El triunfo electoral está en manos de los votantes que aún no saben qué papeleta meterán en la urna: unos dos millones de españoles. Su ideología no encaja con el PP ni con el PSOE. La razón que les impulsará o les desanimará el próximo domingo, 9 de marzo, a bailar con la menos fea es una incógnita. Aunque ellos tienen claro el porqué de su desencanto.
Último vídeo del PSOE contra la abstención.
"Al PP ni lo contemplo, y votar a ZP, la verdad, es que me produce repelús". La confesión de un amigo durante una cena desata una avalancha de argumentaciones en estéreo sobre la falta de nivel de los dos candidatos con posibilidades reales de gobernarnos durante los próximos cuatros años. Después de dos horas de discusión entre los que lamentan tener que elegir entre dos perfiles tan mediocres, los que defienden que habrá que votar al menos malo, y los que se niegan a depositar su confianza en alguien que directamente les parece un insulto a la inteligencia, la conclusión es patética. Para los ciudadanos que creen en la democracia y no apoyan con devoción una causa política concreta, no existe un líder con gancho que les devuelva la ilusión en el Gobierno. El ejemplo, es algo más que una anécdota. Los sociólogos tienen requetestudiado este perfil. Son quienes desde la indiferencia, sin convicción, ponen y quitan a su antojo. Dos millones de personas, conocidas como centristas e izquierda volátil.
Suelen llevar en silencio su indefinición porque les aburren las charlas y moralinas que les llueven en cuanto se retratan. No se trata de anarquistas acérrimos que no creen en el sistema. En realidad, están en el mercado, dispuestos a dejarse seducir. Pero la evidencia demuestra que resultan un hueso duro de roer. En el año 2000, cuando el PP logró crédito para su segunda legislatura, tenían planes mejores que ir a votar, lo cual desembocó en la participación más baja de las siete elecciones generales que se han celebrado desde 1982, un 69%. El simple acto de pasotismo colectivo, propició que la derecha superara en un millón de votos a la izquierda, al perder esta, 2,7 millones de votos que no sumó ningún otro partido. En 2004, en cambio, esos 2,7 millones debían estar muy hartos. Lo cierto es que incentivados por la guerra de Irak, el 11-M o por las maneras de un crecido presidente del Gobierno, entre las razones más llamativas, sí votaron. Entonces tuvieron claro que querían un cambio en la Moncloa.
Históricamente, los datos hablan por sí mismos. Al PSOE le beneficia una alta participación y un voto bajo a IU. Lo contrario, resulta positivo para el PP, partido que además recibe todos los votos de la derecha. Mientras que los votos de la izquierda pueden ir a parar a otras alternativas a los socialistas.
Todos los partidos desean atraer a esta masa de individualistas, a los que a la vez, acusan de carecer de conciencia común y de un egoísmo exacerbado. No les comprenden, ni les tienen calados. Las presas fáciles para los partidos son quienes dedican el mínimo de tiempo a la reflexión y comulgan con sus medias verdades o compran su populismo a granel. Sin embargo, temen a los que posan sobre ellos una mirada crítica, por encima del hombro, porque un paso en falso en el acercamiento puede dar el voto por perdido. Apelar a los instintos básicos, a la cesta de la compra, al miedo o al buen rollo, falla. Hay incluso promesas como los 400 euros de Zapatero, que surten el efecto de 400 golpes. O temas, como el canon digital que incitan directamente a la rebelión popular y ahondan en la distancia hacía un líder inseguro que se pone de parte del poderoso olvidando quién le ha otorgado la capacidad de mando.
Los mal denominados indecisos, tienen muy claras sus exigencias y el baremo con el que miden al político. Para ellos el presidente es un trabajador al que se contrata vía votos para bordar su papel y si no satisface las expectativas que el electorado ha depositado en él, es decir, si no hace bien su trabajo se le despide. En las próximas elecciones se le manda a la oposición. No es una amenaza. Lo han hecho en repetidas ocasiones. La práctica consiste en votar en contra de, en lugar de a favor de.
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En el 96 voté contra Felipe, en el 2000 descansé, en el 2004 voté contra Aznar... Ahora creo que me toca descansar, porque... no se puede votar contra los dos, ¿verdad? +
Lo que más me jode cada vez que he votado en contra de, es que el ganador me incluya en el saco de los que han votado a su favor. +
Soitu.es se despide 22 meses después de iniciar su andadura en la Red. Con tristeza pero con mucha gratitud a todos vosotros.
Fuimos a EEUU a probar su tren. Aquí están las conclusiones. Mal, mal...
Algunos países ven esta práctica más cerca del soborno.
A la 'excelencia general' entre los medios grandes en lengua no inglesa.
Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Citar este verso de Machado no puede ser más ocurrente al hablar de Mariano Rajoy. Tras la renuncia de Zapatero y las voces que señalan que la estrategia popular podría verse dañada, es necesario preguntarse algo. ¿Ha hecho camino Rajoy? ¿Se ha preparado para ser presidente? Quizás la respuesta sorprenda.
En: E-Campany@
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“Algunos luchamos por tener los pies en suelo.” Lo decía ayer en su Twitter Raül Romeva, uno de los cuatro eurodiputados españoles (Oriol Junqueras, de ERC, Ramon Tremosa, de CiU, Rosa Estarás del PP y él, de ICV) que apoyaron la enmienda para evitar que el presupuesto comunitario de 2012 contemple los vuelos en primera clase de los parlamentarios europeos. No era una excepción. Lo escribía ahí porque es lo que hace siempre: ser transparente.
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Son los cien primeros, como podrían ser doscientos o diez. Lo importante es el concepto. La idea de tener unos días para llevar a cabo la transición desde la oposición al gobierno. Del banquillo, a llevar el dorsal titular. Nunca tendremos una segunda oportunidad de crear una buena primera impresión. Y los cien primeros días son esa primera impresión. Veamos su importancia.
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“Os propongo que sea el Comité Federal, en la próxima reunión que tengamos, después de las elecciones autonómicas y municipales, el que fije el momento de activar el proceso de primarias previsto en los Estatutos del partido para elegir nuestra candidatura a las próximas elecciones generales.” De esta manera, Zapatero ha puesto las primarias en el punto de mira tras anunciar que no será candidato a la reelección. Tras este anuncio, observamos algunas reflexiones sobre el proceso
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