Había una época en que los equipos formados por voluntad, pocos recursos y mucho coraje también luchaban por los triunfos contra los todopoderosos oficiales. Escuderías privadas, o independientes, les llamaban. Y uno de sus emblemas fue Rob Walker, heredero de la famosa destilería que lleva su apellido. Su afable carácter jamás se tradujo en coronas mundialistas, pero gracias a Stirling Moss consiguió ganar el GP de Mónaco de 1961 y, de paso, regalar a Lotus su primer triunfo en un GP. Hoy, Brawn GP ha emulado la gesta de Rob y nos da serias esperanzas de futuro para la F-1. ¿Estamos ante la era de los modestos? Ah, y señores de Honda, ¿se han dado cuenta de la dimensión de su error?
Sebastian Vettel (Red Bull-Renault) y Robert Kubica (BMW Sauber), abandono: El choque en la fase final de la carrera arruinó un importante resultado para ambos, además de una sanción económica para Vettel, quien tendrá que salir diez puestos por detrás de la 'pole' que logre en Malasia. Como hemos podido comprobar, los coches pueden rodar más juntos que antaño, pero al hacerlo con alerones más grandes, esta pieza es más susceptible a las roturas que antaño. Incidentes al margen, bravo por los dos.
Sebastian mantuvo siempre en el horizonte de los cinco segundos al Brawn GP de Button, consiguiendo igualar sus cronos a pesar de tratarse de un monoplaza netamente superior. A razón de lo visto hoy, el alemán puede ser un serio candidato al título. En cuanto a Kubica, el polaco fue de menos a más. A pesar de rodar sin KERS (el polaco es el piloto más alto de la parrilla, y su elevado peso impide a los ingenieros montar el aparato sin perjudicar el reparto de masas del coche; Heidfeld, en cambio, sí puede llevarlo), estuvo siempre en tiempos competitivos y demostró la agresividad que tanto le caracteriza en la fase final de la carrera. Anoten su nombre en las agendas.
Por cierto, un detalle. De haberse aprobado la norma de "las victorias" impulsada por Max Mosley, el duelo entre Vettel y Kubica quedaría algo "desincentivado". ¿Para qué pelear por ser segundo si lo que cuenta es ganar?
Force India ha dado un gran salto adelante en materia de competitividad con la adición del motor Mercedes. Este año, los puntos dejarán de ser una quimera, siempre que sus pilotos no cometan errores de novato como el de Fisichella en el primer repostaje. El italiano se pasó de largo su zona de detención y tuvo que ser auxiliado por sus mecánicos... y todo ello el día de su 200 GP.
Ferrari revivió su calvario de 2008 con un fallo mecánico (Massa) y un accidente estúpido (Räikkönen). El brasileño volvió a estar muy por encima de su compañero, que parece igual de acomodado y despistado que la temporada pasada. Queda mucho camino por delante, pero Kimi tendría que ponerse las pilas si no quiere verse obligado a soportar constantes titulares encabezados con las palabras "Fernando Alonso..."
Adelantamientos: Un primer análisis triunfalista nos lleva a pensar que en Australia vimos más adelantamientos que en temporadas anteriores. Sin embargo, no podemos dejar de lado que el Albert Park es, junto a Canadá, uno de los trazados más permeables a esta clase de maniobras. Zonas rápidas constantemente jalonadas de fuertes frenadas son el ingrediente ideal para ello. En Sepang valoraremos más detenidamente si lo de hoy es una realidad o una falsa apariencia.
TV3: La cadena catalana firmó una retransmisión brillante. Josep Lluís Merlos y los suyos repescaron la pasión por la F-1, sin más. Ni el empalagoso alonsismo de La Sexta (recordemos que Fernando está en nómina de la cadena por sus "exclusivas entrevistas"), ni el antialonsismo que se acostumbraba a achacar (la mayoría de veces con razón) a TV3. Merlos evidenció cómo de grande y entretenida puede ser una retransmisión con un apasionado y entendido en la materia al frente. Si a todo ello le sumamos los interesantísimos comentarios técnicos de Joan Villadelprat, a la par en cuanto a calidad por los demostrados por Pedro Martínez De la Rosa hasta la fecha, miel sobre hojuelas. En el otro platillo de la balanza, quizá el papel algo secundario (y a veces poco justificable) de Francesc Rosés y, especialmente, Francesc Latorre, y la reportera de boxes, Laia Farré, que volvió a demostrar serios problemas para hilvanar un discurso improvisado en antena y, más aún, no ofreció información demasiado relevante para el espectador.
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