Guatemala.- La violencia sistematizada que afecta a Guatemala y se cobra a diario un promedio de 16 vidas se ha convertido en el lastre del Gobierno de presidente Álvaro Colom y su nueva directora de Policía, Marlene Blanco.
En un hecho sin precedentes en la historia del país, Blanco ha sido requerida por la justicia para que rinda cuentas por las acciones emprendidas para atajar el crimen organizado y la violencia común de la que se da cuenta a diario.
El procurador de los Derechos Humanos (PHD) de Guatemala, Sergio Morales, consiguió que la Corte de Apelaciones del Ramo Penal fijara un plazo de 48 horas a Blanco -que venció hoy- para que entregara un informe detallado sobre la información que se le solicita.
Blanco, que asumió la dirección de la Policía Nacional Civil (PNC) hace apenas dos meses, apeló ese fallo ante la Corte de Constitucionalidad (CC) y consiguió dejar sin efecto el plazo, aunque debe cumplir con la petición del juez y rendir cuentas de sus actos al frente de la institución.
"La actitud de pasividad asumida por la PNC ante los hechos de violencia, es una violación de los derechos de protección a la persona y a la familia", adujo Morales en su petición.
Fuentes de la PNC aseguraron a Efe que "se necesita tiempo para procesar todos los datos" de la información requerida que, además, "por tratarse de temas de seguridad, no todos se pueden dar a conocer".
Rember Larios, subdirector de la PNC, recordó hoy a la prensa que la situación de inseguridad que vive el país no es un asunto coyuntural, sino un proceso de descomposición social que viene desde hace varios años, y que la institución no cuenta con los suficientes elementos para hacer frente a las bandas delictivas.
La seguridad de los 13,3 millones de guatemaltecos está a cargo de solo 7.000 agentes activos al día, ya que de los 18.000 elementos que integran las filas de la PNC, 4.000 están asignados a la protección de edificios públicos y los 7.000 descansan, según los turnos de rotación establecidos.
Esa situación permite a los delincuentes actuar con ventaja frente a las fuerzas de seguridad y se identifica como la principal causa de que el 98 por ciento de los delitos que se cometen en el país queden en la impunidad.
La sensación de inseguridad en Guatemala se ha incrementado en los últimos días por los múltiples asesinatos de trabajadores del servicio de transporte público, un aumento en los secuestros y las constantes acciones cometidas por grupos de narcotraficantes.
El pasado sábado, 15 nicaragüenses y un holandés fueron hallados muertos en el interior de un autobús en una desolada carretera del este del país.
Las investigaciones sobre esto hecho aún no han arrojado resultados, aunque fuentes del ministerio guatemalteco del Interior lo atribuyen al narcotráfico.
Los asesinatos de trabajadores del servicio de transporte colectivo, que en lo que va de este año suman más de 150 casos, según las autoridades, son cometidos por integrantes de las pandillas juveniles que los matan por negarse a pagar las extorsiones que les exigen.
El presidente Colom, en acto casi de desesperación, pidió ayer "paciencia" a los guatemaltecos, y responsabilizó de los alarmantes índices de violencia a las administraciones anteriores.
Su Gobierno, dijo Colom, hace esfuerzos para detener la ola de criminalidad, pero precisó que éste "es un problema de paciencia y de insistir en la institucionalidad" para lograr los objetivos marcados.
Pese a las presiones, Colom aseguró que logrará revertir los índices de violencia, y que cuando concluya su período, en enero de 2012, dejará un país más seguro del que recibió.
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A la 'excelencia general' entre los medios grandes en lengua no inglesa.
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Frank Luntz, el consultor político norteamericano que es un experto en el uso del lenguaje, usó como subtítulo de su libro más famoso una frase que es demoledora: no es lo que dices, es lo que la gente oye. Luntz constata algo muy cierto: en política, como en cualquier otro campo, cuando comunicamos lo hacemos para que alguien reciba el mensaje. Personas que, por sus motivaciones, reciben el mensaje de una forma distinta unos de otros. Pero es en política donde esta diferente sintonía del receptor toma una mayor importancia.
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