¿Es el estreno de la película Milk de Gus Van Sant en San Francisco 30 años después del asesinato del concejal del ayuntamiento que le da nombre, una muestra de que los tiempos han cambiado?
Estreno de Milk en el cine Castro de San Francisco (Elia Varela Serra)
Ayer se cumplieron 30 años desde el asesinato de Harvey Milk en el ayuntamiento de San Francisco, del que fue concejal entre 1977 y 1978. Fue uno de los primeros políticos abiertamente homosexuales en los Estados Unidos, o según la revista Time el primer hombre gay elegido para un cargo político de peso en la historia del planeta. Dan White, otro concejal del ayuntamiento despechado por no serle devuelto el cargo después de dimitir, le disparó varias veces en su despacho después de haber hecho lo mismo con el alcalde George Moscone.
Ahora Gus Van Sant ha convertido la historia de la ascensión y caída de Milk en una película del mismo título protagonizada por un Sean Penn de seguro camino hacia los Oscars. La película, cuyo estreno en España está previsto para el 9 de enero, se estrenó este miércoles de manera limitada en algunos cines como el mítico Castro de San Francisco, antes de estrenarse en todo el país la semana que viene. Y allí tuve la ocasión de verla en un pase especial el martes, entre la concentración multitudinaria de parejas del mismo sexo digna del día del orgullo gay. La cola rodeaba la manzana por los dos lados del cine, que además de ofrecer el primer pase público de Milk en la ciudad, también es uno de sus protagonistas y símbolos del barrio más gay de San Francisco.
La película empieza con Harvey Milk haciendo una grabación por si alguien lo asesina, en una narración sobre su vida política que va a servir de hilo conductor de la historia. Todo empieza durante la primera mitad de los '70 con la llegada de Harvey Milk a San Francisco con su novio reciente Scottie, que había conocido en el metro de Nueva York y que le había animado a salir del armario. Allí se instalan en el bonito barrio de Castro en el valle de Eureka, nombrado en honor a José Castro que fue el gobernador mexicano de la Alta California del 1835 al 1836, y abren una tienda de revelado de fotos.
Durante los años '70 el barrio, que había sido tradicionalmente obrero y de mayoría irlandesa católica, experimenta una creciente migración gay y con ello Milk se va implicando cada vez más en el activismo político por los derechos civiles de la comunidad LGBT. El grueso de la película muestra sus años de hacer campaña para ser elegido concejal del ayuntamiento, hasta que finalmente lo consigue en noviembre del 1977. Antes de su asesinato, el momento culminante de la película es su discurso del día del orgullo gay de 1978, en el que usa una retórica sobre la importancia de la esperanza claramente parecida a la que llevó a Obama a la victoria. De hecho, sus últimas palabras ante la grabadora son hay que darles esperanza, hay que darles esperanza.
Me pregunto si la película tendrá una recepción tan unánimemente positiva como en San Francisco en otras partes del país, o incluso del estado, sobretodo después de que hace tan sólo tres semanas California votara a favor de la Proposición 8 para prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo (legalizado tan sólo desde el pasado mayo). Aunque la intolerancia hoy esté oculta bajo varias capas de corrección política, los tiempos que vivió Harvey Milk no parecen tan lejanos después de este tipo de proposiciones para hacer retroceder los derechos de un grupo de la población, por lo que puede ser útil refrescar la memoria colectiva americana sobre su figura y su asesinato.
El alcalde George Moscone, de hecho la víctima principal del asesino de Milk, aparece en la película como un personaje totalmente secundario sin apenas líneas de diálogo, aunque su asesinato también tuvo un profundo impacto en la historia de San Francisco y ahora el centro de convenciones de la ciudad lleve su nombre. Pero en la película el protagonista absoluto, el auténtico héroe que muere por la causa es Harvey Milk. Y aunque a ratos cae en el más puro biopic hagiográfico, es ciertamente insólito ver a un personaje como Harvey Milk encarnando al ideal del héroe americano en una película protagonizada por un actor de primera línea como Sean Penn. ¿Será que en esta era post-Obama, los tiempos están realmente cambiando?
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