Hace sólo cuatro meses que ocupaba día sí y día también las portadas de los periódicos, pero hoy parece completamente olvidada. Engullida por la crisis financiera, las noticias desde Wall Street han retirado la crisis alimentaria de la actualidad y del debate político y público. ¿Qué fue de aquel 'tsunami silencioso' que hacía peligrar la vida de cien millones de personas? ¿Ha mejorado algo la situación en estos meses?
Olivier Longué, en el documental 854.
La respuesta de Olivier Longué, director general de Acción contra el Hambre, es tajante: "Todo lo contrario, la crisis financiera ha tenido un gran impacto negativo en la crisis alimentaria", afirma. Mientras otros achacan la culpa del alza en el precio de los alimentos a la creciente demanda en países emergentes como India y China o al efecto de los biocarburantes, Acción contra el Hambre siempre ha mantenido la tesis de que es la especulación financiera la gran responsable de que los precios se inflen.
Huidos del mercado inmobiliario a causa del estallido de la burbuja 'subprime', los fondos de inversión se han lanzado al mercado de futuros de productos agrícolas, creando una escasez artificial que ha acabado provocando una subida de precios. Para Acción contra el Hambre estas inversiones en materias primas son responsables en un 40 por ciento de la tendencia alcista en los cereales. "La especulación es lo único que explica que productos como el arroz, el cereal que a más personas alimenta en el mundo y que no se emplea para biocarburantes, haya subido tanto", señala Longué. "Se comercia con alimentos con el mismo afán especulador que si fueran oro o diamantes", añade.
Alicia Langreo, especialista de una consultora en temas de agricultura y alimentación, cree sin embargo que la especulación no juega un papel tan determinante. "El verdadero problema es que países como India y China cambien sus hábitos alimenticios y comiencen a consumir carne". Y es que para producir un kilogramo de carne se requieren ocho de cereal. Sin embargo, según Longué, aunque este factor y el uso de biocarburantes contribuyan a empeorar la situación, el año pasado se obtuvieron cosechas "record" suficientes para dar de comer a todos los habitantes del planeta.
En cualquier caso, se mire por donde se mire, las previsiones de futuro siguen siendo nefastas: los precios agrícolas se encarecerán entre un 20 y un 80 por ciento en la próxima década. La FAO ha advertido de los efectos funestos que podría tener un recorte de los créditos y las ayudas al desarrollo derivado de la difícil situación económica de los países ricos.
Según este organismo, la crisis alimentaria ha dejado, sólo en 2007, 75 millones de personas más sumidas en el hambre. Hoy son 973 millones, pero, según Longué, "nos persigue el fantasma de que pronto haya 1000 millones de seres humanos que sufran hambre". Langreo también ve con pesimismo el horizonte a medio plazo. "Todo está subiendo muy deprisa, pero mientras que en Europa destinamos alrededor de un 20 por ciento de nuestra renta en alimentos, en algunos países africanos se gasta un 92", indica.
Precisamente para recordar que, lejos de mejorar, el problema empeora, Acción contra el Hambre presentó ayer el documental '854', que narra el drama de los campesinos que no disponen de cereales suficientes para alimentarse y que se ven obligados a comprarlos en el mercado a un precio muy superior al real. Si el panorama es entonces tan sombrío, ¿por qué nos hemos olvidado tan pronto de la crisis alimentaria? "La disminución del precio del petróleo ha dado un respiro a los productores y los precios de los cereales se han corregido, pero no han vuelto a los niveles normales", explica Longué.
Con los datos en la mano, parece que la situación alimentaria ha empeorado desde que en junio la cumbre de la FAO en Roma la tratara. Las soluciones, eso sí, siguen siendo las mismas: recuperar los stocks y las reservas de cereales de los países más pobres para asegurar su seguridad alimentaria, afrontar una "segunda revolución verde" que lleve la innovación tecnológica a los sistemas agrícolas menos desarrollados, la reorientación de la economía de algunos países hacia modelos menos exportadores, el fin del monopolio de las semillas mejoradas por parte de grandes compañías o algo que últimamente hemos oído mucho a propósito de la crisis financiera: la puesta en marcha de mecanismos de control de los mercados.
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