Miles de matrimonios se celebran cada año en Tailandia entre hombres occidentales y mujeres tailandesas. Pequeñas y aparentemente inofensivas mujeres capaces de provocar verdaderas pasiones en los occidentales ..¿Son las mujeres tailandesas realmente tan irresistibles y seductoras? ¿Por qué?
Estoy sentada en un tranquilo café de Thonglor. El titular, aparentemente irrelevante, de un periódico cualquiera capta mi atención: Un estudio publicado por la Universidad de Khon Kaen, en el Noreste de Tailandia, estima en un 15% los matrimonios compuestos por hombre farang (occidental) y mujer tailandesa en esta zona del país. Me pregunto a cuanto ascenderá este porcentaje en el caso de Bangkok, pero me basta con levantar la mirada y reparar en la gran cantidad de parejas formadas por farang y tailandesa que pasan por mi lado, para comprender que la cifra debe ser muy similar.
Ahora recuerdo que Astrid me ha contado que ser mujer occidental y soltera en Tailandia, como es su caso, es a veces frustrante, porque toda la atención masculina (extranjeros y locales) gira en torno a las tailandesas. Y que según Kirsten, en las reuniones de mujeres americanas hay un tema de preocupación latente: el peligro de las tailandesas, o mejor dicho, la atracción que los maridos sienten por las chicas tailandesas. Un simple vistazo en Internet revela innumerables historias en las que farangs caen rendidos ante la magia y exotismo de estas mujeres. Hombres supuestamente con una vida normal que son capaces de dejar todo para instalarse en el País de las Sonrisas con sus tee rak (amorcitos).
Creo que ha llegado el momento de hacer una reflexión sobre LA MUJER TAILANDESA. Porque, ¿son realmente tan especiales y arrebatadoras? ¿Es la mujer occidental, hoy por hoy, incapaz de competir con ellas? Y lo más importante en mi caso ¿corro el riesgo de que mi marido quede subyugado por una de ellas y me abandone precisamente ahora que he conseguido que me mantenga? ¡Uf! ¡qué estrés! Empecemos el análisis:
Si la mujer tailandesa destaca por algo es sin duda por su feminidad. Y es que, un simple vistazo basta para descubrir una mujer menuda, delgada, de cuerpo armonioso, cabello largo cayendo a la altura del hombro son como princesitas del siglo XXI.
Pero tras ese aspecto aniñado y aparente espontaneidad, me consta que en realidad no hay nada en su aspecto dejado al azar. Los tacones que día y noche lucen me confirman esta sospecha. Y aunque resulta muy femenino, lo confieso, me pregunto, ¿cómo consiguen hacerlo en Bangkok? Porque caminar en esta ciudad es lo más parecido a hacer trekking urbano que conozco. Pero allí están ellas, subidas en su taconazos, contoneándose grácilmente, esquivando un perro o saltando un charco, ¡cómo si en vez de tacones llevaran botas de montaña!.
En definitiva, la mujer tailandesa nada tiene que ver con el perfil típico de una mujer atractiva en Occidente: curvas marcadas, voluptuosidad a lo Scarlett Johansson Esconde tras su aparente fragilidad una sensualidad que aunque mucho menos explícita resulta a la larga realmente avasalladora. O al menos eso parece.
El segundo rasgo característico, y a mi juicio el más importante, tiene que ver con el rol que la mujer tailandesa asume dentro de la pareja. Una chica tailandesa sabe como hacer feliz a un hombre. Se preocupan por tu bienestar y no por imponer su opinión como ocurre en el caso de la mujer occidental, es el revelador comentario de un ejecutivo mitad tailandés mitad americano, profundo conocedor de ambas culturas.
Y es que hoy por hoy la mujer ocupa en la sociedad tailandesa una posición cultural inferior a la del hombre. Un conocido proverbio tailandés recuerda que los hombres son las patas delanteras del elefante y las mujeres las traseras. La educación mas tradicional, por tanto, se centra en reforzar este papel secundario de la mujer a expensas siempre del hombre al que habrá de cuidar y respetar.
Esta actitud queda perfectamente ilustrada en el libro Novio extranjero, Marido Extranjero auténtica Biblia de la mujer tailandesa decidida a cazar un marido farang. Hay que estar siempre bonita, practicar el sexo siempre que él lo requiera, no ser demasiado exigente y hacer todas las tareas de la casa es el decálogo que resume el comportamiento perfecto para que un farang caiga rendido incondicionalmente. ¡Y parece que funciona!.
Llegado a este punto, cabria preguntarse lo siguiente: ¿el hombre se siente mas cómodo en su papel de protector del supuesto sexo débil? ¿Es éste cada vez más inseguro en relación a una mujer fuerte e independiente y necesita a alguien dócil y vulnerable? En definitiva, ¿Estamos ante una vuelta atrás en lo que ha sido un largo camino de la mujer en conseguir una relativa igualdad en sus relaciones?
Son muchas las preguntas que me hago y difíciles las respuestas. En todo caso, parece confirmado que sí, la mujer tailandesa es realmente un peligro. Así que, por si acaso y para evitar males mayores, me propongo llevar a cabo un plan de acción urgente:
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