Estos días el Parlamento Europeo está debatiendo el papel de las lenguas, en la enseñanza, en las relaciones con las instituciones. Es un tema de gran importancia, del que, como es habitual, la prensa española sólo ha recogido la polémica de consumo interno, es decir, la batalla sobre las lenguas en España.
Ljudmila Novak, parlamentaria europea
Sin embargo, el problema de las lenguas oficiales europeas tiene mucha más importancia que la mera anécdota, ya que provoca gravosas consecuencias sobre la forma en que se lleva a cabo la construcción de la Unión Europea. Numerosas voces se han alzado contra la política lingüística de las instituciones europeas, que en teoría respeta la diversidad existente en Europa, considera iguales todas las lenguas oficiales de los estados miembros y promueve el uso de las llamadas lenguas regionales y minoritarias, pero que en la práctica avanza de forma inexorable hacia el uso preferente del inglés como lengua de trabajo de las instituciones europeas.
Podríamos multiplicar los ejemplos, pero vale uno significativo: en este mismo momento, la versión en castellano de la web sobre multilingüismo de la UE muestra sólo noticias en inglés. Casi más grave, si desde esa página se quiere acceder a ayudas o becas, el enlace sólo funciona en esta lengua.
Las numerosas contradicciones han llevado a la propia UE a considerar diferentes iniciativas, entre las que destaca el nombramiento de un Comisario de multilingüismo, el rumano Leonard Orban, aunque hasta la fecha los resultados de su actuación han sido escasos. Otra iniciativa apreciable fue el Informe que un Grupo de Sabios encabezado por el escritor Amin Maalouf elaboró con el título Un reto provechoso. Cómo la multiplicidad de lenguas podría contribuir a la consolidación de Europa. Por el momento, tales iniciativas parecen más un lavado de cara que un verdadero compromiso por la democracia lingüística.
Uno de los lugares donde las contradicciones son más evidentes es el Parlamento europeo, que debe respetar de forma aún más rigurosa el pluralismo lingüístico, y donde los cascos de traducción son parte del paisaje cotidiano. No es extraño que sea en esta Institución donde más a menudo se plantean los conflictos relacionados con las lenguas.
Pues bien, durante estos días la Comisión de Cultura y Educación del Parlamento Europeo ha estado debatiendo una moción sobre «Multilingüismo: una ventaja para Europa y un compromiso compartido», bajo la iniciativa del parlamentario portugués Vasco Graça Moura.
Una de las enmiendas más destacadas ha sido la presentada por la eslovena Ljudmila Novak, perteneciente al Grupo Popular, pidiendo que se considere la introducción del esperanto como una lengua común de la UE, dado que «el principio de la igualdad de derechos no puede ser garantizado por el uso de una lengua nacional (el inglés) como lingua franca. »
Sugiere además que, al tiempo que se mantiene el uso de las lenguas, se respeta la diversidad y se promueve el estudio de varios idiomas, «se considere la posibilidad y utilidad de la introducción en la UE de una lengua construida común, como el esperanto. Sólo esta lengua podría facilitar la comprensión mutua entre los europeos y los habitantes de otros continentes, porque es fácil de aprender y usar. »
Aunque la propia parlamentaria, en respuesta a una entrevista del diario en red en esperanto Libera Folio, admitía la dificultad de que la propuesta prosperara, la consideraba útil para iniciar un debate sobre los problemas de idioma y el posible papel del esperanto.
Según recoge ABC, Ljudmila Novak ha recibido el apoyo del parlamentario radical italiano Marco Cappato, cuyo partido ya había presentado mociones favorables al esperanto en anteriores ocasiones. También la popular polaca Małgorzata Handzlik se ha mostrado activa en numerosas ocasiones en la promoción del esperanto como lengua válida para Europa y sus instituciones.
El apoyo al esperanto crece dentro de Europa. Si hace unos años una moneda común europea parecía una utopía, hoy sus ventajas son evidentes. El caso de la lengua es diferente, porque no hay necesidad de que las lenguas nacionales desaparezcan en el proceso, pero la analogía vale como ilustración de la fuerza que se adquiere cuando existe el deseo de trascender las fronteras. Y, sobre todo, porque la situación alternativa, la que comporta la hegemonía de una sola lengua, el inglés, no es sostenible si se quiere consolidar un espacio europeo común.
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