MADRID.- Decidieron abandonar sus países, sus familias, sus proyectos de vida por embarcarse en una guerra que consideraban suya, aunque hubiera estallado a miles de kilómetros. Los brigadistas internacionales vinieron a España tras la sublevación del 18 de julio de 1936 para luchar por la democracia. Sin embargo, los supervivientes no fueron recibidos en sus países como héroes de guerra, sino como traidores, sospechosos o extremistas. Lucharon por la libertad de otra patria que no era la suya y se quedaron sin el reconocimiento de la propia.
Abe Osheroff, brigadista americano de la Lincoln.
El pasado viernes, el Consejo de Ministros daba el primer paso para que los brigadistas que combatieron en favor de la legalidad de la II República puedan recibir la nacionalidad española sin que tengan que renunciar a la propia, tal y como les exigía la ley de 1996. "Demasiado tarde", opinan las asociaciones vinculadas a estos voluntarios. De los aproximadamente 35.000 brigadistas que acudieron a España entre los octubres del 36 y el 38, sólo quedarán vivos poco más de 200, "y son muchos menos los que, por su avanzada edad, están en condiciones de hacer los trámites", apunta Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).
"Es una cuestión de urgencia", advierte Ana Pérez, presidenta de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales, quien recuerda que en el último año han fallecido numerosos brigadistas, entre ellos, históricos como Milton Wolff y el español Matías Arranz . "Para muchos, la nacionalización va mucho más allá del afecto por España", explica Ana Pérez. "Para ellos, nuestro país ha sido como su segunda patria. Arriesgaron su vida -un tercio de ellos murió en la contienda-, dejaron a sus familias, sus trabajos y estudios en la defensa de la democracia. La mayoría coincide en considerar aquella etapa de sus vidas como la más noble y coherente con sus ideas".
Además, detrás de este reconocimiento está la historia de un olvido. "La medida es un síntoma de lo tarde que se han hecho las cosas en España en todo lo que se refiere a la guerra y el franquismo", apunta Silva. No fue hasta el año 1996 (veinte años después de la muerte del dictador) cuando el Parlamento reconoció la labor en defensa de la legalidad de estos voluntarios extranjeros. Y fue a partir de entonces, cuando sus países de origen comenzaron a darles la misma consideración que la que venían recibiendo los veteranos de la II Guerra Mundial.
Para Peter N. Carroll, jefe de Archivos de la Brigada Abraham Lincoln (ALBA), que integró al grueso de los casi 3.000 brigadistas norteamericanos que combatieron en España, la decisión del Ejecutivo de Zapatero supone "un excelente gesto de agradecimiento" para esas personas, que contrasta con la actitud de su Gobierno nacional. Y es que para muchos estadounidenses, el único brigadista heróico fue Rick Blaine, protagonista de 'Casablanca' (aunque los españoles ignoraran este detalle del personaje de Humphrey Bogart durante décadas). "Las distintas Administraciones les han tenido por extremistas, conocidos como 'prematuros antifascistas', a los que no se ha reconocido la validez de sus esfuerzos para salvar a la II República", lamenta Carroll, profesor y autor de 'La Odisea de la Abraham Lincoln' (Renacimiento).
Milton Wolff, último comandante de la Guerra Civil española del legendario Batallón Abraham Lincoln
"Para el presidente Reagan, 'todos habían sido valientes, pero combatieron en el lado equivocado'", recuerda Ana Pérez. Olvido, desprecio y persecución fue lo que se encontraron los supervivientes que regresaron a sus países de origen, después de combatir en la Guerra Civil, sufrir el exilio, enfrentarse en la II Guerra Mundial, pasar por los campos de concentración y padecer después la Guerra Fría." En Suiza, directamente los metieron en la cárcel por servir a un ejército extranjero, y a día de hoy todavía no se ha rehabilitado su memoria -a excepción del cantón de Ginebra- y no cobran pensiones, como sí hacen los que colaboraron con las SS nazis". Incluso en la URSS, el estalinismo les recibió "con la sombra de la sospecha", y en décadas posteriores sufrieron purgas en Checoslovaquia o la Alemania Oriental, y quedaron desprotegidos de sus "míseras pensiones" tras la caída del Muro de Berlín.
"Sólo en Italia, desde un primer momento, se les dispensó un trato correcto", según Pérez. En Francia, Alemania o Reino Unido no se les tributó los honores con los que fueron tratados los combatientes de la guerra mundial. Fue necesario el reconocimiento español de 1996 para que comenzaran los homenajes y las prestaciones sociales. En el caso británico, sólo con los últimos gobiernos laboristas de Blair y Brown, "se han reconocido la valentía y el sacrificio" de los brigadistas, "aunque la gente, en especial las clases trabajadoras, siempre les han apoyado y se han sentido orgullosos de las acciones" de esos cerca de 2.300 brigadistas británicos, según explica a soitu.es Marlene Sidaway, secretaria de International Brigade Memorial Trust (IBMT ) y conocida actriz de televisión y teatro.
Aunque los brigadistas norteamericanos (30), británicos (8) y franceses (5 ó 6) que aun viven "estarían orgullosos de recibir el honor" de ser considerados españoles, tanto Carroll como Sidaway reconocen que "será muy difícil" que puedan hacer los trámites. "Por eso hemos pedido al Ministerio de Justicia que simplifique al máximo el proceso", apunta Ana Pérez, quien ha encontrado una "enorme sensibilidad" en la vicepresidenta primera Fernández de la Vega con este tema. Eso sí, una veintena de brigadistas estarán a finales de este mes en Barcelona y Sitges en los actos de homenaje del 70º aniversario de su partida. Aquel día, con voz inquebrantable, Dolores Ibarruri 'La Pasionaria' les despidió con un "Caballeros de la libertad del mundo: ¡Buen camino!". Un camino que algunos podrán terminar siendo españoles.
*[Las fotografías de este reportaje son imágenes inéditas de Sofía Moro, excepto las antiguas, que fueron cedidas por familiares a la fotógrafa. Todas ellas formarán parte de un libro sobre los brigadistas.]
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