Rumanía hace campaña para mejorar la imagen de sus paisanos en Europa. Y esto no es nuevo. No se trata sólo de la campaña publicitaria recientemente vista en España, sino también de medidas oficiales para la integración. "Lo que quieren los rumanos es vivir como europeos comunes en nuestro país o en otro cualquiera de la comunidad europea", explica a soitu.es el presidente rumano, Traian Basescu.
Gran cantidad de rumanos se marcharon de su país al caer el socialismo. Hoy muchos continúan cambiando de lugar, mientras otros quieren quedarse en su país de adopción y tener un trabajo digno, y otros tantos pretenden volver. Así ocurre con los integrantes del grupo folclórico Romanasul. Unos llegaron a España hace un año y otros, hace 20. Ya suman 25 integrantes que cantan, tocan y bailan, pero también trabajan en la construcción o en la limpieza para garantizar el sustento de su familia. Marinica Schiopu lleva seis años en Madrid tocando el violín en bares, terrazas y en el metro. No tiene un empleo y casi no habla español, pero aún así piensa que aquí está mejor que en su país: "Vivo con mi hija, que también trabaja aquí, porque no vemos opción de volver ahora", cuenta.
En el lado contrario de esta moneda, está Lenuta Purja, cantante del grupo tradicional, que llegó hace un año y en enero pretende volver a Rumanía. "Ya ahorré lo que quería y llega el momento de volver a casa", dice Lenuta. La artista es mediadora cultural en su país y aquí, además de hacer presentaciones con el grupo, trabaja limpiando y planchando. "Aquí gano 10 veces más, soy viuda, y tengo un hijo estudiante de música que mantener. Pero vuelvo porque me gusta trabajar con mi cultura", comenta.
Sin embargo, los que quieren volver, en general, no tienen "información sobre los puestos de trabajo o los sueldos ofrecidos en Rumanía", afirma Petre Roman, alto comisionado de Rumanía para la Emigración. Pero para quienes desean quedarse, la idea es que puedan también integrarse en las sociedades donde viven. Por ello, existen medidas oficiales de común acuerdo, principalmente con Italia y España, los países donde hay más rumanos. En cada ciudad importante, existen Centros Hispano Rumanos, que son quienes llevan a la práctica estas medidas de integración. Por ejemplo, en lo que se refiere a educación, se imparten cursos de lengua rumana (hay 37.300 niños escolarizados en lengua española) y se desarrollan medidas para que los inmigrantes vuelvan a su país a cursar la universidad.
En cuanto al empleo, en estos Centros Hispano Rumanos, se imparten cursos de formación profesional. Y, curiosamente, aquí los rumanos españoles demuestran ser mucho más emprendedores "que los rumanos de otros países". También existe orientación jurídica, psicológica o financiación de proyectos culturales y eventos que divulguen la cultura rumana, como el grupo Romanasul, que ensaya los domingos en la embajada de Rumanía en Madrid. "Con eso, queremos que nuestros paisanos no pierdan las raíces de nuestra cultura", explica Traian Basescu.
Pero, pese a su importancia, no todo se consigue con cursos. Aún hay barreras importantes para la integración. Una de las más importantes, la moratoria de trabajo que estará en vigor hasta el 31 de diciembre de 2008. En el Forum Europa 2008, que tuvo lugar en Alcalá de Henares, el consejero de Inmigración, Javier Fernández-Lasquetty, pidió en nombre de la Comunidad de Madrid "que no prorrogue injustamente la moratoria de libre circulación para los rumanos y en enero de 2009 sean ciudadanos europeos de pleno derecho". En España, viven más de 700.000 rumanos, la mayoría de los que residen en la Comunidad de Madrid están en Alcalá de Henares y Coslada.
En Italia, en cambio, a pesar de las charlas entre los ministros italianos y los de Rumanía, muchos rumanos trabajan ilegalmente y tienen sueldos bajos. "Somos la forma de esclavitud moderna, pero nos vamos a organizar para que eso se acabe", cuenta indignado el representante de la Federación de Rumanos de Italia en el Forum Europa 2008. En Italia se ha institucionalizado una política general de xenofobia y racismo contra los inmigrantes y, principalmente contra los gitanos inmigrantes.
"Ya no se siente la presencia de rumanos en ciudades grandes de Italia como Roma", afirma Gal Iosif Onidiu, del Gruppo Associativo Lavoratori de rumanos que viven en Roma. Al revés de lo que dice el ministro del Interior de Italia, Roberto Maroni, no hay una huida en masa de gitanos rumanos para España. "Algunos, asustados con la política de Berlusconi, se van a otras ciudades en Italia; otros vuelven a Rumanía; y otros vienen a España, pero su volumen es imperceptible, porque se van principalmente a las casas de conocidos o parientes", explica Paco Santiago, coordinador de la Unión Rumaní en España.
Los que vienen a España son principalmente gitanos, pero es difícil saber exactamente cuántos viven aquí, porque muchos no están censados. Se estima que sean 20.000 personas. Además, no se puede decir que los rumanos gitanos tengan todos las mismas características, pues sus costumbres se diferencian según su ocupación. "Son muy diferentes. Están los gitanos plateados (que cambian oro); los que viven aquí y muy integrados como la comunidad rumana; y los que piden y vienen normalmente del sur de Rumanía....". Y éstos son sólo algunos de los grupos que podríamos establecer, según explica Gheorghe Gainar, presidente de la Asociación Cultural de Ayuda e Integración al Pueblo Rumano.
Los que piden son la minoría, según las asociaciones. Un total de 89 asentamientos gitanos en toda España pertenecen a personas oriundas del Este europeo, según el Mapa sobre Vivienda y Comunidad Gitana 2007. Pero ese total es de todo el Este, o sea que los rumanos representan un número aún más pequeño. A pesar de ser pocos, los rumanos nómadas tienen muchas dificultades de adaptación, por la barrera de la lengua, y por no tener (o no querer) trabajo. "Esos son los que hacen la mala fama de los rumanos inmigrantes", dice Gainar.
Esto es lo que ocurre en comunidades como la que está asentada ahora en el norte de Madrid, el Árbol del Ahorcado (San Sebastián de los Reyes), que es considerada 'peligrosa' por los vecinos, que han exigido la presencia de la policía.
Políticas de ayuda hay, pero "cuesta mucho trabajo enseñarles que existe otro tipo de vida, que no precisan ser delincuentes, ni robar, ni pedir", cuenta Daniela Radu, de la Asociación Rom Madrid de gitanos. Según ella, es difícil alfabetizar a los niños, porque las familias no saben lo importante que es. Sin embargo, aún así el 70% de los niños gitanos va al colegio. También está previsto un programa para vacunar a los habitantes rumanos de los asentamientos en Italia y España. "Esperamos el dinero del Gobierno rumano para atender a nuestros ciudadanos", dice Radu. La Seguridad Social podría vacunar los gitanos rumanos, pero muchos no tienen documentos, por eso no están empadronados y no tienen acceso a las vacunas.
La situación de los gitanos españoles es bastante diferente. Se calcula que hay entre 500.000 y 600.000 gitanos en España, instalados principalmente en Andalucía. Hoy son más sedentarios que hace pocos años y la mayoría se ha instalado ya en viviendas (el 88,1% vive en viviendas unifamiliares y colectivas y sólo un 3,9% lo hace en infraviviendas como chabolas o cuevas) conseguidas por medio de las ayudas oficiales. Además de eso, muchos ya tienen empleo. Sin embargo, pese a todo, su imagen aún sigue quemada.
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