SANTIAGO DE CHILE.- Santiago amanece soleada esta mañana. Soleada y ruidosa, porque la capital chilena tiene cerca de seis millones de habitantes y es una ciudad ruidosa, con un tráfico que no para, prácticamente día y noche. Pero hoy no es un día cualquiera: es 11 de septiembre y se cumplen 35 años del golpe de Estado de Pinochet. Habrá disturbios, se recordará a Allende, la Moneda será el centro de atención una vez más y los jóvenes tirarán piedras a la policía (los «carabineros», popularmente conocidos como «pacos»).
Los jóvenes chilenos hablan de su situación actual.
Han pasado 35 años desde aquella fatídica fecha que cambió la vida de un país que presumía de ser la democracia más estable de Latinoamérica. ¿Pero qué ha cambiado desde entonces? Además de las estupendas cifras macroeconómicas y del ego de los políticos que dirigen el país por un camino que consideran directo al desarrollo, lo cierto es que ya hay una generación de gente joven que ha nacido en democracia, o en los últimos años de la dictadura, y que poco se involucra con lo que ocurrió entonces.
Diego tiene 22 años y, para él, "la época de dictadura es demasiado cercana como para tener un interés histórico sobre ella. No puedo medir la influencia que tiene sobre la vida que vivo hoy. Me siento parte de una generación como en el limbo entre el desconcierto y la incredulidad sobre esa época."
Diego pertenece precisamente a una nueva generación por la cual se obtiene un pulso distinto del país. Un pulso bastante crítico, por cierto.
Para los jóvenes chilenos, su país es (por este orden) consumista, democrático, clasista y moderno, pero también inseguro, sin igualdad de oportunidades e individualista. Son datos oficiales, de la Encuesta Nacional de Juventud, que realiza cada dos años el Gobierno. Datos que hablan de unos cuatro millones de jóvenes (un cuarto de la población, si consideramos que Chile tiene 16 millones de habitantes), principalmente urbanos (cuatro de cada 10 viven en la capital), y con estudios secundarios en su mayoría (un 65%).
Camila Godoy es estudiante universitaria, tiene 20 años y para ella está muy claro. Ella califica a la sociedad chilena de "extraviada, materialista, individualista, machista y discriminadora". Para esta universitaria, "Chile vive una vida que no le pertenece. Vivimos cada día valores heredados por la dictadura, nos preocupamos más por lo que le pasa a la modelo de la tele, en vez de lo que le pasa al vecino".
Este nuevo chileno del siglo XXI tampoco va a votar, un derecho por el que lucharon muchos de sus padres en tiempos de Pinochet. Las cifras cantan: hay más de tres millones de jóvenes con derecho a sufragio, y sólo se inscribe en el registro electoral (obligatorio para poder votar) un 8% de ellos. La mitad de los encuestados no se identifica con ninguna opción política. ¿Qué falla? "Creo que a la mayoría le interesa la política, pero no los políticos y esa cosa sucia en la cual se ha transformado hacer política", apunta Camila. "No nos interesa la política porque ésta se ha encargado de sacarnos de la ecuación. Nos sentimos desarraigados del sistema político, y de ese modo, preferimos pensar en nuestros pequeños problemas antes que en discusiones elitistas que nos son ajenas", opina Diego.
Porque para nada da la impresión de que Chile sea hoy un país que prefiere "no significarse". No es eso: el chileno adora criticar a su clase política, habla mucho de ella en la mesa, en la comida diaria y, si no, ahí va un ejemplo: uno de los programas más vistos de la TV, en horario ‘prime time’ del domingo, es una tertulia sobre política (nacional e internacional), que está en antena desde hace cerca de diez años (ahí es nada). Su nombre es ‘Tolerancia Cero' y se compone de cuatro periodistas renombrados que hablan durante horas de cuestiones políticas. No tiene una puesta en escena espectacular ni ellos son precisamente jóvenes o guapos, pero familias enteras se reúnen a verlos y figura como uno de los programas mejor valorados año tras año, también entre quienes tienen entre 15 y 35 años. Y ahora un canal por cable (Canal 13) propone hacer un programa específico para este sector de la población, una especie de ‘Tolerancia Cero’ sub’ 35 (así lo llaman en los medios), que se llama ‘Chile sin corbata’, donde jóvenes políticos de distintas tendencias debaten en TV sobre cuestiones de actualidad. Pero parece que ‘la calle’ va por otro lado.
Chile recuerda a Salvador Allende... ¿o no?
Porque interesar, como decimos, interesa la política, pero a su manera: ahí están las manifestaciones de estudiantes universitarios y de Secundaria contra la nueva ley de Educación. "La juventud chilena", opina Camila, "se está rebelando al patrón que los medios han querido mostrar, a ese supuesto joven que pasa de su entorno, para transformarse en un sujeto que hoy busca vías alternativas al sistema". Para David González, de 30 años y profesor en un colegio, "mientras más jóvenes son, más les interesa la política, porque son más conscientes de sus derechos. Al nacer y crecer en plena democracia, no tienen miedo y se involucran activamente, como demuestra el movimiento estudiantil", apunta.
Chile es uno de los países con mayor desigualdad del mundo (el segundo tras Brasil, según el Banco Mundial) y eso se nota también en la forma de vida de los jóvenes. Hay una brecha entre unos y otros. La propia Santiago se divide en "de Plaza Italia para arriba y Plaza Italia para abajo", en clara referencia al sector 'bien' y el que no lo es. Hay una parte de jóvenes chilenos que goza de poder adquisitivo, tiene tiempo para el ocio, vive con sus padres e invierte tiempo y dinero en estudiar para ser un 'adulto exitoso'. En este sector ('Plaza Italia para arriba'), los hay que disponen de hasta unos 150 euros al mes para sus gastos, según una encuesta reciente. Es una señora cifra, si consideramos que en Chile el sueldo mínimo es de 200 euros. Pero enfrente se halla esa otra mitad de jóvenes: esos de estratos medios y bajos, que no tienen dinero ni para el consumo, ni para el ocio, ni para el tiempo libre. Se calcula que son dos de cada tres.
David lo explica así: "La sociedad chilena está muy estratificada socialmente. Por un lado tenemos a los jóvenes cuicos (pijos) o adinerados, con un perfil cosmopolita, competitivo y lleno de perspectivas; por otro, los jóvenes esforzados de clase media; por otro, los jóvenes de estratos populares que buscan levantar a su comunidad; y por último, a los jóvenes marginales que viven en una cultura más underground". Todos son sin duda Chile de hoy, la cuestión es dónde se cruzarán para construir el de mañana.
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