Valencia.- Quince años ininterrumpidos de música en directo y un ambiente playero y festivo han hecho que el Festival Internacional de Benicàssim, aparentemente ajeno a crisis económicas y discográficas, vaya a batir la próxima semana su propio récord de asistencia con un cartel que intenta recuperar al público español.
La cantante y compositora Christina Rosenvinge será uno de los artistas españoles que actúen en el FIB. EFE/Archivo
Aunque los sonidos anglosajones seguirán dominando los escenarios del recinto del FIB Heineken, con Oasis, The Killers, Franz Ferdinand y Kings of Leon como cabezas de cartel, la organización del festival veraniego más consolidado de España ha decidido dar un giro hacia el "fiber" nacional, relegado en los últimos años ante la imparable llegada de espectadores europeos, sobre todo británicos.
Así, la apuesta por grupos y solistas españoles es posiblemente la más representativa desde las ediciones de un entonces incipiente festival que promocionaba grupos de sellos independientes nacionales y los acompañaba con destacados nombres de la aún poco comercial escena alternativa ("indie") extranjera.
Esa tendencia comenzó a cambiar cuando el éxito del FIB sobrepasó fronteras y su creciente repercusión mediática permitió fichar a grandes reclamos, como Bjork, Sonic Youth, Massive Attack, Oasis o Pulp. En 2002 llegaron Radiohead y The Cure y entonces se tocó techo, con récord de público y la sensación de que aquel humilde proyecto inicial había desembocado en una gran marca comercial de alcance europeo.
Desde aquel año, la organización se propuso dar el salto cualitativo y mejorar tanto en infraestructuras del recinto como en promoción internacional, fichando además a artistas y grupos impensables hasta entonces, desde Leonard Cohen a Lou Reed pasando por Morrissey, Nick Cave, Kraftwerk, Depeche Mode, My bloody Valentine o Wilco.
Pero la música española iba paulatinamente perdiendo peso y salvo el valor seguro de Los Planetas -que este año regresan al FIB, aun sin disco nuevo-, la cada vez más escasa nómina de nombres patrios quedaba relegada a los escenarios "menores". El "fiber" español no dejó nunca de disfrutar pero se acostumbró a oír hablar y cantar en inglés por todas partes.
Este año, la organización pretende recuperar tanto la oferta nacional de calidad -con Christina Rosenvinge, La bien querida, Nacho Vegas, Fangoria, We are Standard, Cooper, Josele Santiago, Javier Corcobado, Russian Red, The Unfinished Simpathy o Flow- como al público español, del que prevé sea más abundante que otras ediciones.
El éxito está asegurado pues los abonos y las entradas se agotaron en mayo y se espera que este año se superen, entre el jueves y el domingo próximos, las 200.000 personas, unas 52.000 más que en 2008, que aparte del centenar de conciertos y sesiones de DJ podrán disfrutar de actividades relacionadas con la moda, el cine, el arte y el medio ambiente. Y por supuesto, de la playas.
El impacto económico del FIB Heineken en Benicàssim alcanzó el año pasado los catorce millones de euros y todas las instituciones públicas implicadas siguen apostando por este festival como una de las mejores promociones turísticas que puede tener la Costa Azahar.
A partir del lunes comenzarán a llegar los primeros "fibers" para tomar las distintas zonas de acampada, ampliadas este año hasta los 200.000 metros cuadrados, mientras 800 guardias civiles velarán para que conciertos como los de Paul Weller, Gang of Four, Glasvegas, The Horrors, Mäximo Park, Peter Doherty, DJ Hell o TV on the radio resuenen sin problemas por toda la comarca, convertida durante cuatro días en capital europea de la música alternativa.
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