A nadie le gusta trabajar en fin de semana. Y aún menos, es fácil imaginarlo, si el termómetro marca 25 grados bajo cero. Aun así, este grupo de trabajadores de la planta de procesamiento de madera de Novoyeniseisk, unos 300 kilómetros al norte de la localidad siberiana de Krasnoyarsk, han tenido que acudir a su puesto.