NUEVA YORK.- Hoy nos adentramos en un altísimo edificio de oficinas de Lower Manhattan, de esos que albergan compañías con nombres tan redondos como 'New Haven Power Supply' o 'Eternal Morning Electric Co.', y en el que te recibe un portero de uniforme y gigantesco, con cara de estar planteándose si abrir la puerta o convertir con sus manos el ascensor en una figura diminuta con forma de cenicero. Allí nos encontramos con el gran Grappone.
Grappone y su colección de vinilos.
Una vez que uno se planta delante de Charlie Grappone, con su perilla mosquetera y sus aires de padrino, es muy difícil imaginar a aquel joven que a los 27 años decidió abrir una tienda de música rock. Era el año 1978, el mismo en que Blondie publicaba 'Parallel lines', y Charlie, tal vez con tupé y embutido en una cazadora de cuero, abría las puertas de Vinyl Mania (nótese lo complicado de su pronunciación, que es algo así como veinilmeinia).
La intención original, pues, era hacerse un hueco en la escena del rock neoyorquino. Sin embargo, todo cambió a partir del momento en que un grupo de muchachos estrafalarios —pongamos que con pupilas dilatadas— se acercaba cada mañana de sábado para preguntarle si vendía alguna de las canciones que pinchaban en la discoteca de al lado.
Esa discoteca resultó ser la mítica Paradise Garage, pionera en casi todo: lugar de desembarco de la música house en Nueva York, uno de los primeros espacios que entronizaron la figura del dj, y uno de los principales escenarios a través de los cuales la cultura gay entró a formar parte del circuito comercial estadounidense.
"Si me hubieses hablado en los años setenta sobre house, te habría tomado por loco. Pero entonces asistí al desembarco de este estilo de música, decidí meterme en el mundillo y la verdad es que aprendí a disfrutarlo. Sencillamente, estaba en el lugar y en el momento adecuados, y eso cambió mi vida entera", nos dice Grappone.
Y es que, además de convertirse en tienda de cabecera para djs como Larry Levan y David Morales, Vinyl Mania supuso un cambio radical en la trayectoria personal de su dueño: "Yo había crecido en Brooklyn, una zona de la ciudad mayoritariamente blanca y heterosexual. Y, de repente, me vi en el epicentro de una escena compuesta fundamentalmente por gente negra y homosexual. La experiencia fue increíble y supuso un cambio radical para mí", recuerda el protagonista de esta historia.
Se pueden hacer mil elucubraciones sobre qué ocurre cuando una tienda de discos echa el cerrojo. María Sánchez está convencida de que cada vez que esto sucede un ángel deja de tocar su arpa. Mientras, Álvaro Llorca cree que cada vez que se cierra un almacén de música se abre una tienda china de alimentación. Sea como sea, esto no nos resuelve un problema mucho más terrenal: ¿Qué ocurre con todos los discos que no llegaron a venderse y yacen almacenados en repisas olvidadas?
La mítica Paradise Garage.
A Charlie Grappone también le llegó el turno de clausurar Vinyl Mania, allá por marzo de 2007. Y, antes de que el polvo se apoderase de su colección de discos, se puso en contacto con una distribuidora, Downtown 161, que ahora le cede algo de espacio todos los miércoles para celebrar una especie de mercadillo transitado en exclusiva por personas con auriculares como cacerolas, ya sean coleccionistas o viejos clientes que se niegan a perder el contacto humano con Charlie.
Y existen otros casos documentados que recuerdan al de Charlie. Hay al menos un par de personas en Nueva York que, tras cerrar sus respectivas tiendas, Midnight Records y Jammyland, se llevaron todo el stock a casa y ahora reciben en su domicilio a todo aquel que siga interesado.
Esta situación nos invita a un nuevo escenario: las tiendas de discos siguen ahí, aunque se han desplazado a un ámbito mucho más privado. Así que, si algún día encuentras a tu vecino en pleno trajín de vinilos, ya puedes descartar que sea víctima de un síndrome de Diógenes unido a un cuadro de melomanía. Tal vez sencillamente se haya inaugurado una nueva tienda de discos en la puerta de enfrente.
Pero Grappone no se limita a su mercadillo de cada miércoles, sino que también está trabajando mucho en la alternativa tecnológica: "Cuando empezaron a venderse discos a través de Internet me pareció algo verdaderamente terrible —comenta—, pues esa gente se estaba ahorrando todo el dinero que yo, al regentar una tienda, me gastaba en impuestos, en alquiler y en seguro. Pero bueno, si no puedes con ellos, únete a ellos".
Y ahora Grappone lo primero que hace cada mañana nada más levantarse es comprobar si ha colocado a través de eBay alguno de sus viejos vinilos, como aquel día en que se dio cuenta de que alguien, quién sabe si un productor tokiota de música electrónica o un profesor de dibujo técnico en una florida isla francesa, decidió hacerse con un disco añejo que había sido incapaz de vender durante prácticamente los 29 años que estuvo al frente de Vinyl Mania.
Como hemos hecho hasta ahora con cada uno de nuestros entrevistados, le pedimos a Charlie Grappone una selección de canciones útiles para definir sus gustos musicales. En este caso, su selección se enmarca en el estilo que él mismo califica, de una forma en la que se le llena la boca cada vez que lo pronuncia, soulful house. Un estilo que en la actualidad tiene como mejores exponentes a djs como Danny Krivit o Little Louie Vega. Y, sin más, ésta es la lista del sonido Grappone:
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