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Un pueblo de Valladolid comercializa un vino dulce vendimiado en diciembre

EFE
Actualizado 16-08-2008 12:30 CET

La Seca (Valladolid).-  El municipio vallisoletano de La Seca ya no solamente es conocido por haber sido cuna de jugadores internacionales de fútbol como Eusebio Sacristán y Gregorio Fonseca, sino también por la producción de un vino dulce, de baja graduación, que se vendimia en tiempo de heladas.

Cuando a finales de septiembre las temperaturas extremas del estío castellano conceden un respiro, que habitualmente coincide con la finalización de la siega del cereal y la recogida de paja, el calendario agrícola sitúa el momento de vendimiar la uva en todo el mapa vitivinícola de Valladolid excepto en media hectárea situada en el pago denominado del Pozo de la Nieve, en La Seca (Valladolid).

Este es el lugar reservado para la producción de un caldo, elaborado con la uva de la variedad verdejo característica de esta zona adscrita en la Denominación de Origen Rueda, donde esperan hasta las primeras heladas del mes de diciembre para vendimiar y luego elaborar un producto único en España.

"La cosecha de 2006 tuvo que salir antes de tiempo debido a la demanda y la de este año ya la tenemos toda vendida", ha explicado hoy a Efe la directora de la Bodega "Vidal Soblechero", Alicia Vidal, quien ha destacado la perplejidad de una clientela acerca de un vino verdejo de tan baja graduación.

La idea de elaborar esta clase de caldo surgió cuando la bodega comenzó a exportar a Canadá, país donde les regalaron una botella de vino de hielo que les gustó.

"Al principio fuimos un poco escépticos porque no sabíamos muy bien cómo iba a resultar este experimento en España, pero tiramos para delante y buscamos una fórmula para mantener la uva desde septiembre hasta diciembre", ha señalado Vidal.

Se trata de un método que no es otro que el utilizado por los agricultores de la zona de Calanda (Teruel) para mantener el melocotón, o en las tierras alicantinas del Valle del Vinalopó para mantener la uva de mesa que se comerá en la noche de fin de año.

Consiste en grapar una bolsa al racimo pero dejando libre la parte superior e inferior para que el fruto pueda transpirar y absorber la humedad que pueda generar la lluvia, a la vez que impedir la presencia de insectos y pájaros, pese a lo cual la bodega dispone de un halcón para ahuyentar a los pájaros.

La estrategia radica en esperar hasta las primeras heladas de la temporada hasta que se detecte una secuencia de dos días con heladas, a partir de los cinco grados bajo cero, momento indicado para comenzar la vendimia a mano.

"Se vendimia sobre las cuatro o las cinco de la madrugada, cuando la helada está en su punto más alto, ya que la uva no hay que cogerla fría, sino congelada", ha explicado la directora de la bodega.

Una vez recolectado, el fruto pasa a una prensa vertical que lo corta para extraer el mosto. La uva en esta fase se encuentra mucho más concentrada que la vendimiada durante el mes de septiembre, por lo que tiene una graduación alcohólica de 26 grados, mientras que en condiciones normales puede ser de 13.

Superado este proceso, el caldo pasa a la fermentación durante tres meses, su graduación baja hasta los ocho grados y de ahí pasa al depósito durante un año hasta el embotellado.

El resultado "es un vino dulce, con una graduación baja, con múltiples aromas frutales, sin ninguna oxidación y con mucha acidez", ha concluido Vidal.

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