desesperadas', entre otros puntales de la Edad de Oro de la ficción televisiva.

'Cuenta atrás' es un buen ejemplo de la mejoría de las series españolas y, a la vez, de lo poco que aportan al género a escala global, la única que realmente importa cuando los estrenos 'made in USA' se pueden disfrutar en las pequeñas pantallas de medio mundo en cuestión de semanas, o incluso de segundos gracias a Internet.

Se nota que los creadores y los guionistas de 'Cuenta atrás' se conocen al dedillo las 'joyas de la Corona' de la televisión americana. Para empezar, Corso, el policía protagonista, es como la versión juvenil del detective impulsivo y chulesco de 'The Shield', una de las aportaciones más frescas al género policiaco de los últimos años (en España la han emitido las autonómicas). Hasta en el vestuario los dos personajes revelan su parentesco. La concentración temporal, un rasgo básico de 'Cuenta atrás', recuerda a '24' (aquí en Antena 3). Y a series como 'Ley y Orden' (La 2) y 'The Closer' (también en Cuatro) remiten la complejidad de las tramas -rodadas con un despliegue técnico aceptable y en una gran variedad de escenarios-, la atención a las relaciones entre los personajes y los interrogatorios a medio camino entre el duelo dialéctico y la guerra psicológica.

El problema es que en 'Cuenta atrás' la mayoría de las veces esas influencias no se usan como punto de partida para probar cosas distintas y rehuir los convencionalismos, e incluso a menudo la 'imitación' resulta un poco pobre y desvaída al lado del original. Así, mientras que en 'The Shield' se atreven a bucear en la parte más oscura del protagonista, retratado como un buen padre de familia, un amigo leal y un policía eficiente pero también como un ser amoral, corrupto y sádico, Corso se revela pronto como el tipo duro que en el fondo tiene un corazón de oro, un alma generosa y sensible al que los golpes de la vida le obligan a ir con la coraza puesta. Lo de siempre, en fin.

En cuanto al modelo de '24?', 'Cuenta atrás' no alcanza el ritmo vertiginoso, casi febril de las andanzas de Jack Bauer, quizá porque por falta de decisión o de medios no se han lanzado a rodarla enteramente cámara en mano, que es lo que está pidiendo a gritos una serie que pretende transmitir una sensación de urgencia. Además, los numerosos saltos temporales se producen a veces de forma brusca, lo que causa que la narración avance a trompicones.

Y en el inicio de la segunda temporada los diálogos siguen sonando poco naturales, y las tramas pecan una vez más de rutinarias y previsibles: tenemos la típica historia de reconciliación entre padre e hijo, un triángulo sentimental, balas que no matan por milímetros, una prostituta colombiana, un alto cargo corrupto, grabaciones con secretos del pasado, un ex policía alcoholizado, un asesino con pinta de cyborg, la explosión de turno y hasta un entierro rodado 'a la americana'. Nada que no hayamos visto antes y, además, con más crudeza, imaginación o espectacularidad. Los temas que se anuncian para el resto de la temporada tampoco parece que vayan a revolucionar el género: asaltos de bancos, secuestros, psicópatas, narcotraficantes... Hasta anuncian casos relacionados con la Guerra Civil y la pena de muerte en Estados Unidos. En definitiva, todo muy de actualidad y me temo que también bastante manido.

(Capítulo aparte merece la interpretación de Dani Martín como Corso: convertir un personaje tan habitual en una creación inolvidable requiere un magnetismo y un talento descomunales. Puede que Martín se convierta en el futuro en un actor de ese calibre -a lo que contribuiría que mejorase su vocalización-, pero ahora mismo el papel le viene un poco grande. Curiosamente, además, Corso se mueve casi en exclusiva entre dos registros: la rabia y el pasotismo, cuando es en los momentos en que se muestra frágil e indefenso, como al relatar en el primer capítulo de la segunda temporada el hallazgo de la madre muerta, cuando la interpretación resulta más creíble y emocionante. Los apuros de Dani Martín para 'llenar' el personaje se notan más que nunca cuando comparte escena con José Ángel Egido, Goya al mejor actor revelación por 'Los lunes al sol', que borda su papel de veterano del grupo policial. Egido demuestra con cuatro líneas de guión que podría superar un reto como el que ha asumido Martín, pero claro, él no es vocalista de un grupo musical con legiones de fans, sobre todo entre el público juvenil, tan apetecible para las televisiones...).

Las restantes cadenas no superan precisamente a Cuatro por la creatividad de sus ficciones audiovisuales. Por ejemplo, 'El Internado', uno de los escasos estrenos de Antena 3 que ha logrado buenos índices de audiencia en varios años, es poco más que un escenario de terror gótico por el que pululan adolescentes que parecen sacados de 'Rebelde Way' (más algún crío que recuerda a esa cumbre del humor involuntario que es 'Ana y los siete'). Y 'Desaparecida', de la que TVE ya anuncia nuevos episodios, se salva gracias a un reparto en el que brillan Carlos Hipólito, Luisa Martín y Miguel Ángel Solá, pero viene a ser una versión muy extendida de un capítulo de 'Sin rastro'. Y cuando la desaparición se convierte en asesinato, la serie deviene en un 'Twin Peaks' a la española; hasta en la promoción se ha pasado a utilizar un eslogan ("¿Quién mató a Patricia Marcos?") que parece calcado del famoso "¿Quién mató a Laura Palmer?" de la creación de David Lynch, mucho más rupturista en contenido y factura visual.

Pero, sin duda, Telecinco es la reina del 'collage' de influencias y del pastiche. Su gran estreno para empezar 2008 ha sido 'Sin tetas no hay paraíso', la versión de una telenovela colombiana que incluso mantiene el título del original. Nada raro tratándose de una cadena que el año pasado hizo lo propio con la serie argentina 'Hermanos & detectives' y hasta se trajo a España al niño protagonista. O que no contenta con emular a 'Urgencias' en 'Hospital Central', ha seguido también la estela de 'Anatomía de Grey' en la fracasada 'MIR'. Aunque la palma a la originalidad habría que concedérsela a los creadores de otro título que no entusiasmó ni a público ni a crítica: 'R.I.S.', centrada en la labor de un grupo especial de la Policía Científica. Se supone que era la adaptación de una serie italiana, pero algún mal pensado sostendría que Telecinco buscaba exprimir (aún más) el filón de 'CSI'...

Este panorama puede achacarse a que los guionistas españoles poseen menos talento que sus colegas de Estados Unidos ahora en huelga o al miedo de las productoras y las televisiones a que los espectadores no estén preparados para series demasiado innovadoras. Como la primera posibilidad no resulta muy creíble, habrá que decantarse por la segunda explicación. Y a la vista de las audiencias millonarias de programas como 'Escenas de matrimonio', quizás ese temor esté justificado.

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