MADRID.- Las elecciones generales son igual de divertidas, de aburridas o de indiferentes en todos los sitios, dependiendo de la pasión por la política de cada ciudadano. Pero para los partidos no siempre está en juego lo mismo.
Los partidos han puesto en marcha toda la maquinaria electoral.
Ejemplos, un grupo de ocho provincias, que ha variado su representación parlamentaria desde las últimas generales del 2004, son un curioso quebradero de cabeza y un reto para los "gurús" electorales de cada partido o para los expertos de las empresas demoscópicas.
Estas ciudades se han convertido en un objetivo primordial para los partidos, especialmente para los dos grandes, que aspiran a quedarse con el nuevo escaño en las provincias que han crecido, a no ser ellos los que resten de sus grupos el diputado menos que le corresponde a Córdoba, a A Coruña o a Vizcaya. Así, mientras los sondeos interiores de los socialistas dan por hecho que el escaño que van a perder en Córdoba lo van a ganar en Almería, los populares tienen descontado el diputado que pierden en Soria y que pasarán a repartirse los dos electos para el Congreso con el PSOE, de forma que el pronóstico secreto es el empate a uno.
La cosa es diferente en A Coruña, donde si se aplica el reparto electoral del 2004, el PSOE será quien tenga que restarse el escaño menos que le corresponde a la ciudad gallega, mientras que si se traslada la asignación a Alicante, el nuevo escaño de la provincia levantina será para el PSOE y lo mismo ocurre con el diputado número nueve, que le corresponderá a Murcia, que debería de ser para el PSOE. Sin embargo, el escaño de menos que hay en Vizcaya, o los hombres de Patxi López lo hacen allí de miedo, o perderán un diputado, que es lo que les pasa ahora si se les aplica el resultado del 2004. En Toledo, donde los cinco escaños del 2004 se reparten así: tres el PP y dos al PSOE, las cuentas trasladadas ahora le dan el escaño a los socialistas, así que la antigua capital pasaría a tener tres diputados para cada uno de los dos grandes partidos.
Otro punto de morbo se cierne sobre los 35 escaños que tiene Madrid, donde IU conserva dos diputados y socialistas y populares van a partirse la cara por robarles uno cada uno. ¿Cómo? Sencillamente, y con los datos del CIS en la mano, con un deslazamiento de votos del centro-socialista al centro-derecha y de IU al PSOE. El caso es dejar a Gaspar Llamazares en bolas.
Casi desnudos se pueden encontrar los representantes de Esquerra Republicana en Catalunya. Todos los gurús de sondeos pronostican que "ni de coña" --frase textual de más de uno-- el partido de Carod Rovira y Puigcercós va a sacar otra vez ocho escaños, que se irán para el PSOE y dudosamente, para el PP.
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A la 'excelencia general' entre los medios grandes en lengua no inglesa.
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La comunicación es gestión de expectativas. En todos los sentidos. En todos los ámbitos. Desde las expectativas generadas por la elección de Obama y la dificultad de contentar a todos a lo que ocurre en la Champions. Dar una salida efectiva a esas expectativas, no es fácil. No es fácil dar con el tono, con la forma adecuada de generar optimismo, sensatez y seguridad al mismo tiempo. Aunque la experiencia de Guardiola pueda darnos algunas claves.
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Frank Luntz, el consultor político norteamericano que es un experto en el uso del lenguaje, usó como subtítulo de su libro más famoso una frase que es demoledora: no es lo que dices, es lo que la gente oye. Luntz constata algo muy cierto: en política, como en cualquier otro campo, cuando comunicamos lo hacemos para que alguien reciba el mensaje. Personas que, por sus motivaciones, reciben el mensaje de una forma distinta unos de otros. Pero es en política donde esta diferente sintonía del receptor toma una mayor importancia.
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