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Pizarro, no te cabrees que siempre te quedará Aragón

  • Marcelino Iglesias le propuso un "lo que quieras, Manolo" antes de ser fichado por Rajoy
  • La imagen del Pizarro cabreado desgasta sus posibilidades de regresar al sector privado
Por ANA R. CAÑIL (SOITU.ES)
Actualizado 30-04-2008 11:32 CET

Manuel Pizarro, el ex presidente de Endesa, ha pasado de fichaje estrella a convertirse en uno de los problemas estrella de Rajoy en plena transición del PP. Desde la noche electoral, Pizarro luce un cabreo in crescendo, que no se molesta en disimular ni en el Congreso, ni con los amigos, ni con la prensa. Tras la fuga de Eduardo Zaplana ayer a Telefónica, Pizarro está que trina. No hay más que ver las fotos difundidas tras la sesión. La cara del turolense, habitualmente un diplomático de la sonrisa y la buena educación, era un poema y una sorpresa para quienes estaban acostumbrados a tratarle durante los tres años de batalla en Endesa contra el Gobierno Zapatero.

Pizarro tiene un gran problema. Cuanto más salga en los medios de comunicación como el desubicado que es en el PP, más se complica su regreso a la empresa privada, sobre todo a una de las cinco grandes compañías del país. "No sería igual que el fichaje de Zaplana por Telefónica. Eso, por ejemplo, no lo puede hacer Francisco González, el presidente del BBVA. Un fichaje de un barón de renombre del PP le sería criticado e interpretado de manera muy diferente al que acaba de realizar Alierta", analiza un alto cargo de una de las grandes multinacionales españolas. ¿La diferencia entre uno y otro? "El presidente de Telefónica tiene hilo abierto con La Moncloa, a través del mismo Javier de Paz; mientras que González, desde el episodio del asalto a Sacyr, mantiene una fría y correcta relación con el Gobierno del PSOE", continuaba.

Aunque el tiempo de Pizarro para volver al sector privado se agota, siempre podría regresar a su "casa", su hogar, a Aragón. Nada más dejar la presidencia de Endesa, su amigo personal Marcelino Iglesias el presidente socialista de la comunidad aragonesa, le ofreció un "lo que tú quieras, Manolo". "Una fundación, una empresa pública, de consejero...", cuentan fuentes cercanas al presidente aragonés.

Y Pizarro lo estuvo pensando, porque si algo le animaba era pensar en su comunidad natal, en Teruel, en Zaragoza. Aceptando esta propuesta, obtendría cuantiosos ingresos, tendría la vida resuelta, y se marcharía a casa todavía con esa fama de haber hecho un gran favor a los 800.000 accionistas de Endesa, que con unas acciones que no alcanzaban los 20 euros se encontraron vendiendo a más de 45 euros en la mayoría de los casos, gracias a la resistencia numantina del de Teruel.

Todo ese capital personal y profesional lo dejó aparcado cuando aceptó la oferta de Rajoy, para sorpresa de muchos de sus amigos de la vida empresaria, que le habían oído razonar con lógica aplastante por qué no podía él entrar en política. Pero a Manuel Pizarro, el hombre que blandió como arma la Constitución del 78 ante cientos de espectadores, aún tiene tiempo para regresar a Aragón. Aunque no mucho. Cada día que pasa, su imagen en los papeles se devalúa.

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