Esta sociedad padece el síndrome del síndrome. La tendencia a psiquiatrizar todo ha provocado que en un mes hayamos sufrido síndrome postolímpico, síndrome de adicción al bronceado (tanorexia), síndrome aéreo, síndrome postvacacional, síndrome de vuelta al cole... los psicólogos echan la culpa a la prensa mientras en la calle se parodia la 'sindromitis'.
¿Quién no se estresa con el regreso?
El síndrome postvacacional se le debió de ocurrir a algún periodista, me comenta con sorna el psiquiatra clínico Benito Peral, hablando sobre la exagerada utilización de etiquetas científicas y psiquiátricas con que nos empeñamos en restar naturalidad a hechos que se encuandran dentro de la normalidad. "La espontaneidad está perdiendo terreno frente a la artificialidad. La sociedad está empeñada en dar una razón científica a todo. 'Ciencia es un lenguaje bien hecho', dijo el epidemiólogo Condillac. O sea que convertir algo en especial por medio de la terminología no es tan complicado", asegura el psiquiatra.
En la carnicería una señora de 70 y tantos comentaba exultante de sabiduría popular: "Resulta que tienen trabajo, se han podido ir de vacaciones, a pesar de la crisis, con su familia, y en lugar de estar contentos les da un yuyu. Yo la verdad, es que no lo entiendo". El diario El País en su edición del domingo 31 de agosto no compartía la opinión de esta señora, pues dedicaba cuatro artículos distintos al tema de la vuelta al trabajo. Un editorial, la opinión de Benjamín Prado en la sección de Madrid, un extenso reportaje en el suplemento Domingo y otro igual de amplio en el EPS, estos dos últimos con consejos para superar el regreso vacacional.
Tanto síndrome por aquí y por allá contribuye a convertir el asunto en un hecho parodiable más que en una patología de alcance universal. Con el curso a punto de comenzar, las etiquetas aparecen de nuevo. El síndrome de vuelta al cole, la fobia escolar o el síndrome de vuelta a la normalidad y el síndrome del profesor quemado ocupan cientos de páginas especializadas en internet y en los medios convencionales."Cualquier situación de cambio, aunque sea para bien, no nos olvidemos del denominado estrés vacacional, puede producir en personas vulnerables una bajada del estado de ánimo, pero el esfuerzo que supone la adaptación a la nueva realidad no tiene por qué ser negativo", apunta Peral.
Superada ya la crisis tras el término de los Juegos y el consiguiente enganche televisivo, el lógico miedo a volar consecuencia del accidente de Spanair, que se han empeñado en calificar de síndrome aéreo y tras tener que acatar las órdenes de un jefe cuando durante unas semanas te olvidaste de su existencia, parece que necesitamos nuevos síndromes con los que sentirnos diferentes y únicos en nuestra especie. Yo, por si acaso, me voy a ir cogiendo la baja antes de que me afecte alguno de los múltiples síndromes que andan por ahí sueltos. Seguro que tú padeces alguno que aún no ha sido detectado. Confiésalo y apúntate un tanto en originalidad.
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Soitu.es se despide 22 meses después de iniciar su andadura en la Red. Con tristeza pero con mucha gratitud a todos vosotros.
Fuimos a EEUU a probar su tren. Aquí están las conclusiones. Mal, mal...
Algunos países ven esta práctica más cerca del soborno.
A la 'excelencia general' entre los medios grandes en lengua no inglesa.
Blanco aplica además lo que tan bien resume Luntz: no es lo que dices, es lo que la gente oye. O en este caso, no es lo que haces, es lo que la gente ve que haces. Y ante una huelga encubierta cuando todos deseamos ir de viaje durante nuestras vacaciones, nos es muy fácil ponernos en la piel del ministro y apoyarle. Aunque los controladores digan que su propuesta no es viable.
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Ni Zapatero convenció ni Rajoy arrasó. Ambos desaprovecharon sus oportunidades. El presidente podría haber hecho de su intervención un acto de sinceridad, de desgranar el porqué de tantas decisiones, devaneos e improvisaciones. No lo hizo. Al contrario, su discurso no terminó de entusiasmar aunque lo estructuró, preparó e incluso se permitió el lujo de darse a la poesía y a la motivación. Pero no convenció (¿será que el problema es el mensajero?)
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