Malos tiempos para la lírica. El enriquecido norte ha decidido dar un golpe bajo a la inmigración del empobrecido sur. Tal y como se demostró en la reciente campaña electoral española, el control de los flujos migratorios indeseados centra cada vez más la agenda política y mediática. Los gobiernos tratan de poner puertas al campo y los medios apoyan la regresión de los derechos humanos de los extranjeros criminalizando sus actuaciones y ofreciendo una visisión parcial y manipulada de su realidad.
Frente a la futura directiva europea sobre inmigración cada vez resulta más necesario una declaración de derechos de las personas que buscan un futuro mejor del que carecen en sus países.La política camina en sentido contrario.
En Italia, el nuevo gobierno neofascista de Silvio Berlusconi pretende crear un nuevo delito de inmigración clandestina que incluso causa repulsión en sus colegas europeos. Para ello les exige que cumplan con un mínimo de renta. Además va a pedir a la UE la suspensión del espacio Schengen para impedir la libre circulación de personas. Il Cavaliere quiere expulsar a los ciudadanos comunitarios no deseados, como los rumanos "porque entran en Italia para robar y atracar". Declaraciones como éstas encienden la llama de sucesos xenófobos como los ocurridos en Nápoles.
En el Reino Unido, el laborista Gordon Brown, cada vez más acosado por el ascenso del tory Cameron (fuente de inspiración de Esperanza Aguirre en España), ha presentado un paquete legislativo que recorta los derechos de los inmigrantes y aumenta sus obligaciones. A saber, sólo se admitirá a aquellos extranjeros que sean beneficiosos para el país y puedan contribuir con su trabajo al progreso económico. Además los nuevos tendrán que pagar un fondo a los ayuntamientos de las ciudades en las que vivan como compensación por los gastos que generan en ámbitos como los servicios sociales.
España tampoco está exenta de este tipo de políticas y declaraciones. Existen casos de dudosa legalidad internacional como la intención de la Junta de Andalucía, por ejemplo, de repatriar a los inmigrantes menores de 16 años, anteponiendo su condición de extranjeros a la de niños. Incluso la consejera de Igualdad y Bienestar Social, la socialista Micaela Navarro, realiza declaraciones tan frívolas como comparar a los menores inmigrantes con los alumnos Erasmus de la UE que estudian en las universidades andaluzas.
A pesar de todo, la conciencia civil en torno a la inmigración aumenta. La productora documental independiente A Ras del Suelo, tras debutar con su trabajo sobre el madrileño barrio de Lavapiés, trata ahora de buscar la financiación necesaria para rodar un nuevo audiovisual en este caso sobre los inmigrantes que tratan de acceder a España a través de Ceuta.
Según explican en su blog, el nuevo trabajo es un testimonio de "la desesperada situación de los 38 bangladeshíes huidos al monte de Ceuta, en Madrid diferentes organizaciones sociales reivindican su traslado a la península. Tras varias acciones exitosas y promesas de negociación por parte del gobierno, los inmigrantes vuelven al CETI y continúan con su vida en la ciudad, intentando ganarse la vida con pequeños trabajos a la espera de noticias de Madrid. Se permite a los primeros ocho el traslado a la península. Pero aún quedan 29 en esa cárcel a cielo abierto que es para ellos la ciudad de Ceuta".
Como reflexiona Eduardo Galeano en su último libro, "Espejos", quizás hemos olvidado que existió un tiempo remoto en que "el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras, y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido".
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