A todos los que aún saben distinguir el valor de las cosas que no tienen precio.
Existen lugares mágicos en este planeta moribundo, dicen por todas partes que debemos protegerlos y cuidarlos, preservarlos para las futuras generaciones de hombres y mujeres que pueblen este mundo y todos parecemos conformes con este pricipio de conservación, hasta que entra en juego el poderoso caballero.
Estamos tan acostumbrados a los precios que olvidamos su valor. Cuando nos dicen que están en juego los puestos de trabajo de un par de cientos de personas, solemos poner mala cara y preocuparnos por el futuro inmediato de sus familias y de nuestras hipotecas y gastos que vemos peligrar ante la inestabilidad laboral.
Pero les recuerdo que sólo el necio confunde valor y precio. Tendemos a la necedad con tal rapidez que nos cuesta pensar a medio plazo en el valor de lo que nos jugamos.
¿Cuánto cuesta un manantial de aguas cristalinas? Si embotellamos y transportamos nuestro manantial igual represanta una inmensa fortuna. ¿Cuánto pagaríamos por un lugar mágico en el que descansar del agobio de la vida diaria? Si se trata de un hotelito de alta montaña bien comunicado y situado en las guías de los mejores tour operadores seguramente pagaríamos una pequeña fortuna por tener participaciones en el negocio.
¿Cuánto dinero cuesta reconciliar nuestra alma con nuestro cuerpo y ser inmensamente felices? Si nos estamos refiriendo al Paraíso entonces el precio puede ser infinito.
Nuestra necedad es de tal calibre que renunciamos al Paraíso por unas pocas monedas que paguen nuestras hipotecas y satisfagan nuestros gastos mensuales en el supermercado de la vida.
Nadie en su sano juicio aceptaría tan mal negocio y sin embargo todos empujamos en dirección al desastre. Si estamos enfermos, si la razón no rige nuestras decisiones, si somos capaces de trabajar para nuestra propia ruína, deberíamos hacérnoslo mirar !
El paraíso se llama Parque Natural del Caurel, el negocio todos lo conocen, las canteras de pizarra y sus puestos de trabajo. Lo uno y lo otro son incompatibles: o escogemos las estériles escombreras en las que ya nada crecerá jamás, o apostamos por los soutos de castaños y las devesas de carballos fragantes y frondosas O lo uno o lo otro.
He aquí el dilema: ¿valor o precio?
Sin dudarlo ni un momento el Valor! Nadie que estuviera en su sano juicio dejaría pasar la oportunidad de salvar el paraíso con todo el valor que encierra para hombres y mujeres agobiados por las miserias cotidianas de la vida. Más que un territorio estamos hablando de un Sanatorio: un lugar en el que sanar alma y cuerpo para siempre ¿cuál es su precio?
Sea cual sea este precio deberíamos pagarlo, se lo debemos a nuestros hijos, se lo debemos a nuestros nietos, se lo debemos a los que construyeron con sus manos praderías y souteiras, se lo debemos a nuestros ancestros, a la memoria colectiva de todo un pueblo, se lo debemos a tanta y tanta gente que podrían llegar a perderlo, que apenas sí tocamos a poco más de un euro ¿Quién no quiere el paraíso por un euro?
No deseaba hablar de ellos, porque matan la alegría y nos llevan de la mano al sumidero de la vida, pero quizás tenga que hablar de ellos, de los únicos que no entienden de valor sino de precio, de los que mienten a las gentes para conseguir su triste beneficio, de quiénes llenan sus bocas con normativas de impactos ambientales en sórdidos despachos, de quiénes nos dicen que estamos instalados en un inmenso error, que la vida es otra cosa, que la vida consiste en pagar la triste hipoteca que ellos cobran
Tendremos que decirles a estos militantes del desánimo, que el Caurel sigue vivo todavía a pesar de sus intrigas palaciegas, tendremos que sentarnos en la vera del camino y esperar que pase de largo la triste comitiva funeraria de estos vendedores de tristezas ¿tendremos que gritarles a la cara su incompetencia manifiesta?
En otras latitudes hombres y mujeres tuvieron que tomar las misma decisiones: conservar el paraíso o abandonarlo para siempre. No lo dudaron jamás, conservaron aquello que les conservaba vivos, aquello que sanaba sus heridas, aquello que mantiene el manantial de la vida, conservaron cada casa y cada aldea, piedra a piedra levantaron con su alma las estrellas y todo volvió a renacer en aquellos paraísos perdidos...
Salir del dilema fatal: paguemos todos un precio por aquello que vale la pena salvar: Salvemos O Courel, Parque Natural, Reserva de la Biosfera, Paraiso Terrenal !
Para los otros, para los que no deseo ni nombrar, seamos generosos y reservemos un lugar para que descansen en los cementarios de esta tierra ancestral. Por virtud de esta tierra es posible que renazcan sanados de su propia crueldad, y cuando vuelvan a la vida serán hombres y mujeres felices recuperarando su mágica cantera otoñal.
Si quieres firmar tus comentarios, regístrate o inicia sesión »
En este espacio aparecerán los comentarios a los que hagas referencia. Por ejemplo, si escribes "comentario nº 3" en la caja de la izquierda, podrás ver el contenido de ese comentario aquí. Así te aseguras de que tu referencia es la correcta. No se permite código HTML en los comentarios.
Soitu.es se despide 22 meses después de iniciar su andadura en la Red. Con tristeza pero con mucha gratitud a todos vosotros.
Fuimos a EEUU a probar su tren. Aquí están las conclusiones. Mal, mal...
Algunos países ven esta práctica más cerca del soborno.
A la 'excelencia general' entre los medios grandes en lengua no inglesa.