A Coruña.- El teniente general Andrés Cassinello (Almería 1927), director de los servicios secretos con el Gobierno de Adolfo Suárez y jefe Información de la Guardia Civil el día del golpe de Estado del 23-F , destacó que el espíritu de concordia fue lo que permitió la transición en España, tras la muerte del dictador Francisco Franco, y apeló a que ese espíritu vuelva a imperar entre las fuerzas políticas.
El teniente general Andrés Cassinello, director de los servicios secretos durante el gobierno de Adolfo Suárez y jefe de Información de la Guardia Civil cuando tuvo lugar el intento de golpe de estado del 23F, durante la entrevista mantenida con Efe con motivo de la presentación de su libro 'La turbulenta vida del Conde de Montijo'.
Cassinello, que el pasado jueves estuvo en A Coruña para presentar su libro "La turbulenta vida del Conde de Montijo", comentó, en una entrevista a Efe, como se desarrolló todo ese proceso y el papel que, de un modo u otro, desempeñó durante aquellos años.
Pregunta.- En su libro recoge la vida y obra de un personaje histórico como es el Conde de Montijo. ¿Cree que algún día protagonizará usted alguno?
Respuesta.- Espero que no (risas). Yo fui un segunda, un peón de brega. Nunca tuve un papel protagonista. Me tocó estar en muchos sitios, pero yo no he aportado nada. Estuve junto a Adolfo Suárez, pero quien hizo la transición fue él y no yo.
P.- En esa época tuvo ocasión de vivir la historia en primera persona. ¿Qué supone para usted?
R.- Es un sentimiento, primero de satisfacción, porque creo que hice lo que debía. Y luego, un sentimiento gratificante.
P.- Seguramente guardará, además de recuerdos, algún secreto de la transición.
R.- De la transición se sabe casi todo. Lo principal fue el espíritu de concordia. Hay una imagen que yo siempre cuento de Ortega y Gasset. Hay dos hombres antediluvianos que van avanzando el uno frente al otro en una gran llanura y cada uno tiene miedo del otro y al final, cuando se encuentran, se cogen de la mano y dice Ortega: "y entonces nació el saludo". La transición es exigencia. Están las razones del otro, que son las que nos enriquecen y no ir buscando ecos de nuestras propias opiniones. La decisión de que acaben sentados juntos el secretario general del Partido Comunista y el secretario general del Movimiento indica una razón de entendimiento, lo cual es muy importante.
P.- Además, supongo que en aquella época estar posicionado en un lado hacía ver con miedo la otra postura.
R.- Sí. Creo que lo que había era miedo al otro. Un poco la imagen de Ortega, con la sobrevaloración de las fuerzas del contrario. Posiblemente desde las fuerzas del Movimiento se veía al Partido Comunista como el del manifiesto de Marx y Engels, pero, al mismo tiempo que cada uno pensaba que el otro era muy fuerte, tenían conciencia de su propia debilidad y eso facilitó muchísimo el asunto de la Transición.
P.- Pero no fue sencillo.
R.- Sencillo no, pero fue generoso. Además, ya habían pasado muchos años. Los que vivíamos éramos ya los hijos de los muertos, no los que participaron. Ahora los nietos de los muertos están mucho más calientes.
P.- ¿Qué echa en falta de aquella época en la actualidad?
R.- Yo aspiro a que esa sensatez, ese deseo de encontrarse en el medio camino, acabe abriéndose paso en la política. Ahora vivimos una crisis económica terrible. En el momento de los Pactos de la Moncloa, pensar que Santiago Carrillo, Adolfo Suárez, Felipe González, Manuel Fraga..., que todos esos pensaban igual no es verdad. Había una inflación del 12 por ciento. El paro tenía unos números similares... Se sentaron juntos y, en vez de pelearse, buscaron una solución. Pelearse los unos con los otros no lleva a nada.
P.- ¿Cree que se ha desandado parte del camino iniciado?
R.- Yo lo que creo es que se ha olvidado esa actitud. Esa actitud acabará imponiéndose y cuanto antes mejor. Nadie tiene la verdad absoluta.
P.- ¿Qué papel jugó usted en los acontecimientos que se produjeron durante la transición?
R.- Yo fui un peón de brega, y los peones de brega nunca son matadores. Mí misión era saber, medir y contar.
P.- Pero para llegar al entendimiento la mesura es un factor determinante.
R.- Sí, pero había que tener un conocimiento también del otro. Yo tenía la misión de informar como era el otro.
P.- En su libro habla de un personaje histórico que usted califica de completo. Si tuviera que quedarse con un personaje histórico en la actualidad, ¿cuál elegiría?
R.- Me quedaría con Adolfo Suárez. Le tocó el papel más difícil. Además, tuvo un final como figura política espléndido. Él sentado en su sillón. ¡Y no le salió de las narices agacharse el 23-F! Adolfo Suárez coincidió con un hermano mío cuando hizo la milicia universitaria en el regimiento de Melilla. Yo, por aquel entonces, trabajaba en el Seced (Servicio Central de Documentación) y él me llamó y me hizo jefe de este servicio. Lo vi hace unos años, cuando ya estaba deteriorado físicamente. Me reconoció y me dio un abrazo muy cariñoso, pero ya no se enteró de nada de lo que le dije.
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