Iniciar sesión | Registrarse | ¿Por qué registrarse?
  • Podrás comentar las noticias con el nombre que elijas
  • Podrás subir tus noticias en soitu.es y guardarlas en tu propia página

EL GATOPARDO EN LA HABANA

Actualizado 28-02-2008 15:58 CET

Los uniformados cubanos inician los cambios por la vestimenta. Cada vez será más raro verles luciendo el verde oliva que muchos pensaron que les haría inmortales.

CARA DE ASNO, MIRADA DE LOBO

A mediados del siglo XX, cuando se producía una crisis de gobierno en cualquier país de Europa, del este o del oeste, la solución en la gran mayoría de los casos acababa en un nuevo gobierno presidido por el ministro del interior del gobierno saliente. Los procesos desarrollados hasta llegar a esa solución sólo diferían entre uno u otro bloque, en función de la rudeza empleada. Así cambiaban, para permanecer, las cosas. Era cine en blanco y negro. Tipos rubicundos con la cara gorda y sudorosa que caminaban deprisa en las noticias. Poco atentos al protocolo.
Al iniciarse la segunda mitad de ese siglo los colores fueron redefiniéndose en medio de un clima generalizado de creciente disolución ideológica, social y hasta estética. Se pasó del blanco y negro al color y los viejos gañanes salían en las noticias demasiado sonrosados y demasiado solos. Siguieron surgiendo crisis y los encargados de solucionarlas fueron nuevos grupos de técnicos menos agresivos en su lenguaje y más contemporizadores que daban mejor en las nuevas televisiones en color. Empezó un tiempo confuso en el que comenzaron a mandar los centristas. El extremismo y la firmeza ideológica habían pasado de moda. Tres muchachos con gafitas marginan al fiero leñador. De aquellos equipos compactos pero con personajes que apuntaban una cierta personalidad, acabarían surgiendo lo que hoy conocemos por líderes. Que son los que hoy nos mandan.
El tiempo de los ministros del interior pasó, dejándolos al cuidado de sus nuevos retos, dar leña cuando haga falta y mantener el Grial ideológico brillante. Sin menospreciar su peso dentro del aparato, todavía notorio en los tiempos presentes, y ya que tanto los técnicos como los gendarmes son políticos, la ideología quedaba en mejores manos si se hacía cargo gente poco dispuesta al entendimiento del (nunca con el) contrario; pero los temas realmente importantes, la economía, el dinero, el beneficio y por dónde irán los trenes quedaron en manos de gente con estudios que sabe elegir las corbatas.
Los ministros del interior acabaron convertidos en ideólogos, lo que no deja de ser contradictorio si se tiene en cuenta que las líneas directrices en los partidos parlamentarios se sustentan desde 1946, (en los países de “nuestro” bloque) en las sinuosas evoluciones de la economía. La ideología y el tratamiento duro del pensamiento quedaron en manos de gente cuyo principal mérito era ser poco sutil. En el “otro” bloque la economía dependía más de criterios ideológicos, ligados, en muchas ocasiones, a la más acientífica de las brujerías. Y en cualquier caso los éxitos se celebraban decapitando al responsable y los fracasos no existían.

LLEGÓ EL COMANDANTE

El peculiar caso cubano, que surge para la Historia en la mitad del siglo XX, en el momento álgido de los ministros del interior, ha logrado sobrevivir con estimable salud, mal que les pese a sus numerosos enemigos, hasta el día de hoy. Y eso que estamos ya en el octavo año del tercer milenio.
La isla de Cuba, con 11 millones de habitantes en el interior, casi dos millones lejos de sus incomparables palmeras, una primera y casi única industria nacional, el ejército y el sistema nacional de seguridad con más de un millón de empleos directos y casi otro millón de empleos inducidos, se acerca al momento del cambio, aunque con 50 años de retraso. Si vale el ejemplo de lo que ha sucedido en el bloque socialista, esos cuerpos de seguridad hipertrofiados han acabado siendo, no sólo la élite que ha terminado gestionando lo que ya gestionaba, sino una inagotable fuente de problemas para… los actuales ministros del interior. Los hijos pueden comerse a Saturno si éste da muestras de flaqueza y si además tuvo muchos, demasiados, y muy chulos.
La demora en el acceso a la modernidad, si es que esto nuestro lo es, tendrá como única ayuda la de haber sido testigos de los errores y oportunidades que han vivido en los últimos 20 años todos los países del bloque socialista en sus abruptos tránsitos hasta la integración en el bloque que durante tantos años se consideró enemigo. Todavía incompleta en más de un caso y más o menos traumática en todos.

INDIGNOS EJEMPLOS

A los pocos días de la Revolución de los Claveles en Portugal, de la muerte de Franco en España o de la caída del muro de Berlín, muchos de los simpatizantes de las respectivas poblaciones sojuzgadas en el interior de esos países/cárcel comenzaron a decepcionarse al ver que no había venganza. Las poblaciones oprimidas no se sublevaron ni hubo disturbios de la magnitud que los ¿bienpensantes? amigos del exterior esperaban. Ni se quemaron iglesias o cuarteles ni se fusilaron curas en unos casos, ni se persiguió a policías torturadores por las calles en otros. Para esas poblaciones sojuzgadas el sueño era el acceso a la normalidad y ese sueño se convierte en pesadilla si hay violencia. Se juzgó a los que se hacía imprescindible, con cara de asco se concedieron perdones escandalosos, pero no corrió la sangre.
Uno de los ejemplos más tristes, que afecta o implica a los bienpensantes solidarios del exterior, lo dieron los disidentes de la Unión Soviética, (¿quién se acuerda hoy de Sajarov o de todos aquellos siquiatrizados forzosos tal vez interrogados por un joven y ambicioso agente de la KGB que podría perfectamente llamarse Putin?).
El único grupo organizado que hizo frente a la nomenclatura desde el interior y que recibió el correspondiente maltrato policial (no olvidemos que Putín alardea de su kárate y en esos años era un impulsivo joven agente de la secreta) fue olvidado, marginado y recluido en el basurero de la historia por las nuevas clases emergentes surgidas en forma de mafias o familias y provenientes todos de la única organización que realmente estaba organizada, el partido comunista. Y, eso es lo más triste, más olvidados y marginados aún, por quienes desde el exterior se desvivían sólo unos años antes por sus padecimientos en el interior.
Los antiguos cuadros y los jóvenes emergentes formados por ellos, fueron los únicos con capacidad de organización, con medios y con contactos para hacerse cargo de todos los sectores, desde la mafia de la prostitución, las drogas o las armas hasta la minería, la educación privada, la confección de ropa, los trasplantes de órganos o el mercado del alpiste para el canario. Eso es lo que tiene un partido que es papá y mamá a la vez, que sabe de todo y tiene gente para todo. De cómo se repartió el botín tienen también su parte de culpa quienes luego se escandalizarían, desde el exterior, por cómo se hizo.

CALMA “VERSUS” PASIÓN

Los que esperen una nueva revolución sobre la vieja puede que se decepcionen y en pocos años vean al mando de las empresas a gente con curriculums que semiocultan su pasado comunista, su pertenencia al aparato del que les veremos abominar, a concejales elegidos democráticamente con un sucio, turbio y sospechoso pasado de “cederistas” y managers del mercado cultural que ya dirigieron esas áreas en tiempos del mercado único del libro, el disco y el recital. Los procesos que lleven a esa situación dependerán de muchos factores, del interior y del exterior (otra vez dentro o fuera, arriba o abajo, Barrio Sésamo aplicado a la explicación de la vida de todos o la muerte de algunos, o de muchos).
Si los cubanos que viven en la isla y quieran seguir viviendo allí, se dotan a sí mismos de las suficientes dosis de autocontrol o cinismo como para cruzarse con indiferencia por la calle con chivatos, convivir con soplones o comprar en la tienda de cualquier otro tipo de repugnante personaje que producen estas excepciones a la aburrida normalidad de las democracias, y que en tiempos recientes les amargaron literalmente la vida hora tras hora y día tras día, se incorporarán al no muy digno pero sí inteligente club del que son socios sin saberlo desde portugueses a polacos y que incluye a argentinos, españoles, rusos, lituanos o chilenos. Lampedussa dará entonces por concluida la lección de El Gatopardo.

Di lo que quieras

Aceptar

Si quieres firmar tus comentarios, regístrate o inicia sesión »

En este espacio aparecerán los comentarios a los que hagas referencia. Por ejemplo, si escribes "comentario nº 3" en la caja de la izquierda, podrás ver el contenido de ese comentario aquí. Así te aseguras de que tu referencia es la correcta. No se permite código HTML en los comentarios.